FugacePiacere

Novela erótica – “Fugace Piacere” IX

Capítulo 9

mirales.esA pesar de que Lady Amanda y yo ya nos teníamos confianza, seguía esforzándome en parecer más experimentada de lo que era en realidad. Y sobre todo, después de la noche que habíamos pasado juntas. Así que como no podía negarme al trío ni aunque quisiera —o perdería el respeto de mi dominante, lo que ni siquiera parecía ser una opción a considerar—, puse buena cara y le dije a la rubia que aceptaba.

Apenas pasaron quince minutos cuando alguien llamó a la puerta. Tenía curiosidad por saber si la tercera persona del trío sería un hombre o una mujer, sentí un atisbo de duda. Hacía al menos diez años que no mantenía relaciones sexuales con un hombre y no me veía capaz de hacerlo de nuevo. Si de algo me había dado cuenta con el tiempo era de que me consideraba 100% lesbiana y quería creer que Lady Amanda lo sabía. Entonces, ¿habría avisado a una mujer o me pondría en el compromiso de tener que hacer un trío con ella y otro hombre?

En cuanto la dominante abrió la puerta mi preocupación se esfumó. Y todavía me tranquilizó más verla con una gabardina muy casual, porque de haber venido vestida con prendas de látex, me habría puesto nerviosa por lo que fueran a pensar los vecinos. O por lo que fuera a ocurrir entre las cuatro paredes de mi casa, está claro. Pero a la incertidumbre de lo último ya estaba acostumbrada.

Era de estatura media, rubia y unos ojos azules preciosos. A pesar de que esos rasgos físicos eran bastante parecidos a los de Lady Amanda, había diferencias muy notables entre ambas. Mientras que la sola presencia de la italiana transmitía autoridad y seriedad, la otra chica parecía ser de las que preferían divertirse sin preocuparse demasiado por el protocolo.

—Me alegra que hayas podido venir, cara —susurró Lady Amanda, ladeando la cabeza con una sonrisa.

—Siempre es un placer —La chica hizo una reverencia y me observó—. Tú debes de ser Noe. Soy Arlette, encantada.

Me sorprendió que Arlette supiera quién era yo. ¿Se lo habría contado la italiana? Cuando la había llamado por teléfono se habían comunicado en italiano, pero no recordaba haber oído mi nombre en ningún momento. ¿Significaba eso que estaba al corriente de lo que ocurría entre ella y yo?

Arlette miró a su alrededor curiosa. Sentí cómo después de haber recorrido mi salón con sus ojos, me observaba con detalle. Sonreí con algo de lascivia, tan solo intentando ponerme en el papel de dominante como se suponía que debería hacer en poco tiempo. Sus mejillas se ruborizaron, aunque trató de disimularlo al tiempo que se quitaba la gabardina negra que llevaba puesta y nos sorprendía a Lady Amanda y a mí con un conjunto blanco de encaje.

—Cómo te gusta dejar al personal sin palabras, Arlette —se rió la italiana mientras tomaba asiento en el sofá. Cruzó las piernas y me miró un segundo, para luego fijarse en la otra—. ¿Qué te gustaría que te hiciera Noe?

Oír aquella pregunta me hizo estremecer y suspiré como única respuesta. Estaba apoyada en el marco de la puerta, observando la escena como si fuera una espectadora, aunque intuía que en unos minutos yo tendría el papel protagonista. Arlette me atraía, por supuesto. Quizá no tanto como Lady Amanda, pero era algo razonable.

—¿Sabe castigar?

Sentía que ellas dos hablaban como si yo no estuviera en la sala y no me gustaba. Algo despertó en mi interior; una llama de rebeldía, de orgullo. Antes de que mi mentora tuviera la oportunidad de contestar, di un paso en dirección a Arlette.

—¿Quieres descubrirlo?

Asintió varias veces con la cabeza, mordiéndose el labio. Fue todo lo que necesité para acortar la distancia que nos separaba y empujarla con cuidado hacia la pared. Estaba atrapada.

La besé de forma salvaje, casi sin pensarlo. Jugué con su lengua, la mordí y me separé unos instantes después para mirarla a los ojos. Gemí contra sus labios y la tomé de la cintura para darle la vuelta de forma que quedara de cara a la pared. Coloqué ambas manos en sus costados, arañándolos hasta llegar a sus bragas. Las bajé, sin saber del todo bien qué estaba haciendo. Tan sólo hacía lo que mi cuerpo me indicaba.

Acaricié sus nalgas desnudas y estudié su reacción. Había cerrado los ojos y estaba apoyada en la pared con ambas manos. Me acerqué a su oído para que oyera mi respiración agitada a causa de la excitación. Cuando sentí que había bajado la guardia, le di un azote. Fue lo suficientemente fuerte como para que se oyera en toda la estancia, tan sólo un poco antes del pequeño grito de Arlette. Lady Amanda chasqueó la lengua y sonreí, tomándomelo como un cumplido.

La azoté una vez más, notando cómo su cuerpo iba respondiendo a mi castigo. El poder que sentía en aquel momento me llenaba tanto que me sentía extasiada. Nunca antes había tenido tanto control sobre algo, ni siquiera sobre mi vida. Siempre había tenido la impresión de que era quien todo el mundo quería que fuera: primero una hija ejemplar, luego una estudiante de excelente, y finalmente una periodista eficiente y trabajadora. ¿Era realmente eso lo que yo quería?

Cuando sus nalgas estaban teñidas de rojo decidí terminar el castigo. Fui disminuyendo la frecuencia de los azotes y la intensidad hasta que se transformaron paulatinamente en leves caricias.

Arlette suspiraba contra la pared y noté cómo su cuerpo temblaba. Me pregunté si me habría pasado con los azotes y miré sus nalgas para tratar de responderme, pero enseguida sentí las manos de Lady Amanda aferrándose a mi cintura.

mirales.esMe volteé, volviendo a encontrarme con su mirada intensa que parecía pedirme a gritos que la besara. Podría haberlo hecho teniendo en cuenta que estaba a escasos centímetros de mí.

—Eres buena, Noe. Tenía razón: vales para esto. Ahora sigue sorprendiéndome —murmuró a unos centímetros de mis labios y se separó, mirando también a Arlette—. Os espero en la cama.

Thais Duthie




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