FugacePiacere

Novela erótica. “Fugace Piacere” V

Capítulo 5

mirales.esSé que está detrás de mí. Siento su respiración pesada en mi oído. Sus manos agarran mi cintura con firmeza, sin dejar que me escape. Me empuja un poco más contra la pared y antes de darme cuenta tengo ambas manos esposadas a la espalda. Suelto un gemido y arqueo mi cuerpo, buscando el suyo. Su mano se hace un hueco entre mis piernas, rozando la zona lentamente. Los pensamientos que cruzan mi mente en este momento tan sólo reafirman las ganas que tengo de llegar a más.

Ahora tengo sus manos en mi camisa negra, desabrochando con calma cada uno de los botones. Cierro los ojos. Luego siento una de sus piernas colándose entre las mías, haciendo fricción. ¿Cómo puede ser que cada vez esté más excitada? ¿Cómo logra que quiera abandonarme a sus caricias?

—Parece que tienes ganas de que te haga mía, querida —me dice al oído.

Yo dejo ir un gruñido. Me gustaría tocarla, pero en cuanto intento mover mis manos siento el frío metal de las esposas que me retienen. Lo siguiente son sus dedos acariciando directamente mi intimidad. Estoy al límite. Y lo estoy tanto que siento que en unos segundos voy a ser capaz de alcanzar el orgasmo. No me freno, ni siquiera me lo planteo. Me siento tan cerca. Antes de entregarme al placer que tanto deseo, me volteo para mirarla a los ojos, porque me gusta hacerlo. Hago un esfuerzo para volver a abrir los ojos y veo el rostro de Lady Amanda.

Y luego, nada.

***

Me desperté sobresaltada y empapada en sudor. No podía creer que todo hubiera sido un sueño. Dejé ir un suspiro y me levanté de la cama, algo frustrada. El reloj del salón marcaba casi las cuatro de la madrugada.

Había un montón de papeles sobre la mesa, desde facturas atrasadas hasta documentos enteros que hablaban de la historia del BDSM. Formaban parte de mi investigación, que no podía completar sin haber terminado el trabajo de campo. Y eso consistía en sumergirme por completo en lo que estaba estudiando.

Me acerqué para pasar las hojas de apuntes y me detuve en una entrada del blog de un dominante que hablaba de las reglas básicas sobre el BDSM. Desde el principio me llamó la atención su lema: sensato, seguro y consensuado. Daba la impresión de que en una sesión no había lugar para el riesgo ni el peligro y en cierto modo eso me calmaba. Me recordaba que Lady Amanda y yo habíamos acordado lo que podría ocurrir en nuestros encuentros y había marcado unos límites que no estaba dispuesta a traspasar. Aun así, siempre que me encontraba a solas con ella no podía evitar sentir cierto temor, inseguridad y nerviosismo al no saber lo que iba a pasar.

Cada vez que recordaba los consejos que Lady Amanda me había dado hacía tan sólo unas horas sentía que mi piel se erizaba. Me fascinaba el poder que tenía sobre mí, a pesar de que en aquel momento ella debía de estar en su casa y yo estaba en la mía. Mentiría si dijera que no la echaba de menos, hasta mi subconsciente lo hacía.

Miré mi reflejo en el espejo del salón. Tenía el cuello, el busto y las piernas llenos de marcas y la espalda cubierta por arañazos. Al principio me resultó una imagen grotesca, pero luego pensé en todo lo que conllevaba el hecho de que mi cuerpo se hubiera deformado de aquella manera. Significaba que tenía dueña y no me desagradaba en absoluto la sensación de posesión, de que había alguien que cuidaba de mí. Por primera vez en mi vida, no me sentía tan sola. Era una sensación que solía acompañarme en muchos momentos de mi vida y no me agradaba en absoluto. Sin embargo, lo peor de todo era que seguía sintiéndome sola aunque tuviera a varias personas cerca de mí. Siempre me había sentido, en parte, vacía. Como si faltara algo para completarme y no supiera de qué se trataba.

Después de tomarme un vaso de agua volví a la cama con la intención de dormir unas cuantas horas más. No tenía planes para el día siguiente y pensé que sería buena idea dormir el tiempo que no había dormido en los últimos días.

mirales.esReflexioné mientras daba vueltas de un lado a otro de la cama, analizando cada detalle, recordando cada una de sus miradas, recreando el sonido de su voz.  Me fascinaba descubrir cómo en tan sólo un par de días había cambiado mi vida, sacando a la luz fantasías que no sabía ni que tenía y un deseo constante de querer aprender más. Así fue como fui conciliando el sueño poco a poco.

Vagué entre pensamientos durante unos minutos hasta que me despertó el sonido del móvil. Tenía un mensaje de texto y me incorporé para ver si se trataba de algo urgente. Era de un número oculto, decía: “Hoy a las 5.00, donde siempre. Ven preparada”.

Thais Duthie




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