
Este mes os invitamos a leer poemas de Claribel Alegría, Concha Lagos e Irene Sánchez Carrión.
Tiempo de amor
por Claribel Alegría
Sólo cuando me amas
se me cae esta máscara pulida
y mi sonrisa es mía
y la luna la luna
y estos mismos árboles
de ahora
este cielo
esta luz
presencias que se abren
hasta el vértigo
y acaban de nacer
y son eternos
y tus ojos también
nacen con ellos
tu mirada
tus labios que al nombrarme
me descubren.
Sólo cuando te amo
sé que no acabo en mí
que es tránsito la vida
y que la muerte es tránsito
y el tiempo un carbúnculo encendido
sin ayeres gastados
sin futuro.
Más información:
www.escritores.org/index.php/biografias/405-claribel-alegria
Sé que trazaba signos
por Concha Lagos
Yo no sé si te tuve; esto nunca se sabe.
Sé que trazaba signos con letras de tu nombre.
Que apretaba las manos inquieta contra el pecho
como el que siempre teme perder una medalla.
Estos son los recuerdos mezclados con el humo
de tu cualquier tabaco, de tu cualquier alcohol.
Puedes abrir el libro,
interrumpida en ti volverás a encontrarme.
Sé que trazaba signos con letras de tu nombre.
Más información:
rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/14434/3/Num8%20correcher-Santaella%20-%20arreglado.pdf
http://cordobapedia.wikanda.es/wiki/Concha_Lagos
Geografía
por Irene Sánchez Carrión
"Eres libre", dijiste.
Yo te miré en silencio
con la expresión absurda
de esas viejas muñecas
que se pierden un día
tras haberse arrastrado
por todos los caminos
sin rumbo de la infancia.
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¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.