Mujeres que HOY cambian el mundo

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Directora Revista MíraLES

Desde niñas se nos ha enseñado a no meternos en la vida de los otros. Pero cuando la vida de los otros te toca, te conmueve, se te queda dentro, se convierte  también en tu vida. La tuya se hace más grande y tienes el poder de que tus acciones también lo sean.

En el mes de la mujer arrojamos luz sobre aquellas que hacen que su interés en la vida de los otros sea el punto de partida en su lucha por equilibrar el mundo. Por hacerlo más justo. Por cambiarlo.

Da igual que tengan que caminar durante días con el dolor metido en el cuerpo. Las mujeres que sufren agresiones sexuales en la República del Congo, un promedio de 48 violaciones por hora, prefieren ir a denunciar donde Honorine Munyole, oficial de policía encargada de la Unidad de Protección de Mujeres y Niños.

Con determinación y una férrea voluntad de cambiar la suerte de las cientos de mujeres que cada día son impunemente violadas e incluso culpabilizadas, Honorine se abrió camino en una institución machista y dominada por hombres, la Policía. Logró su objetivo. Y hasta en las regiones más lejanas del país se oye hablar de ella. De que hay una mujer policía que cuando vas a denunciar, te trata bien, te escucha. Te trata con respeto. E, incluso, intenta hacer justicia.

A Urmi Basu le cambió la forma de mirar el mundo el día que se adentró por los barrios rojos de Calcuta. Ella había nacido en un hogar acomodado, había recibido educación y oportunidades. Pero ahí encontró niños durmiendo en las calles, en constante peligro de sufrir abusos, ancianas que habían sido traficadas desde la infancia y llevaban toda la vida como víctimas de explotación sexual, niñas y adolescentes que habían sido vendidas por sus familias y estaban obligadas a prostituirse.

Urmi Basu dejó la vida que conocía atrás. Y empezó una nueva, una donde se ganó la confianza de las mujeres de los barrios rojos y comenzó a organizarlas, a empoderarlas. Fundó una casa de acogida que hoy tiene ya tres sedes: New Light. Ahí cuida, educa y alimenta a más de 200 niños, en su mayoría hijos de trabajadoras sexuales. Les entrega herramientas para salir de la pobreza y muestra otros caminos a las niñas, para que no sigan el de sus madres.

Cuando murió su marido, Alison Saracena tenía 40 años y trabajaba como diseñadora en San Francisco. En ese momento decidió que quería vivir una vida que pudiera hacer de éste un mundo más justo. Dejó su casa y su trabajo y se trasladó a Calcuta, a trabajar con niños de la calle. Comenzó a enseñarles mecanografía con su portátil. Impresionada por la rapidez con la que aprendían, decidió enseñar informática y fundó su propia escuela: “Uddami” (superarse, progresar), junto a un informático de Silicon Valley al que convenció para sumarse al proyecto.

Gracias a Uddami, muchos niños y jóvenes pobres consiguen trabajos en empresas, permitiéndoles ascender en la escala social y dar una mejor situación a sus familias, como Krishna Rao, un chico sin recursos que aprendió junto a Alison y hoy es uno de los programadores más importantes de una multinacional en Dubai.

Más de 100 millones de mujeres han sufrido mutilación genital, según cifras de la Organización Mundial de la Salud. Lo que además de ser un atentado contra una mujer y su derecho a disfrutar de su cuerpo, es un grave riesgo para su salud. Agnes Pareyio lo tiene muy claro. Elegida mujer del año por Naciones Unidas de Kenia, recorre escuelas con una vagina de madera para concienciar a chicos y chicas de los peligros físicos y sicológicos de esta práctica.

Agnes cuenta además con un centro de acogida para las niñas y adolescentes que huyen de su casa antes de ser mutiladas. Da charlas a las familias para convencerlas de llevar a cabo algún acto simbólico, en lugar de cercenar los cuerpos femeninos, que en su forma más violenta incluye extirpar el clítoris, los labios mayores y menores, y la suturación de los costados con hilo de pescar.

 Shahnaz tenía 9 años cuando su padre la jugó a las cartas y perdió. 9 años cuando decidió quemarse viva para evitar la boda con un hombre mayor. Como ella son muchas las mujeres afganas que en situaciones desesperadas deciden prenderse fuego, puesto que según Womandkind, Afganistán es el país más peligroso para las mujeres.

Gloria Company, enfermera catalana, dirige la Asociació de Cooperació per Afganistan, donde se recupera Shahnaz, y que auxilia a las mujeres inmoladas desde el momento en que llegan al hospital. Las acoge y las impulsa a rehabilitarse, a buscar un rumbo diferente a sus vidas.

La vida de los otros. La que muchas veces no nos toca, o nos conmueve superficialmente. Pero una vez que se nos mete dentro de la piel, una vez que la vida de los otros también es la nuestra, nos crece el cuerpo, el corazón y el coraje. Y ya no hay vuelta atrás, estamos destinadas a hacer un mundo mejor.




There are 5 comments

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  1. Aroa

    Buen artículo de Maria Jesus Mendez, como siempre, admiro tu forma de escribir, de expresarte y el hecho de dar a conocer sin tapujos las situaciones que se dan por el mundo, situaciones de las que nadie quiere hablar porque es mas fácil mirar hacia otro lado y, por supuesto, dar a conocer grandes mujeres que hacen posible un mundo mejor. Me quito el sombrero

  2. Edward Kasandra

    Realmente, me has puesto a pensar en las cosas que podríamos hacer y quizás mejorar, pero muchas veces preferimos quedarnos sin hacer nada y hasta nos hacemos cómplices silenciosas… Gracias por hablar del tema. EK


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