¿Qué es lo que me pasa?

Directora Revista MíraLES

Me pasa que tengo calor, que llevo muchas horas sentada frente al ordenador, que estoy agobiada porque debo acabar la editorial, tengo mi cuarto sin hacer y debo poner una lavadora. No, no. Reformulo la pregunta. Que qué es lo que me pasa, más allá de las tareas cotidianas y los altibajos de la temperatura. Ah, pues en ese caso me pasa que tengo lesbianismo.

Al parecer es lesbianismo crónico con un agravante de visibilidad y permanentes convulsiones de activismo mediático.

Que sí, que sí, que estoy enferma y las posibilidades de recuperación son nulas. Mis síntomas aumentan cuando una mujer me parece atractiva y la fiebre sube a niveles insoportable al momento de un encuentro íntimo y/o sexual.

Sumando ingredientes a la desventura, hace sólo veinte años la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió dejar de considerar la homosexualidad como una enfermedad. De no haber sido así, quizás ahora mismo estaría legalmente imposibilitada de trabajar, recibiendo una pensión del Estado por mi horrible dolencia y pasando el día de fiesta en fiesta con enfermos y enfermas como yo. Pero no, no sólo hemos perdido la posible pensión por invalidez mental y sexual. Tenemos además que soportar que un 15% de la población española no se de por enterada de la decisión de la OMS y siga considerando que mi lesbianismo es una dolencia real.

En otros países como Argentina, donde aún se debate la posible ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, la cifra de gente que relacionan la homosexualidad como una enfermedad aumenta al 47%.

“¿Qué es lo que me pasa?”

Ahora mismo esta pregunta resuena en muchas cabezas femeninas que buscan una explicación ante la sensación de ser diferentes. Algunas tienen 11 años, otras 16, otras 43 y otras se sitúan en los 20 y los 30.

Algunas viven en Europa, otras en Pakistán, y otras en una aldea de Costa de Marfil o en un pueblito rural de Bolivia.

Algunas están casadas, otras tienen novios. Algunas son madres, otras están solteras.

Son mujeres de colores, costumbres e ideas diferentes. Pero comparten el factor común de seguir con la mirada el rastro de una mujer que les resulte atractiva, de reaccionar física y/o emocionalmente a una caricia femenina y no encontrar la satisfacción, el placer, la comodidad, el amor, la felicidad o el simple encanto al emparejarse con un hombre.

“¿Qué es lo que me pasa?”

Para muchas mujeres puede ser una respuesta muy difícil de contestar y enfrentar cuando aún abundan personas que consideran que homosexualidad y enfermedad están relacionadas, cuando todavía existen clínicas y profesionales dispuestos a tratar y curar el lesbianismo, cuando escasean los espejos necesarios donde las mujeres de diferentes colores, costumbres e ideas puedan reflejarse y encontrar sus contornos.

Por cada “¿qué me pasa?”, que estalla en la cabeza de una mujer, se evidencia la falta de referentes femeninos. No hay que ir muy lejos para rastrear las causas de esta carencia. El camino es corto y termina en un armario.

Cada “¿qué me pasa?” que retumba en el cuerpo de una mujer, reclama la responsabilidad de todas las lesbianas que sí lo sabemos. De las públicas y las privadas. Da igual la esfera en la que nos movamos. Da igual que nos conozcan en la televisión, en la radio o en el barrio. Porque nuestra visibilidad determinará que cuando menos imaginemos, una de estas mujeres nos seguirá con la mirada: “¿Qué me pasa?, pues nada, me pasa lo mismo que le pasa a ella”.




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