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Laura Zorrilla


Poesía

Septiembre 2010

 

Este mes os invitamos a leer poemas de Belén Reyes, Nancy Cárdenas y Laura Zorrilla.

 

Sólo suena tu nombre
por Belén Reyes

Mi cuerpo es un silencio con forma
que respira.
Sólo te veo a ti,
surges en todo.
Me pierdo en esta casa que me grita.

Voy buscando rincones escondidos
para pensarte a brotes
y que nadie
te vea en estos ojos.
Y lloro porque quiero.
Y me desata
este nudo de sed de tu mirada.
Y lloro y me hace bien
llorar…
Llorar contra la almohada.

Sólo suena tu nombre.
La noche se va abriendo
como una oscura herida.
El deseo me mira como un loco
rebuscándome entera tus caricias.

Tu cuerpo es una luz intermitente
que me ciega y me salva de repente,
tenerte y no tenerte.
Y lloro porque quiero
y me destata
este nudo de sed de tu mirada.
Y lloro y me hace bien
llorar…
Llorar contra la almohada.

Mi deseo eres tú,
se lo confieso
a la luna que hay en mi ventana.

Crece la noche, crece…
de tu amor inflamada.

Correría hacia ti,
yo correría.
Como un puñal de luz
rasgando madrugadas.

Más información:

http://www.enfocarte.com/7.32/poesia.html

http://belenreyes.com/poesia/
http://www.cabrasola.com/

 

Varios
por Nancy Cárdenas

PARA CASTIGARTE
-aunque ni te enteres-
esta noche dejaré cerrado
el libro que me regalaste.

SUPE QUE ESTABAS ROTA
cuando
intentaste partirme el corazón.

NO SÉ QUÉ TIENEN
las diferencias ideológicas
que enfrían los besos, aligeran los abrazos
y finalmente acedan el aire que respiran los amantes.

SOY PELIGROSA,
es cierto: siempre busco vengarme
de los dueños del capital, los burócratas,
los curas y las mujeres que abusaron de mi cariño.

Más información:

http://es.wikipedia.org/wiki/Nancy_C%C3%A1rdenas

 

Amanecer
por Laura Zorrilla

Voy dentro de tus ojos
con las venas abiertas.
Margarita Ferreras

Cuando duermes,
la luz de tu cuerpo
asciende, lenta,
e inunda en la estancia
sus rincones asombrados.
Todas las mañanas
mis manos se cubren
de albahaca y salitre,
y crece en mi pecho
la melancolía incierta
de mi vida sin ti.
—¿Cómo sería?—
Me acerco
con las palmas de las venas abiertas
para tocarte.
Pero sé que no puedo
atrapar ese otro mar que habitas,
y del que has venido
no sé cómo;
me siento torpe,
como el enfado de un niño.
Entonces me detengo
y espero a que abras los ojos
para que la luz termine de derramarse
y nos cubra por fin
de tu inmensa capacidad
de explicar el mundo.

 

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