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por Rubén GP

Personalización

Septiembre 2009

 

Hace un par de meses que conocí a la directora de esta revista en un simpático taller. Allí me comentó que quería fundar una revista dirigida a nuestra comunidad que aportara algo nuevo. La idea me gustó –siendo sincero, me entusiasmó- y yo me ofrecí a colaborar. Fue uno de esos comentarios que todos hacemos medio en serio medio en broma, pero MJ lo tomó al pie de la letra y pocos días después me invitó formalmente a participar. Conocí a los demás colaboradores (un grupo de gente fantástica, aunque qué otra cosa podría decir aquí je, je) y me dejé llevar. Ahora me encuentro frente a una hoja en blanco sin saber muy bien qué hacer. Ésta va a ser la primera vez que escribo en una revista. Tengo que escribir para una nueva revista dirigida a la comunidad homosexual. Se trata de algo muy alejado de mi profesión -soy ingeniero- aunque no de mis intereses. No estoy seguro de que vaya a ser capaz de llevar a cabo la tarea. No obstante, yo no me desanimo ante los obstáculos y voy a sacrificar parte de mi tiempo para que esto salga adelante. Más aún teniendo en cuenta que nos puede servir a tod@s. Vosotr@s juzgareis si he salido adelante con el empeño y si debería continuar o si tengo que hacer las maletas, emigrar y dejar mi puesto a alguien que sepa qué hacer. Pero aun cuando está sea la única vez que me dirija a vosotr@s desde esta columna y desde las otras secciones en las que colaboro, al menos podré decir que hubo una primera vez. Y es que ésta es la clave. Siempre hay una primera vez. Siempre hay un primer paso. Como decía Lao Tze: “No importa cuán largo sea el camino. Todo viaje se empieza con un pequeño primer paso”. Cuanto antes se dé ese extremadamente difícil primer paso, tanto mejor.

Mientras garabateo estas líneas, en una de las atestadas baldas de mi solitaria estantería veo el llamativo tríptico de la campaña “Una escuela sin armarios”. Desde que supe de ella me gustó la idea. “La infancia es el futuro del mundo”. Esta sentencia que suele decirse con cierto aire de pomposidad es una verdad tan evidente que pasa desapercibida. No tod@s somos o seremos padres pero tod@s estamos obligad@s a ser hij@s. Buen@s o mal@s, sumis@s o rebeldes, homo u hetero, pero al fin y al cabo hij@s. Y no sólo eso. La educación infantil es uno de las piedras de toque para nosotr@s porque nuestr@s hij@s vivirán entre es@s niñ@s. Serán un@ de ell@s. Hay que educar a las nuevas generaciones para evitar que se repitan esas situaciones tan dolorosas que a tod@s nos ha contado un/a amig@ alguna vez. Acoso, abusos, violencia, torturas psicológicas, traumas, miedos, trastornos, suicidio, desolación… Impidamos que nadie tenga que pasar años con el único consuelo del frío y húmedo abrazo de la soledad recluido en la caverna de la marginación. Los niños deben reír, correr, jugar, estudiar y llorar. Pero no tienen que hacer del llanto su único amigo. Vamos a educarlos en el respeto y la tolerancia. Y cuanto antes lo hagamos, tanto mejor para tod@s.

Si yo os relatara aquí mi experiencia escolar, no os serviría de mucho. Yo fui uno de los afortunados. Durante 14 años asistí a un colegio privado religioso y no puedo decir mucho en su contra. Me impartieron una formación excelente y me educaron tratando de inculcarme sus valores. Yo escogí aquellos que me parecieron apropiados –los coherentes con mi vida- y descarté el resto. Pero no hubo nada más. Tan sólo las bromitas o indirectas de un puñadito de compañeros. Nunca hubo violencia o presiones. Ni por parte de los profesores (algun@s de ell@s conocían mis gustos) ni por parte de los compañeros (casi todos sabían que dos de ellos estaban enrollados). Sé que no es lo habitual, pero ésa fue mi vivencia.

Como leer eso no es muy útil (sólo refleja que, afortunadamente, algun@s son distint@s), he preferido colaborar en la campaña de difusión mencionada con algo que sí puede ayudar. Releer hace unos días el viejo volumen del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce, un regalo especial de alguien muy querido, me ha servido de inspiración. En once o doce entregas esta diabLESa va a recorrer el abecedario y tratar de recoger las definiciones de algunas de nuestras palabras más representativas. Quede claro que no quiero molestar a nadie con ello. La ironía y el sentido del humor son muestra de inteligencia como dijo el clásico. De momento aquí va la primera parte de nuestro Alfabeto para un Entendido Entendimiento. En este número solo puedo incluir una letra, pero no una cualquiera, es la atrevida y majestuosa A. Disfrutadla. Después gozareis de parejas, tríos y quién sabe qué más.

ALFABETO PARA UN ENTENDIDO ENTENDIMIENTO (Sección 1)

A

Arco Iris: Uno de los más deliciosos fenómenos naturales que aunque aparece con mucha frecuencia siempre nos atrae. Según la tradición clásica griega es el resultado de la confluencia e interacción de Apolo (Sol) y Zeus (Lluvia), ¡qué casualidad! Y es el símbolo homosexual por excelencia desde 1978. Nuestra bandera de 6 colores (Arco Iris Invertido [otra palabra cercana y un tanto maloliente]) -originalmente diseñada por Gilbert Baker con 8 colores- no sólo nos identifica sino que también saluda y da la bienvenida a tod@s l@s que se quieran acercar. Como me siento generoso, ahí va el significado de sus colores para que no os saquen los vuestros si os preguntan qué representan:

Rojo la Vida, Naranja la Salud, Amarillo el Sol, Verde la vida en armonía con la naturaleza, Azul Índigo el Arte, y Violeta (o Púrpura) el Espíritu.

Armario: El mueble preferido de los homosexuales y también el más odiado. Tanto les gusta o lo odian algunos que incluso viven en él durante años. O los fuerzan a vivir allí como a los monstruos que nos asustan por la noche cuando somos pequeñitos. Puestos a elegir, mejor vivir ahí dentro que en las alcantarillas donde viven ell@s.

Adopción: Una de las escasas opciones de los gays para formar una familia. Según algunos no debe concedérsenos este derecho pues la intención oculta es crear una legión de “homosexualines” que invadan el mundo e infecten a sus hijos. Es algo peor que una plaga bíblica. El comienzo de su fin. (Ampliación de mente en retrógrad@s).

Asociación–Asociacionismo: Comunidad de personas que trabaja denodadamente para conseguir algo que no deberíamos tener que pedir si el sentido común rigiera en la sociedad. Es fácil identificar a sus miembros pues siempre que tienen la oportunidad (y si no la tienen se la buscan) van a reivindicar algo o tratar de convencerte sobre la necesidad de hacerlo. Suelen ser bastante nerviosos y verbalmente agresivos. Cuidado con ellos. Si los ves, agradéceles su tarea pero vigila sus redes siempre ávidas de capturas.

Ambiente: Acogedor ecosistema heterogéneo en el que viven en equilibrio multitud de especies: lobos hambrientos, elfos de orejas puntiagudas, osos pardos, pitufill@s, gráciles avecillas silvestres, jugosos conejos, cervatillos indefensos, gnomos de los bosques, algún que otro troll y muchos otros animalitos y animalotes no puedo recordar. Todos son felices viviendo juntos, incluso las culebras y las serpientes, y el buen rollo es su divisa. Sin embargo, esta jauja para el cazador también esconde secretos inconfesables y trabajo duro. Visítala y te sorprenderá. Las principales amenazas que acechan a este ecosistema son los auto-excluidos resentidos y l@s retrógrad@s beligerantes..

Recordad que no lo escribo sólo para vosotr@s. No lo escribo para que os lo aprendáis (aunque a algún@s no nos vendría nada mal). No lo escribo porque crea saberlo todo. No lo escribo para sentar cátedra. Lo escribo para que lo leáis. Lo escribo para que os riáis al menos una vez al día. Lo escribo para que reflexionéis sobre ello. Lo escribo para que lo critiquéis. Lo escribo para que añadáis aquello que creéis que falta. Lo escribo para que lo enseñéis a vuestros amig@s homosexuales o heteros. Lo escribo para que lo leáis a vuestros hij@s si tenéis la fortuna de disfrutar la maternidad (o la paternidad según el caso). Lo escribo para que l@s jóvenes nos conozcan. Lo escribo para que nadie tenga que sufrir jamás situaciones tan dolorosas como ésas que tod@s nosotr@s conocemos. Lo he escrito para mí. Lo he escrito porque me apetecía. “La ignorancia engendra miedo”. Difundid vuestra versión.

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