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por Marta Márquez

¿Madres al fin y al cabo?

Febrero 2011

 

Llevo unos cuantos días pensando en mi tema del mes de febrero y nada: mente en blanco. Lo cual me ha llevado a pensar si realmente somos distintas a las madres heterosexuales, si nuestros problemas son distintos a los suyos o si los niños tienen otras necesidades.

Un poco de reflexión me hace no poder posicionarme en ningún lado de la balanza. Por un lado (mi lado activista más reivindicativo) estoy convencida de que criar a nuestros hijos amando nosotras a una mujer nos hace diferentes. Tenemos que estar dispuestas a exponer nuestra sexualidad en el momento en que decidimos ser madres. Además de tener que preocuparnos por la aceptación de nuestros hijos en un medio “hostil” como es el colegio y, por supuesto, ni nosotras ni nuestros hijos tenemos los mismos derechos que los niños de parejas heterosexuales. Y por eso sí que no paso. Los derechos son algo primordial del ser humano, y más en el siglo XXI. Es inconcebible que un hombre y una mujer que no se conocen de nada puedan acordar criar a un niño juntos y sin ningún papel de por medio, que ese niño tenga todos los derechos de los que serán su padre y su madre y nuestros hijos e hijas tengan que sufrir el desamparo de la Ley sólo porque sus madres no están casadas y quizá ni quieran estarlo.

¿A quién hay que recurrir? ¿Qué clase de cabeza pensante puede creer que somos ciudadanas de segunda clase? ¿Acaso tengo que pagar un impuesto revolucionario en mi Declaración de la Renta para optar a los derechos que, como ciudadana de este país, me corresponden? (mejor no doy ideas, ¿no?) Pero por otra parte, al final nuestros hijos son iguales al resto de los niños del mundo, tienen los mismos problemas (o casi) que el resto de los niños, sean del país, color, religión que sean: lloran, no comen, enferman, se caen, suspenden, nos odian, nos quieren… Las madres de todo el mundo nos preocupamos por que nuestros hijos, cuando son bebés, coman a sus horas; si lloran saber porqué, si se ponen enfermos sufrimos hasta que sanan. Cuando son más mayores queremos que se junten con buenas compañías y que saquen buenas notas, que estudien una carrera o se labren un buen futuro.

Haciendo balance de lo expuesto, después de releerlo un par de veces, creo que voy a inclinarme hacia el lado activista de la balanza. Nuestros niños y niñas aparentemente son iguales que el resto, pero tienen circunstancias que les hacen distintos. Al igual que un niño con una discapacidad, una niña con una enfermedad temporal, al igual que uno superdotado, si tiene el apoyo de asociaciones, de revistas y publicaciones, artículos, etc. nosotras tendremos más empeño y más conocimientos para transmitirles la seguridad que necesitan y ellos se sentirán mucho más seguros para contestar a las preguntas que les puedan hacer el resto de sus compañeros y amigos.

El futuro de esta columna está en vuestras manos. ¿Qué temas creéis importantes desarrollar o investigar?

Os dejo unas muestras de familias para que vosotras mismas juzgueis si somos iguales o no.

Más información:

http://www.felgtb.com/familiarizate/

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