FugacePiacere

Novela erótica. “Fugace Piacere” III

Capítulo 3

mirales.esMe subí las medias y me calcé los zapatos negros de tacón de aguja. Me esmeré en pintarme los ojos oscuros, dándoles a mis párpados un aspecto más salvaje. Sacudí las arrugas del vestido ajustado de cuero. Toda aquella preparación tenía como objetivo estar a la altura del lugar adonde iba, a diferencia del día anterior.

Eran las cuatro menos cuarto de la madrugada. Había dormido unas horas a media tarde para no estar cansada por la noche, aunque de vez en cuando se me escapaba un bostezo. Me tomé un café solo y salí por la puerta.

Las calles se quedaban tras de mí y me sentía extraña al estar recorriéndolas a esas horas. No era una chica nocturna, de modo que aproveché la visión que se me ofrecía de madrugada. Fue como ver los mismos lugares desde un ángulo diferente, al igual que si hubiera cambiado de perspectiva.

Por dentro me sentía inquieta y algo nerviosa. No podía contar la cantidad de veces que había fantaseado con ese momento en las últimas veinticuatro horas y es que tenía mucha curiosidad por saber qué tenía Lady Amanda preparado para mí. Consideraba que el tiempo que había pasado desde la última vez que nos habíamos visto hasta ahora sólo había servido para aumentar mi deseo y mi afán por aprender de la italiana.

Los siguientes minutos transcurrieron más rápido de lo que me habría gustado. Quizá fuera por la incerteza de no saber qué ocurriría luego. Llegué a la calle, entré a la cafetería con paso firme, me dirigí al pasillo y me planté frente a la puerta que daba paso a los aposentos de Lady Amanda. La golpeé con los nudillos y esperé a que me indicara que podía pasar. Salvo que no lo hizo. Me acerqué y pegué la oreja a la madera y todo lo que me pareció oír fueron leves suspiros. Me despedí de mi vergüenza y mi timidez e irrumpí en la habitación.

Sobre las mesas había velas consumiéndose a cada segundo que pasaba e iluminaban la sala de forma tenue. A pesar de la penumbra en la que estaba sumido el lugar, fui capaz de reconocer la figura de Lady Amanda bajo las sábanas. Parecía no haber reparado en mi presencia, pues tenía los ojos cerrados y de sus labios escapaban gemidos apenas audibles. ¿Estaba ocurriendo lo que creía?

Me congelé ante aquella escena y no fui capaz de reaccionar. Seguí allí, inmóvil, observando cómo la mujer se mordía el labio, cómo se retorcía, cómo jadeaba. En otro momento de mi vida, aquello me habría causado rechazo, pero en esta ocasión no fue así. Una vez recuperado el control de mis acciones, me concentré en sus expresiones y supe perfectamente que estaba cerca del clímax. Y, en efecto, instantes después soltó un gemido mucho más alto y mucho más largo que los demás. Había llegado.

Le llevó un par de minutos volver a respirar con normalidad y abrir los ojos de nuevo. Cuando ocurrió, me encontré con ellos. Sentí una oleada de calor que nacía dentro de mí.

—Lamento haberla interrumpido —le dije, más por educación que porque me arrepintiera.

—No me has interrumpido, Noe. Eres una chica lista, piensa. Si te había citado a esta hora es porque tenías que estar aquí y ver lo que has visto.

Se quitó las sábanas negras que la cubrían, las mismas en las que yo había estado envuelta el día anterior. Aparté la vista consciente de que si la miraba en aquel momento, la vería vestida tan sólo con sombras. Descansé la mirada en un caballete en el que no me había fijado antes sobre el cual había un lienzo en blanco.

Estaba demasiado ocupada pensando qué diablos debía significar aquel cuadro vacío cuando Lady Amanda me sorprendió rodeando mi cintura. Me apartó los rizos negros que caían sobre mis hombros y depositó un suave beso en mi cuello. Cerré los ojos por acto reflejo y suspiré, sin molestarme en esconder cuánto me agradaba la situación.

Al igual que había hecho la otra vez, se apartó en el mejor momento. Me dije que tendría que acostumbrarme a ese tipo de cosas: a los placeres efímeros, a las caricias limitadas, a los besos prestados.

 —Hoy vienes mejor preparada. Me gusta que te avances a los acontecimientos —dijo—. Como sabes, me llamo Amanda, y tengo veintisiete. Llevo practicando BDSM desde los veinte, siempre como dominante. Me considero estratega, estricta y generosa.

Asentí sin saber del todo bien por qué me estaba explicando aquello. Supuse que se trataba de algo parecido a una presentación y dudé si hacer lo mismo o quedarme callada. Antes de poder tomar una decisión, Lady Amanda prosiguió:

—Te propongo que sigas mis pasos. No te conozco, pero soy intuitiva y veo en ti las virtudes que necesita tener una dominante.

Enmudecí. Esperaba que, como en las pocas novelas eróticas que había leído, me ofreciera un contrato y me reclamara como sumisa. A lo largo de mi vida, había tenido varias relaciones con mujeres y sí es cierto que había sido yo la que se había ocupado de tomar el control, tanto en la cama como a la hora de tomar decisiones. Me tomé unos segundos para imaginarme vestida como ella la primera vez que la había visto y me di cuenta de que la idea me atraía bastante. Me ruboricé levemente al recordar que había ido a esa cafetería fetichista únicamente a hacer un reportaje sobre tendencias sexuales. Sin embargo, en un segundo puede cambiar tu destino. Me dije que tenía que aprovechar cada día de mi vida y sí, aquel mundo de ama y sometida me atraía. ¿Por qué no iba a aceptar?

—¿Y bien? —preguntó enarcando una ceja.

—Suena interesante.

—Me lo tomaré como un sí. Aunque debes saber que antes de conseguir el estatus de dómina, tienes que haber probado qué se siente al ser sometida.

mirales.esPensé que podría soportarlo. Era lógico que necesitara estar primero en la posición de sumisa, al igual el maestro antes ha sido alumno. Asentí y vi cómo cogía unos papeles de la mesilla. Me los tendió junto a un bolígrafo y pude ver que en el título de la primera hoja, decía: “Cuestionario de prácticas BDSM”. Le quité el tapón al bolígrafo comencé a completar la tabla, pensando que me sentía preparada para luchar por mi nuevo sueño: convertirme en dominante.

Thais Duthie




There are 6 comments

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  1. lrn

    Impresionante, tengo que reconocer que desde el primer día me tiene enganchada. Pero la verdad es que conforme mas leo mas quiero saber de la historia.

    Aquí tienes otra fam mas.

    Un besazo


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