
Hace unos meses hablamos sobre cómo se nos trata en la Seguridad Social cuando decidimos ser madres y vimos que dependiendo de la Comunidad Autónoma y del hospital el trato era más o menos igualitario al que ofrecen a las parejas heterosexuales. Dicho artículo me generó la curiosidad de preguntar a todas esas mamás cómo las trataron a la hora de dar a luz.

“Hola, soy Simón y acabo de nacer en la maternidad valenciana Acuario. A mis mamás y a mí nos han tratado súper bien y estamos muy felices de haber elegido este sitio tan bonito y tan respetuoso (esta palabra es de mi mamá, porque yo no sé qué significa) con el parto natural. Fijo que ha costado una pasta, pero todavía no entiendo muy bien cómo va eso de los euros”. Esto es lo que nos relata Simón en el blog en el que es protagonista, junto con sus mamás y su recién llegada hermana Chloe: Ovulín en Chinitilandia. La maternidad privada Acuario es un centro que trata el embarazo y el parto como algo natural y en el que la medicalización sólo se utiliza en los casos necesarios, dejando el resto a la naturaleza con la atenta supervisión, eso sí, del personal sanitario. Mamá Ge y Mamá Lu relatan su experiencia en este centro: “Fue algo inolvidable. Tuvimos todo el apoyo por parte de todo el personal y en ningún momento sentimos discriminación alguna por el hecho de ser lesbianas.”
Claramente, no es lo mismo parir en un hospital público que en uno privado. En el privado pagas directamente y tendemos a creer que por esto nos han de tratar como al Rey Fa en Marbella. Y como el público es “gratis”, pues tenemos que conformarnos con el trato que nos quieran dar, ¿verdad? Sin pretender hacer demagogia, diría que no debemos consentir que se nos trate de manera diferente sólo por el hecho de que nos hayan sangrado el bolsillo previamente. Hay una lucha tremenda por parte del colectivo lésbico por cambiar el trato que recibimos tanto a la hora de solicitar un tratamiento de fertilidad como a la de elegir hospital para tener a nuestros hijos. Se pide un trato igualitario al de las parejas heterosexuales y que haya una normativa que todos los hospitales cumplan; no que sean concesiones a las comunidades autónomas que, dependiendo del partido que las gobierne, sean más favorables o menos.
Casi al mismo tiempo que Simón, nacía Daniel en el hospital público Punta Europa de Algeciras. Pertenece a la Junta de Andalucía y está en la lista de “hospitales amigos del parto respetuoso y la lactancia materna”. Es uno de los pocos hospitales donde respetan tanto a la mamá como al bebé. Buscan posturas cómodas y naturales para que la madre pueda dilatar con el menor dolor posible y así, además, ayudar al bebé a nacer más fácilmente.

Aún con todo esto, a Daniel le costó tanto salir que, aunque en el hospital ayudaron mucho a su mamá Aqua, acabó naciendo por parto instrumentado (con ventosas). Su otra mamá, Lotus, estuvo presente durante todo el proceso. “Al momento de nacer Daniel entró mi mujer y ya después se fue con el nene a la incubadora mientras a mí me ponían los puntos. Del trato del personal no nos podemos quejar. Todo el mundo nos trató genial. Desde Sergio, el matrón, al ginecólogo, pasando por las enfermeras, el pediatra…Y para el papeleo igual. Nunca hemos sentido ninguna discriminación por nuestra condición sexual. Ni en el trabajo, ni en el Gobierno, ni en el hospital. Es más, en Andalucía nosotras no pagamos ni un duro por las inseminaciones y las listas de espera son relativamente cortas”, recuerda Aqua.
Podemos decir que la mayoría de los casos son como el de Simón y Daniel, pero para nuestra suerte y desgracia los hospitales son atendidos por personas de la más diversa opinión y no siempre el respeto es la norma. Todavía quedan personas que se atreven a juzgar si la forma de vivir del resto es o no conveniente. Sobre todo si se vive de manera distinta a la suya propia.

En busca del origen
De este lado tenemos a Abril y a Almu que, no sin todavía cierto resentimiento, comparten con nosotras el que esperaban como el día más feliz de sus vidas. Son las orgullosas mamás de un bomboncito rubio llamado Ada. Habían decidido llevar a cabo un tratamiento hormonal para poder conseguir una lactancia compartida y así poder disfrutar ambas de la experiencia de amamantar a su hija. Pero no fue posible. Y no porque el tratamiento no resultase, sino porque desde el hospital madrileño Corredor del Henares recibieron un trato vejatorio y totalmente discriminatorio. Primeramente no dejaron que Almu estuviese con su mujer durante la dilatación ni durante el parto, y después porque cuando empezaron a colocarse al pecho a la niña para iniciar la lactancia compartida las amenazaron con denunciarlas al Defensor del Menor por, nada más y nada menos que, abusos sexuales a la niña. ¡Increíble! “Fue horrible. Sentí impotencia y rabia. Durante algún tiempo me costaba hablar de mi parto y lo peor es que ni siquiera me atreví a poner una hoja de reclamaciones, ya que soy enfermera y era el hospital que más cerca tenía de casa, y pensé que después de una reclamación nunca me admitirían para trabajar allí. Ahora me arrepiento de no haberlo hecho.”
Quizá nos suenen fuertes las palabras de Abril, pero esto no sólo le ha sucedido a ella. Hay muchas mujeres que esperan vivir su parto como algo especial y en cualquier otro momento de su vida responderían ante este trato, pero en un momento tan delicado para nosotras como es el parto lo más que consiguen es hundirnos y hacernos llorar en vez de dejarnos disfrutar de la llegada de esa pequeña cosita a nuestra familia.
Más información:
1.Maternidad Acuario
Hospitales amigos de los niños (IHAN)
¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.