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por Marta Márquez

"No vas a volver a ver a tus hijos nunca"

Noviembre 2010

 

¿Con qué cara te quedas cuando la que hasta hace poco era tu mujer te suelta esta lindeza? Os enamoráis, os vais a vivir juntas y todo va genial. No necesitáis casaros porque es un mero trámite burocrático y vosotras os queréis muchísimo. Pero…

¡Qué bonito es el amor!
Piensas que estarás con esa persona para siempre y haces planes de futuro. Después de 15 años de relación muchos de esos planes, probablemente, se habrán hecho realidad, incluidos los hijos.

Cuando nacieron no había ley de matrimonios homosexuales, así que no fue posible pasar por la “vicaría” y por ello, evidentemente, los niños no están filiados a nombre de las dos mamás. Por si no lo sabéis, después de aprobada la Ley 13/2005, podéis casaros y legalizar la situación de los niños solicitando la adopción de estos por parte de la otra mamá. Es más costoso, sí. Hay más papeleo, sí. Pero que legalmente será hijo de la dos y os evitará problemas, también. Y eso es lo que muchas mujeres, hoy en día, todavía no quieren ver. Que el amor es maravilloso pero que, lamentablemente, se acaba. Y no sólo eso, sino que en algunos casos se llega al odio de manera casi inmediata, e inevitablemente sufren los niños y la mamá menos afortunada legalmente.

La mamá legal tiende a pensar que los niños son suyos por derecho y que, además, nadie como ella para cuidarlos bien. Esto es el mundialmente conocido “título del canal de parto”. Esta titulación se da en el momento del parto, tanto a mujeres lesbianas como heterosexuales, y otorga las bondades de ser madre; y tú, pobre amiga, como no has parido no sabes ser madre, así que “los niños para mí”.

Para la Ley tú no eres nadie en la vida de ese niño/a. Así que, aunque te mueres por estar con tus hijos, tienes que conformarte con lo que tu ex, buenamente, quiera darte.

¿Debemos conformarnos? ¿Qué hacer?

Evidentemente no. Hay que luchar siempre. La derrota sólo existe si no se persigue lo que se quiere. Primero tenemos que pensar en el daño psicológico que esta situación puede causar a nuestros hijos. Creo que no somos conscientes de que, por un lado, la madre legal está haciendo desaparecer a la otra, y de que por otro, la madre no legal lo está permitiendo. Nuestros niños han crecido en un ambiente familiar formado por dos personas que les han apoyado y querido y han cubierto todas sus necesidades y ahora, sin más, pierden a una. No es un divorcio, es un duelo. Es perder a una madre, se quedan huérfanos. Así que tenemos que luchar. Como decidió hacer Empar Broch, pionera en obtener una sentencia a favor como allegada. Con palabras de Lydia Garrido, periodista de El País, “asimila el derecho de Empar sobre la menor a cualquier relación paternofilial. Es decir, la reconoce como madre aunque nunca haya constado como tal.” 1

No podemos permitir que ningún niño tenga que contestar a un perito lo que contestó la hija de Empar cuando le preguntó sobre ésta: “Es una mamá que tenía pero ya no tengo”. Pensemos en nuestros hijos y en su futuro. En su estabilidad emocional. No somos quién para mermar sus derechos. La mejor solución sería igualar, realmente, nuestros derechos (colectivo LGTBI) a los de los heterosexuales en esta materia. Pero mientras el Gobierno se pone las pilas lo mejor es casarse y dar nuestros apellidos a los niños para después podernos divorciar “como Dios manda”.

Y puestos a pedir, lo ideal sería la custodia compartida por ambas madres. Que las dos tuvieran el mismo derecho de ver y disfrutar a los niños. Mi total apoyo a la Asociación Custodia Compartida ¡YA! De momento está formada casi en su totalidad por padres separados y heterosexuales y sus familias pero, sin lugar a dudas, estarán encantados de crecer. Dentro de su web explican quiénes son y por qué luchan, pero hay una respuesta a una pregunta frecuente con la que me gustaría terminar:

¿Ir de una casa a otra perjudica a los hijos?

Ningún estudio científico, a nivel mundial, sustenta esa arcaica idea, pero sí existen multitud de ellos que opinan lo contrario (ver Informe Reencuentro en documentación). Es lo más beneficioso para los hijos, pues así se relacionan con sus dos familias extensas de forma completa. Es preciso conseguir que ambas casas las consideren como propias, sin someter a los hijos a cambios de colegio, barrio, ni amigos y haciendo que sienta confianza, apoyo y refugio en cada una de ellas.

Más información:

1.El País
http://www.custodiacompartida.org/

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