
Su foto decora los puestos de los bouquinistes a la orilla del Sena y es una de las postales de mujeres del siglo XX más vendidas a las turistas que hemos tenido la suerte de pasear por esos paisajes. Sin embargo, poco se habla de ella directamente. Casi siempre se hace de rebote. Este mes nos detenemos para descubrir quién es esa mujer que compartía mesa con Djuna Barnes en un café de París.

¿Cuántas de nosotras no habremos enviado unas líneas a nuestros seres queridos tras la foto de Djuna Barnes y Solita Solano? ¿Cuántas paredes, corchos o álbumes no decorará en nuestras casas? Sarah Wilkinson (éste era su verdadero nombre) fue una escritora norteamericana de clase media nacida en Nueva Inglaterra en 1888. Tal y como marcaban las costumbres de entonces, se casó joven y, durante los tres primeros años de su matrimonio, viajó por distintos países orientales siguiendo los pasos de su marido debido al trabajo de éste. Pero en 1908, volvió a Nueva York y, a partir de entonces, comenzó su carrera profesional.
Trabajó para varios periódicos de renombre (Boston Herald – Traveller, New York Tribune, etc.) y fue la primera mujer en ser nombrada editora y crítica de teatro. Con el despegue de su carrera como periodista y escritora, adoptó el nombre por el que todos la conoceríamos: Solita Solano. Este pseudónimo, que no deja a nadie indiferente, la acompañaría el resto de su vida: Sarah Wilkinson pasaría a un segundo plano, dando paso a su nueva personalidad. Por ese tiempo, Solita sería desheredada tras una fuerte discusión con su madre.

En 1919 conoce al gran amor de su vida: la famosa Janet Flanner, a quien también se le conoce bajo el pseudónimo de Genêt. El suyo fue un encuentro casual en el conocido barrio de clase alta de Greenwich Village. Ambas estaban casadas, pero Cupido acertó de lleno en sus corazones y esa flecha las impulsaría a dejar a sus maridos. Nada detuvo ese primer gran amor. Eran lo que se dice dos almas gemelas. Compartían gustos e inquietudes, los mismos que les llevarían a viajar durante el primer año de idilio por Europa: Grecia, Italia, Alemania… Tras este periplo, se asentaron finalmente en París, en el hotel St Germain des Près. Y fue así como estas dos grandes periodistas se acercaron al mundo artístico y literario de la Orilla Izquierda. Se codearon con nombres tales como Natalie Barney, Romaine Brooks, Sylvia Beach, Gertrude Stein y Djuna Barnes, quien les dedicó los personajes de Nip (Janet Flanner) y Tuck (Solita Solano) en su libro El almanaque de las mujeres (Pinza y Pellizco en la versión española, respectivamente). También conoció a la poeta británica y fundadora del Hours Press, Nancy Cunard. Janet, Cunard y Solano formarían un trío de amistad sólida de 42 años, cuyas juergas y aventuras causaron más de un estrago.

Dentro de este cículo lésbico, Solita se sintió atraída por Margaret Anderson, novia de la cantante Georgette Leblanc y fundadora de la revista The Little Review, que se caracterizó por publicar los entonces inéditos primeros artículos de Ulysses, la famosa novela de James Joyce. Ambas escritoras mantuvieron un romance que duraría varios años y terminaría porque Margaret no quiso poner fin a su relación con Georgette.
En ese período parisino, Solano conoció a George Ivanovitch Gurdjieff, un maestro espiritual que caló hondo en el grupo de estas mujeres. Entre 1935 y 1938, asistió a charlas con el maestro junto con algunas de sus contemporáneas, entre las que destacamos a Margaret Anderson, Elizabeth Jenks Clark (Lib), Dorothy Caruso, Alice Rohrer y Kathryn Hulme (Katie). Estas mujeres pertenecían al grupo de Jane Heap. Gurdjieff y Jane apodaron a este grupo de mujeres “La Soga”. La filosofía de este gran maestro ruso iba destinada a guiar al ser humano por el camino de la evolución consciente, con el objetivo de despertar las conciencias dormidas.
Solita Solano ejerció durante cinco años como secretaria de Gurdjieff. Se convirtió en una fiel seguidora y defensora suya. Prueba de ello son las cartas dirigidas a sus compañeras de “La Soga”, que redactó con el fin de informar y de describir todos y cada uno de los detalles y acontecimientos que tuvieron lugar desde el mismo instante en que falleció el maestro. Prueba de esta gran admiración y devoción son también las cartas que dirigió a Margery West, del Times Press, en las que defendía a capa y espada a Gurdjieff en una correspondencia que mantendrían ambas periodistas en el año 1964. [Si alguna de nuestras lectoras está interesada en estos documentos, me los puede solicitar. Aviso que están escritos en inglés].

Al estallar la II Guerra Mundial, Solita Solano y Janet Flanner regresan a Estados Unidos y, unos años después, Solita dejó a Janet porque ésta le puso los cuernos con otra mujer; aunque, como ya hemos dicho, su relación de amistad duraría toda la vida. Una vez la guerra hubo terminado, Solano regresó a su casa adoptiva: París. ¿Qué tendría esta ciudad que tanto atraía a las lesbianas de la época? La respuesta creo que no alberga mucho misterio: libertad y oportunidades.
Su carrera como escritora no fue muy prolífica: tres novelas (The uncertain feast, en 1924; The happy failure, en 1925 y This way up en 1927) y un libro de poesía (Statue in a field, en 1937). Su obra fue muy criticada y su carrera profesional comenzó a decaer a partir de 1930. A partir de entonces, Solano llevaría una vida parisina muy tranquila hasta el 22 de noviembre de 1975, día en que fallece en su ciudad adoptiva a la edad de 86 años.
De una mujer como Solita Solano, basta pronunciar este pseudónimo para hacerse una idea de quién se escondía detrás. Acorde con el ambiente en el que se movía y relacionaba, Solano fue una mujer que huía de las convenciones y que se sentía atraída por descubrir y experimentar nuevos mundos. Nunca entenderé por qué no se le ha dado nunca el lugar que le corresponde ni por qué se le ha mantenido a la sombra de sus amantes, de quienes sí se habla. Este mes MíraLes tiene el honor de rescatarla de esa sombra y de sacarla a la luz.
Más Información
- Ladies of the Rope: Gurdjieff’s Special Left Bank Women’s Group, William Patrick Patterson, Arete Communication edition, 1999.
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¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.