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Mi novia quiere que tengamos un hijo y yo estoy en el armario

“Cuando Rebeca y yo empezamos a salir yo sabía que ella quería ser mamá, y ella sabía que yo no lo tenía muy claro, pero tampoco le dimos más importancia al tema. Nos gustábamos mucho y teníamos las dos 27 años.

Ya han pasado cinco desde entonces. Vivimos juntas y nos queremos al punto de sentir que pasaríamos el resto de la vida juntas. Hasta ahí todo bien. Pero Rebeca ha sacado el tema de los hijos y quiere comenzar ya a intentarlo. No quiere esperar más años. Yo sigo sin tenerlo tan claro, después de todo es asumir una responsabilidad para siempre.

Pero no es solo el tema de la responsabilidad. Me ha costado mucho salir del armario. La primera persona a la que se lo conté fue a mi madre, y fue muy dura conmigo, me pidió que no se lo dijera a nadie, y creo que por eso, y por el temor a hacerle daño a mi familia, me lo guardé  mucho tiempo.

Recién hace un año se lo dije a mi padre y hermanos, también a otros familiares y amigas. Pero por ejemplo mis abuelos no lo saben, y en mi trabajo menos.

A pesar de las dudas con la maternidad, he dicho que sí. Rebeca quiere que nos embaracemos a través del método ROPA, o sea que mi óvulo fecundado crezca en su barriga. Y así ella dar a luz un bebé de las dos. Me parece un método muy especial, pero tengo miedo.

Es verdad que una persona puede vivir “armarizada”, aunque claramente no es una vida agradable. Pero ya cuando esa persona tiene un hijo, ese armario se abre para siempre. Porque no voy a presentar a mi hijo como el hijo de mi amiga o compañera de piso, porque no voy a evitar cogerme la baja de paternidad cuando mi chica dé a luz ni evitaré poner una foto de nuestra familia en mi escritorio. Ahora tengo solo la foto del gato.

Todos esos cambios me producen estrés. Mi chica me ha propuesto que hagamos coaching en la Escuela de Embarazo y Crianza de la Unidad de la Mujer Recoletas. La idea de esta Escuela es ayudar y planificar las etapas, entender las emociones y aprender a respetar la llegada de los momentos de conexión y vinculación con el bebé, tanto cuando está en el útero como cuando ya ha nacido.

Se reflexiona sobre el tipo de madre que quiero ser, el tipo de familia que queremos ser. Y otro punto importante para mí, el aprender a tomar decisiones sin que te importe la opinión de los demás. Rebeca dice que ella necesita reforzar esa parte para plantar cara a sus familiares y amigas cuando opinan que sí o no colecho, que sí o no la teta, que sí o no portar o al carro, etcétera. Es que su familia opina mucho de todo y ella quiere escucharse a sí misma.

Yo necesito reforzar esta parte con respecto a la seguridad en mi misma, el “qué dirán” de dos mujeres teniendo hijos. ¿Afectará a mi hijo tener dos madres? ¿Tendrá que dar muchas explicaciones de su familia? Ya sé que es muy normal, conozco parejas de chicas que son madres y están muy felices, pero bueno, a mí todas estas cosas me cuestan más.

En el coaching de la maternidad y crianza también te ayudan a ver las cosas de manera más positiva. Ya sabéis, a veces nos ahogamos en un vaso de agua.

La maternidad es un aprendizaje transformador, que tiene mucha acción, objetivos y expectativas. Creo que nos irá bien en esta terapia.

De momento le he dicho a mis hermanos que intentaremos tener un bebé, les ha emocionado la noticia. Este fin de semana se lo contaremos a mis padres, eso me da un poco más de temor, pero confío que por sobre todo gane la ilusión que tienen por ser abuelos”.

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