June Fernandez rapada 2

Raparse no es sólo cortarse el pelo

Cuando decidimos escribir sobre transgresiones y empecé a pensar en qué contar, no se me ocurría otra cosa que el hecho de haberme rapado el pelo hace unas semanas. Me costaba decidirme, porque al fin y al cabo cortarse el pelo no es una gran transgresión. Pero bueno, tal vez sí lo sea, después de ver las reacciones que suscita, tanto en mí como en las personas que me rodean.

No fui una niña masculina ni mucho menos. Me encantaban las barbies, me daban miedo los balones, reclamaba vestidos y me encantaba probarme los tacones y pintalabios de mi abuela y mi tía (es que mi madre era más andrógina en esa época). De adolescente me uniformaba con pantalón vaquero y sudadera, pero era más por pasar desapercibida, porque siempre me he sentido cómoda con minifalda y tacones, y siempre me ha chiflado el ritual de maquillarme. Hubo épocas en las que mis ojos me parecían sosos si no me pintaba la raya, que no me sentía estilizada sin tacones y que me sentía plana si no usaba sujetador con relleno. Y cuando lo usaba, me daba apuro que el noviete de turno me lo quitase y descubriera el tamaño real de mis tetas.

Cuando me asumí como feminista pude observar qué elementos de esa feminidad normativa eran imposiciones que me limitaban, y fui eligiendo utilizarlos sólo cuando me apetecía. Empecé a prescindir del sujetador cada vez más, a pintarme sólo cuando me apetecía el ritual, a ponerme tacones sólo para ir a bailar salsa. La idea era no depender de ningún artificio de la feminidad normativa para verme guapa y estar a gusto en mi cuerpo. Lo de cortarme cada vez más el pelo creo que no fue tan deliberado, es que es adictivo.

También me di cuenta de cómo usaba la coquetería y el estilo de seducción femenina a la hora de relacionarme con otras personas, especialmente con los hombres hetero, pero también con algunas lesbianas. No me faltaron relaciones y ligues, pero durante mucho tiempo me pesó que con la mayoría de mis amigos, les desease o no, siempre hubiera cierta tensión sexual que enrarecía la amistad. Me jodía sentirme sexualizada en contextos masculinos, pero al mismo tiempo era yo la que proyectaba esa energía, porque buscaba verme atractiva en sus ojos. Yo me justificaba diciendo que me encanta tontear, lo cuál es verdad, pero esto es como el maquillaje y los tacones: tontear mola, si una lo hace cuando le apetece, con quien le apetece y sin necesitarlo para quererse.

En definitiva, tanto la feminidad como la masculinidad normativas tienen mucho de pose. Vaya, tanto la barbie como el machitode gimnasio son pura pose. Con la teoría queer aprendí lo que era la performatividad de género. Al hacer de drag king experimenté que cuando era más yo no era con bigote y paquete, sino en ese momento en el que me los he quitado y todavía no me he vuelto a poner el disfraz de señorita que me ponía casi a diario (y no hablo de la ropa y los complementos, sino de la forma de sentarme, de gesticular, de sonreír…)

En los últimos meses, coincidiendo con que me salí de la heteronorma (que decidí y sentí que sólo quería acostarme y emparejarme con mujeres, vaya), fui experimentando algunos cambios frente a todo eso de construirme desde la feminidad normativa y para la mirada masculina hetero. Son cambios prácticamente imperceptibles, que yo notaba en mi lenguaje corporal, en cómo me comunico y me relaciono, en cómo vivo la sexualidad.

Estando en Nicaragua pensé que raparme el pelo sería como marcar un punto de inflexión simbólico, decirme y decir que paso de la feminidad normativa y del pensamiento heterosexual, que quiero dejar de preocuparme por resultar bonita. Me preguntaba una amiga si también era por ligar más con las tías. Bueno, pues esa no era la idea, aunque dejar de que me tomen por hetero es un punto a favor. Y la otra cara de la moneda es pasar del passing: si ahora los lesbófobos me toman por bollera, pues es que lo soy.

En esas andaba cuando conocí a la feminista nica Oralia González, que recientemente se había rapado el pelo al uno y contó sus motivos en un post con el que me identifiqué mucho. Sobre todo en eso de confrontar el miedo a estar fea y que la gente te vea fea. Luego pasé unos días en los que me sentía insegura y vulnerable, así que abandoné la idea, porque no me parecía el mejor momento para poner a prueba mi autoestima. Decidí cortármelo cortito, pero sin rapar. Me fui a la peluquería, expliqué a la peluquera cómo lo quería, mostrándole fotos, pero ella se resistía. Me sentí fatal, necesitaba un cambio, aunque no fuera tan drástico que pasarme la maquinilla, y la peluquera se dedicaba a cortarme las puntas. Se lo expliqué a punto de llorar. “¡Pero es que si corto más se va a ver rara!”, me decía. “¡Pero es que esa era la idea! ¡Quería un cambio!” Agarró unas tijeras extrañas y me desplumó por detrás sin criterio, de forma que tenía la misma pinta de siempre pero parecía que me hubieran cortado el pelo a mordiscos.

Al día siguiente me miraba al espejo y se me saltaban las lágrimas (ya digo que andaba yo revuelta), me sentía super frustrada y rabiosa, porque es evidente que si fuera un chico no le hubiera dado ningún reparo atender mi petición y cortarme el pelo como quería. Mi amigo el Gallo iba a la barbería a raparse, y me dijo que le acompañara, que le mirara y luego decidiera. Pensé que prefería arriesgarme a verme fea que quedarme con esa sensación amarga de impotencia. Al cuatro, que tampoco me sentía preparada para quedarme calva.

Al principio me sentía como salida de un campo de concentración, pero en seguida me empecé a ver bien. Y sobre todo me sentía bien. Eso me dijo el Gallo, que más que cómo se me veía por fuera, la cosa era que se me notaba cómo me sentía por dentro.

Los cientos de ‘me gusta’ en el Facebook dan la medida de que no soy la única para la que ese gesto significa algo. También fue muy significativo ver que en mi familia sólo reaccionaron mal al cambio algunas mujeres. Los hombres o elogiaron el corte o se lo tomaron con humor, sin darle más vueltas. Ahí caí en la cuenta que en mi familia, como en la mayoría, son las mujeres las que han ejercido el marcaje de la feminidad. Han sido ellas las que me han dedicado comentarios dignos de enmarcar como: “deberías hacerte unas mechitas rubias para suavizar los rasgos”, “una mujer nunca debe salir a la calle sin sujetador, nunca” o “¿pero cómo no te echas maquillaje para hidratar la piel un poco?”.

Respecto a mí, pues estoy encantada con mi nuevo pelo. Me da igual no estar glamurosa, tener pinta de ‘muchachito’ (una tía abuela dixit, aunque agregó, no sé si por ser amable, que no es que tenga nada de malo). Una amiga me dijo que por qué no me echo gomina para que tenga otro aire, más sofisticado. Es que esa es la cuestión, lo que mola de mi pelo cepillo es no preocuparme por parecer sofisticada.

Puede parecer una chorrada, pero el corte ha reforzado ese proceso de deconstrucción del que os hablaba. Claro, hay chicas a las que, por haber vivido de otra forma la feminidad, no les cuesta nada raparse, como no les cuesta viajar solas, o superar tantas otras limitaciones de género. A menudo esas chicas no entienden la importancia del feminismo, no lo necesitan para vivir como quieren y sentirse libres. Otras son feministas, pero lo que cuento les suena a chino, a preocupaciones extrañas de femmes.

Cuando hablo de este tipo de cosas en mi blog o en el Facebook, de mi cuerpo, del dilema de la depilación, del sujetador, de lo grave que es haber interiorizado que la vulva huele mal, siempre hay algún tío que me sale con que eso son preocupaciones frívolas de burguesa del primer mundo. Como si fueran ellos -y no nosotras, las feministas de aquí y de allá- los que se dedican a luchar por la igualdad salarial, denunciar la violencia machista, o la feminización de la pobreza, entre otros temas ‘serios’. Las feministas hablamos de pelos, olores y flujos sin complejos, porque bien sabemos que lo personal es político y que sólo desde nuestros cuerpos liberados podremos hacer la revolución.

Texto: June Fernández
Directora Pikara Magazine
Fotografía Óscar Acuña.




There are 22 comments

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  1. Solo

    Me ha gustado. Desde hace muchos años cada primavera voy a que me “poden”, unas veces más, otras menos. Me he casi rapado varias veces, la última en 2012, aunque nadie lo diría por estas fechas. Hace años, trabajando en un centro público controlado por uno de los “grupos” más retrógrados, me rapé y me dediqué a disfrutar (lo escribo riéndome XD) de las reacciones y gestos de “lxs santísimxs perfectxs”. Mientras peor sienta a otros, mejor me lo paso yo ;)!

  2. Ceci

    “a no gustar” ??… mejor dicho a sentirte cómoda y afín a tus convicciones; quien te quiera como eres puesto que para ello una deconstruye. quien te quiere auténticamente lo menos que se fija es si llevas el pelo corto, largo, semi o rapado. ¡A deconstruir nomás!

  3. Paula

    Me encanta el pelo corto, lo llevo hace varios años, y este verano me lo rapé al cero, calva totalmente, y la gente pensaba que estaba enferma. A mi me encantaba, pero las condiciones climáticas de donde vivo no son muy favorables para ello. Así que ahora lo llevo al cuatro. Como bien dice el título del artículo RAPARSE NO ES SÓLO CORTARSE EL PELO.

  4. Guadalupe

    sin ánimo de ofender a nadie…bien contenta estoy con mi pelo largo en la cabeza, mi no pelo en mis piernas y axilas, mi sujetador puesto, mi femineidad en los gestos y mis tacones…. cuando me plazca llevarlos. Ni me visto ni actúo para complacer a los demás,solo xa gustarme y xa gustar a quien me gusta

  5. Isabel

    a mi me costo encontrar quien me cortara el pelo, pero una vez lo hice lo disfrute y sigo haciendolo, no desconstrui nada, al contrario, me construi a mi misma y añadi mis tacones, los vaqueros y el maquillaje para disfrutar de mi misma…

  6. Aroa

    Raparse el pelo no me parece una tontería si se hace por sentirse mejor con una misma y entiendo muy bien ese relato, algunas de esas cuestiones del principio me resultan familiares y si que me parece transgresor, de hecho, el relato me ha parecido interesantísimo, está contado con sinceridad y se aprecia una evolución que puede hacer sentirse identificada a muchas chicas. Yo no se si algún día me cortaré el pelo pero creo que no porque es lo que mas me gusta de mi pero no lo necesito, me siento agusto conmigo, me maquillo porque y cuando realmente me apetece, etc y soy trasgresora con mi forma de vivir y de hablar y de amar libre y sin tapujos

  7. Helena

    Si sí, mucha transgresión pero las transexuales lesbianas o bisexuales como tengamos la voz grave o algún deje masculino, o simplemente por no estar operadas…estamos jodidas para ser integradas como una más en el ambiente. Integradas si, como una más no. Ya podemos ser perfectas y astutas que lo llevamos claro. Con cariño, pero me ha saltado el punto el post.

    • Virginia

      Helena, Mirales, no se si habra un post relacionado con esto, pero debia haberlo.

      Helena, aunque este no sea el tema aqui me gustaria dejarte mi opinion. Creo que el problema es 1) desconocimiento y 2) que los folkloricos de cualquier tendencia siempre son mas visibles que el resto de los mortales y dejan todo tipo de prejuicios en el ambiente 3) Que muchos transexuales no han sido capaces de desempolvarse de la “educacion para hombres” que en esta sociedad machista han recibido (igual que yo misma no consigo a veces desacerme de la que como “futura mujer” recibi)

      Esas son las razones que a mi a traves del trato con el colectivo transexual de nuestra zona se me ocurren. Este colectivo nos acogio a mi mujer y a mi con los brazos abiertos unas, con miedo otras, y sobre todo con sorpresa, pues nos informaron de que sus experiencias con lesbianas era la peor de todas. Nos abrieron los ojos a una realidad de lucha impresionante en la que el simple hecho de llegar a salir a la calle vestida de mujer requiere a veces un largo proceso anios de angustias apoyo psicologico entre unas y otras. Que incluso hay quien se dedica a guiar a personas a traves de este proceso y a acompanarles para reducir el panico a dar un simple paseo por la calle. Toda mi admiracion y respeto! Y mi agradecimiento por acogernos y abrirnos sus corazones.

      Mundos hay entre tratar con unas personas y con otras. Yo personalmente no tengo problema con el folklore, pero como mujer, toda una vida luchando interior y exteriormente contra los abusos del machismo, sexuales incluidos, me siento inmensamente amenazada teniendo al grupo 3) en circulos intimamente femeninos que para mi son a parte de un lugar de identificacion, una zona en la que me siento protegida. Creo que la clave esta en 1) en visibilidad, normalidad…pero como con el pelo corto y el pelo largo, como llevando a los ninios a parque..etc…?.como promocionar la normalidad si eres normal = invisible?. Espero que sea simplemente no teniendo miedo y ganandonos generacion tras generacion cada vez a vecino de una calle mas lejos. Creo que aunque sea mas lento estamos en el buen camino.
      Un besazo muy grande Helena a ti y a todas las valientes

  8. Belén

    Considero que, en resumidas cuentas, lo importante es sentirse bien con una misma y actuar para tal fin.
    Me ha gustado mucho que hablas de los logros personales, de como cada persona supera sus límites en base a cuán lejos se los ponga. Para ti, cortarte el pelo tiene un significado muy amplio, pero no significa que para el resto deba significar lo mismo.
    Yo de cría era todo un niño. Llevaba el pelo prácticamente rapado, la pelota de fútbol bajo el brazo, una caja de playmobil en el cuarto separados de las barbies de mi hermana y era incapaz de ponerme un vestido.
    Ahora, con veinte años, las cosas han cambiado. Si me apetece, me maquillo y me pongo falda y escote. ¿Y sabéis por qué? Porque nunca me sentí obligada a nada.
    Siento que dices que las que no se olvidan del físico son menos feministas, pero no lo veo así. Yo fui libre de niña comportándome como un niño, porque me lo permitieron. No me obligaban a ponerme vestidos si no quería, y hasta los catorce tuve un mostacho que para qué. Hoy, a niñas de diez sus madres ya les dicen: ¡quítate eso de la cara, que estás fea!. Para mí, cada persona hace con su cuerpo lo que quiera, y no por ello me parece más bonita, más fea, más libre o más mujer.
    Siento haberme alargado, pero de verdad creo que la única manera de sentirse libre es haciendo lo que quieras sin hacer daño a nadie y preocupándote por ti misma. Lo mismo un día voy en chándal, que voy más guapa que nunca, pero es porque a mí me apetece.
    Eso es lo importante.

    • Estefanía

      yo también tuve una infancia en la que no había quién me pusiera una falda y siempre iba con el balón debajo del brazo..tal vez sería porque es muy personalidad me gusta mucho el deporte y no pensaba ni en chicos ni en chicas…pero desde que pase la adolescencia sabia que me encantaban las chicas y creo que eso es una cuestión de gustos..yo me visto femenina, llevo el pelo largo, me pongo tacones, me maquillo y voy arreglada….y lo más importante me gustan las chicas así y me siento genial siendo así..porque no creo que tenga que ser masculina por el simple hecho de ser lesbiana…me gustan las chicas que parecen chicas no chicos

  9. Silvia

    Está mona. Para mí , el mismo problema es el considerar que raparse la cabeza sea una transgresión como que dejarse el pelo largo, maquillarse, llevar escotes, minifaldas o tacones, sea la heteronorma

  10. agirre

    me parece un post interesante, pero hay algunas que no acabo de entender o compartir…

    Para escapar de la hetenorma, se trata entonces¿dejar de gustar o estar bonita? O se trata de raparse el pelo
    para gustar(se) de OTRA forma, y estar bonita de la forma en que uno/una quiera?

    Totalmente de acuerdo con el post de silvia “Está mona. Para mí , el mismo problema es el considerar que raparse la cabeza sea una transgresión como que dejarse el pelo largo, maquillarse, llevar escotes, minifaldas o tacones, sea la heteronorma”

  11. Cyber

    Bravo! No puedo sentirme más identificada ideológicamente con este post.

    Ojo! Ser feminista y ser “un machorro” no son sinónimos… por los comentarios de muchas creo que se confunde.

    Yo nunca me he rapado, pero hace unos meses me corté el pelo “a lo Justin Bieber”, como me han dicho muchos (jajaja). Yo siempre he llevado melena larguísima, y así lo llevaba el día que fui a la peluquería. Llevé una foto de lo que quería y la peluquera también se resistía… fui el centro de atención en la peluquería, tanto de peluqueras como de clientes. Tuve que animar a la peluquera para que me cortara más. NECESITABA ese cambio. Mi ánimo cambió. Me siento libre. Aunque amaba mi melena, me siento liberada.

    Nunca he soportado los tacones ni las faldas pero tampoco me considero, ni me ven, masculina. Y nunca me he maquillado.

  12. Evelyn

    Aquí en México es igual! en lo que menos se fijan es en si te va bien o no el pelo corto… te miran como intentándose responder si eres hombre o mujer!

  13. ale

    yo también me quise rapar el pelo entero pero los que me pusieron nerviosa y me hicieron dudar de mi decisión fue el resto, mama, amigas, etc (mi novio no, el siempre me apoyo). De todas maneras me lo corte pero no rapado tengo un poco de volumen en el lado derecho que lo hace mas ‘femenino¨. Sin embargo, yo me corte el pelo porque no quería preocuparme mas por ello, estaba harta ya que tengo un pelo un poco difícil. Aunque este corto como casi ¨hombre¨ de todas maneras lo quiero mas corto porque me sigue molestando y hoy o mañana me pasare la maquinita a ver que tal. Me gusta lo que escribes y me identifico.


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