No todo es lo que parece detrás de la pantalla del ordenador

Muchas de nosotras nos hemos metido alguna vez en un chat para conocer gente, charlar o alguna tarde de aburrimiento para pasar el rato. Sandra también era una de ellas.

Sandra tenía 14 años cuándo a través de un foro de Internet conoció a Noelia, de 17 años. Empezaron a hablar por el Messenguer, se fueron conociendo y decidieron quedar. Sandra vivía en el centro de Barcelona y Noelia en las afueras.

La primera vez que quedaron Sandra iba acompañada de una amiga y cuando llegó donde habían quedado, Noelia no se presentó. La situación se repitió bastantes veces con excusas de que era vergonzosa, que estaba acomplejada… Sus padres no se daban cuenta de que Sandra estaba quedando con Noelia; ella les ponía excusas de que estaba en el centro comercial o dando vueltas con una amiga.

Después de muchas tardes perdidas, un día apareció el hermano de Noelia. Juan intentaba ayudar a Sandra a conseguir a su hermana aconsejándole que le mandara fotos, que le hiciera guarradas por cam… Sandra en aquella época era algo ingenua y creía las palabras de Juan. Seguía quedando con él como si quedara con un conocido que le estaba ayudando; pensaba que, ya que su hermana lo estaba haciendo mal, él era bueno y le intentaba ayudar.

Con el tiempo todo se fue complicando, pero Juan ya había conseguido introducirse en la vida de Sandra. Conocía su círculo de amistades; sabía dónde vivía, dónde estudiaba, que hacía por las tardes… Se había ganado su confianza y a sus amigos.

Noelia acabó diciendo a Sandra que no podían quedar porque estaba ingresada. Cansada de tantas excusas y mentiras, Sandra decidió ir al hospital y no había ninguna chica con ese nombre. Noelia, acorralada, le dijo que se llamaba diferente. Pasó el tiempo y Juan acabó abusando de ella a través de amenazas, hasta que un día Sandra quiso poner punto y final. No fue una decisión fácil, ya que el miedo estaba allí y ella tan solo tenía catorce años. Sus padres la animaron a que denunciara, pero en aquel momento Sandra aún no estaba segura de si Noelia existía, ni sabía quién era realmente Juan. No explicó todo lo que había pasado al poner la denuncia, así que tan solo quedó en un juicio de faltas. Sandra no podía hablar durante el juicio, era menor y su voz la tenía su madre. Después de todo esto, denunciaron por lo penal en la fiscalía de menores, donde el juicio aún está en espera.

Sandra siempre ha tenido el apoyo de sus padres y, aunque al principio su padre se sintió un poco defraudado con él mismo por no haber cuidado o no haberse dado cuenta de lo que Sandra estaba pasando, desde el momento en que se enteraron la intentaron proteger y ayudar en todo lo que estaba en sus manos. Ella no se arrepiente en ningún momento de habérselo contado, ya que si no hubiera sido por sus padres y por su hermana no sabría qué es lo que podría haber llegado a ocurrir.

El día que Sandra estaba en el coche de los mozos de escuadra de camino a la fiscalía de menores le dijeron que realmente Noelia no existía, y que era Juan el que se hacía pasar por ella. También le dijeron la edad real de Juan.

Lo peor fue cuando en Tuenti y una chica agregó a Sandra y le dijo que hacía tiempo que no hablaban. Sandra le respondió que no se conocían, y Laura se empeñó en que sí. Al final ambas descubrieron que Juan, el mismo chico que había usado una identidad falsa para abusar de Sandra, había hecho lo mismo con Laura, sólo que usando las fotos de Sandra. La misma historia se había repetido con otro nombre y otra cara. Con el tiempo Sandra ha ido conociendo muchas chicas que han pasado por lo mismo que ella con Juan. Cientos de fotos de chicas desnudas o semidesnudas en las manos de un pederasta. Cientos de chicas engañadas por el mismo hombre, todas de entre 14 y 17 años (ya que a partir de los 13 años no se considera violación, sino que cabe la duda de que pueda ser consentido). Con algunas sólo intercambió alguna foto; con otras llegó a quedar.

Sandra no solo ha tenido que superar lo que tuvo que pasar con 14 años, sino que también ha tenido que dar la cara frente a más de 300 amigos que tenía Juan con el nombre de Sandra en Tuenti para explicar que ella era la verdadera Sandra, y que Juan era solo uno de los pederastas que corren por las redes. Hoy, hace más de cuatro años desde que Sandra conoció a Noelia (es decir Juan), y aún hoy después de todo, el juicio está en espera.

Produce miedo e impotencia que gente como Juan siga engañando a chicas y que la justicia no sea capaz de hacer nada; miedo por nosotras y miedo el de nuestro padres, que no son consientes del peligro al que nos exponemos encendiendo el ordenador cada día. Chicos haciéndose pasar por chicas capaces de cualquier cosa por conseguir lo que quieren.

Muchas de nosotras hemos visto en los informativos cómo avisan a los padres del peligro de violadores en la red, pero pocos o nulos han sido los casos (como el de Sandra) que han salido a la luz explicando que también son capaces de ocultarse en una identidad femenina para confundir más fácilmente a sus víctimas, y así, poder también atacar a lesbianas.




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