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”Mamá, creo que me gustan las mujeres”

Este mes nos adentramos en la celebración del Orgullo Gay en Bruselas donde se reúnen personas de todas las edades, las nacionalidades y los géneros. Alzan sus voces al unísono y agitan la bandera del arco iris para conseguir un mundo de visibilidad globalizada y un reconocimiento de los derechos LGTB.

Ser homosexual en Bruselas es casi como no serlo; o lo que es lo mismo, ser heterosexual en esta ciudad es como ser homosexual. Allí todos y todas gozan de los mismo derechos. Bélgica fue el segundo país en legalizar los matrimonios de personas del mismo sexo en 2003. Ese mismo año se aprobaron leyes que protegen a la comunidad gay frente a la discriminación.

La orientación sexual es irrelevante para ingresar en el ejército y el cambio de género está permitido legalmente. Desde 2006 también está permitida la adopción a parejas homosexuales y la fertilización in vitro para las lesbianas.

La comunidad LGTB está socialmente bien aceptada en Bélgica y es una comunidad fuerte, conocida por luchar por sus derechos no sólo dentro de su país, sino en las comunidades que no gozan de la naturalidad de vida que ellos tienen.

Asistir a la manifestación del Orgullo Gay en Bruselas, que antes se llamaba “Sábado Rosa”, llena de esperanza. Las calles se pintan de colores. Personas de todas las edades, las nacionalidades, los géneros y las religiones portan las banderas del arco iris.    La manifestación se expande en el centro de la capital europea, y ciudadanos de todo el mundo se reúnen, sobre todo para mostrar apoyo a aquellos que están en países donde la libertad de ser quien eres es más limitada.

Dos chicas belgas compartieron sus historias e impresiones durante el “Sábado Rosa”.

Ambre Grouwels tiene 18 años, y en septiembre iniciará una carrera en una escuela de Arte de alto prestigio en Bruselas. Cuando tenía 15 años y estaba aburrida de su noviazgo con un chico, decidió enviar un mensaje a través de su portal de MSN. Recuerda que era algo parecido a : “Busco a una chica…”

En el fondo esperaba que le respondiera una chica en concreto. La había conocido a través de una página web donde se pueden publicar dibujos y compartir ideas. “¡Hubo suerte!”, dice, y se ríe. No perdieron el tiempo y acordaron un encuentro. “Nos besamos algunas veces”, cuenta Ambre. “Ahora que lo pienso, nada muy especial… Eso sí, mejor que mi novio. No me quedó la menor duda.”

Cuando se percató de que le gustaban las mujeres, y sin pensarlo en exceso, le dijo a su madre sin rodeos: “Mamá, creo que me gustan las mujeres”. Ambre ríe y continúa: “Ella solo me contestó: ¿A ti también? Primero creí que ella también sentía lo mismo, jajajaja, pero estaba hablando de mis amigas… Muchas de ellas son lesbianas.” Por lo mismo, Ambre no tuvo problema alguno para decírselo a sus amigas. “Estoy rodeada de gays. ¡Me encanta!”, cuenta.    Nunca ha tenido problemas de discriminación ni de rechazo por ser lesbiana, aunque en ocasiones se hace pasar por la novia de sus amigas para quitarles de encima a algún que otro tío pesado. “Lo hago porque soy dura y así… ¡¡Pero no soy butch, eh!! Solo un poquito más masculina.”

Hay muchas lesbianas muy femeninas en Bruselas, según Ambre. “La gente se sorprende mucho porque existen los estereotipos y cuando comento que soy gay, muchas veces responden: ¿Qué? No lo pareces. En el fondo me parece gracioso. Lo más divertido es cuando me preguntan cómo tenemos sexo… Así, sin inhibiciones, directo al grano; sobre todo los chicos.”    Ahora Ambre está empezando a salir con una maquilladora que conoció en un musical donde ella cantaba. “Aunque casi lo echo todo a perder…”, revela. “La conocí hace siete meses, me besó, y yo la rechacé. Después de eso no podía dejar de pensar en ella, así que retomé el contacto y ahora… sigo sin dejar de pensar en ella, jejejeje.”    Ambre sabe que es una romántica perdida, y si encuentra el amor piensa casarse. Por eso ama su país, porque no tiene que preocuparse por cuestiones de derechos; sabe que en eso están muy avanzados. “¿Hijos? ¡Si tengo hijos serán un verdadero símbolo del amor con mi pareja!” y se ríe a carcajadas.

Gaelle tiene unos profundos ojos azules y una sonrisa coqueta. En los bordes de los labios se le marcan unas leves arrugas que despiertan la curiosidad. Su mirada es joven, pero su experiencia la llena de seguridad. Prefiere no decir su edad.

Nací con una pelota de fútbol pegada a los pies… ¿Necesito decir más? Siempre he sabido que soy lesbiana, y no podría esconder que lo soy porque lo llevo en la cara, en mí. Es quien soy. Mis padres lo saben y lo aceptan, cada quien vive su vida como quiere. Tengo una gran familia.      Aunque he estado con hombres, solo puedo decir que no es lo mío. Momentos raros… ¿Errores? Mi primera vez con una chica fue malísima. Sería porque éramos demasiado jóvenes…      Mi primer amor fue Florian, y sigo enamorada. Es lo mejor que me ha pasado en la vida, es mi esposa.      Trabajo para Harley Davidson y todos en el trabajo saben que soy como soy, amante de las motocicletas y la velocidad. En realidad nunca he sentido rechazo ni discriminación, sólo “paz y amor”.

De lo único que puedo quejarme en Bélgica es de las lesbianas en Bruselas, todas “trucks” (camioneras) con pelo corto, y típica ropa de hombre… Todas se visten igual y las noches para chicas en la capital europea no son muy interesantes. No hay punto de comparación con las noches que he salido de fiesta en Francia y en España, por ejemplo… ¡Uf, qué chicas!     En el fondo, las cosas están cambiando, pero sí me gustaría que hubiera más variedad. La comunidad LGTB es muy activa en Bélgica, aunque no puedo decir que yo sea muy participativa. RAINBOW es una de las organizaciones que más actividades realiza, entre ellas la L-Week (la semana lésbica).

La fiesta y la vida nocturna para las lesbianas en Bruselas tampoco es conocida por su variedad. Hay algunos clubes exclusivos para chicas, pero la verdad es que son más divertidas las discotecas de gays para hombres, y por eso encuentras también a muchas chicas interesantes allí. Una vez al mes hay una fiesta para homosexuales llamada “La Demence”, pero no dejan entrar a muchas mujeres.

En Bélgica puedo andar de la mano con mi novia sin problemas, salvo en algunos barrios, pero como en cualquier país del mundo. Hay pocas cosas que pueden mejorar, pero espero que eso suceda de igual forma.      En cuanto a momentos incómodos, también he vivido alguno que otro. Idiotas hay en todas partes.




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