México, primer país Latinoamericano en reconocer el matrimonio homosexual

México es el primer país de Latinoamérica que ha reconocido el matrimonio gay y la adopción de las parejas del mismo sexo. Pero al mismo tiempo cuenta con el segundo índice más alto de crímenes de odio contra personas homosexuales en América Latina. México es un país de contrastes y la situación de la comunidad LGBT no es ninguna excepción. Aún queda un largo camino por recorrer para que los homosexuales puedan gozar de los derechos y libertades de todos los mexicanos. Sin embargo, la ciudad de México o Distrito Federal ha colocado las desigualdades, la discriminación y las injusticias que sufre esta comunidad en la Agenda Política.

El año pasado se aprobó la ley que permite en la ciudad de México el matrimonio y la adopción a parejas del mismo sexo. En el norte del país hubo Estados que reaccionaron en contra de esta nueva legislación y amenazaron con no reconocer estas uniones, algo que es posible en México ya que es una República Federada donde cada Estado tiene su propia legislación. No obstante, la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró constitucional este derecho en la capital del país y su no reconocimiento por otros Estados resulta por tanto anticonstitucional.

A raíz de esta victoria la diputada Enoé Uranga llevó al pleno de la Cámara de Diputados la iniciativa que garantizan el derecho de acceso a servicios médicos y prestaciones sociales en ambas instituciones a parejas del mismo sexo que ya ha sido aprobada por la Cámara de Diputados y ahora está siendo revisada por el Senado de la República.

La ciudad de México se ha convertido en un lugar donde homosexuales pueden salir cada vez más del clóset/armario. Sobre todo los y las más jóvenes dudan cada vez menos en ser quienes son, aunque el estigma de la sociedad aún está muy marcado. La Zona Rosa se ha pintado de arcoíris y se ha convertido en un espacio donde parejas gay pueden besarse y abrazarse en las calles sin temor alguno. Un oasis de bares, restaurantes, tiendas y discotecas al estilo de los barrios gay de San Francisco y Chueca en Madrid.

Sin embargo, en el interior del país la situación todavía es difícil. La discriminación y el repudio marcan la cotidianeidad de este colectivo. La mayoría mantiene un bajo perfil para evitar actos dicriminatorios, violentos y el rechazo de sus familias. En provincia, la vida lésbica, por ejemplo, inicia más tarde: “a las capitalinas les gustaron las mujeres a los 13 años; a las sinaloenses a los 18-19.” En el interior de la República las chicas sólo pueden expresarse abiertamente en espacios como los clubes de fútbol o softbol. Prefieren el ocultamiento, aunque signifique no poder luchar abiertamente por sus derechos o recibir ayuda si la necesitan por el temor a la marginalización y el rechazo.

Aunque la discriminación está penalizada por ley en México, es aún un problema muy grande para la comunidad LGTB. No obstante el paso de los años y de las actividades de incansables hombres y mujeres que luchan por la igualdad, empiezan a notarse. En 2001 el 66% de los mexicanos no hubieran compartido techo con una persona homosexual, en 2008 último año de la encuesta el porcentaje había disminuido a un 56%. También en este año afirmaron 59,1% aceptar a un hijo homosexual.

Los éxitos del movimiento LGBT en México se han dado en el terreno de los derechos civiles, políticos, económicos y sociales. Pero aún hay que luchar por el la igualdad, la aceptación y la justicia de toda la comunidad sobre todo en el interior de la República.




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