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“Relatas: historias extrañas de mujeres atípicas”, de Carme Pollina

He asistido a una divertida presentación de este libro de relatos en la librería Cómplices de Barcelona. En un marco original (Granel BCN, una tienda de comida vegana de Barcelona), Carme Pollina se presentó acompañada por dos de las grandes: la popular locutora de InOutRadio Ana Satchi  y la novelista Isabel Franc, flamante ganadora del VII premio Terenci Moix con la novela Elogio del happy end, que verá la luz el próximo septiembre. Podéis acceder aquí al audio de esta presentación nada convencional, en la que se mezclaron el amor, el humor, la literatura y unas tortillas veganas riquísimas.

El humor en las historias de Relatas no es nunca inocente o trivial: como ya sucedió con el primer libro de narraciones cortas de la autora (el exitoso y muy recomendable Lesbianarum), en su origen late un sentir rebelde e indignado. El respeto a todas las formas de vivir y amar, teóricamente protegido e instaurado en amplios sectores de nuestra sociedad, en realidad no lo está más que en la superficie. Bajo esa pátina brillante y autosatisfecha continúan dándose situaciones incómodas para cualquier lesbiana: en el trabajo, el instituto, el metro, el ginecólogo o el colegio de los niños, por citar unos pocos ejemplos, y no digamos ya en los medios de comunicación. Es posible luchar contra este orden de cosas mediante la manifestación en la calle  o la acción política, pero también es posible hacerlo mediante la ironía y el humor, porque la palabra llega ahí donde no llega la espada, y más allá de la palabra llega la risa. En este sentido, Pollina es heredera de la perspectiva irónica y el buen hacer literario de Isabel Franc/Lola Van Guardia. Franc es el alma mater del Taller LitLes, dedicado a la escritura creativa y a la difusión de la literatura (mal llamada) lésbica desde el compromiso, pero también desde el humor. En la presentación a la que asistí en Cómplices, Pollina se refirió con cariño a sus compañeras del taller, hermanas de lucha y de escritura; algunos de los personajes de Relatas llevan sus nombres de pila.

Isabel Franc en primer plano, Carme Pollina en medio y Ana Satchi al fondo leyendo  a tres voces “Reina por un día”, de Relatas.

Isabel Franc en primer plano, Carme Pollina en medio y Ana Satchi al fondo
leyendo a tres voces “Reina por un día”, de Relatas.

En “Paella de marisco” encontramos un claro ejemplo de esta mirada jocosa pero al mismo tiempo crítica sobre el mundo: una hija confiesa a sus madres que es heterosexual (he dicho heterosexual), y les pide que inviten a su novio  para que venga a casa, a comer una paella de marisco. Asistimos a una primera fase de negación por parte de ambas progenitoras (“¡no me lo creo!” (…) ¿para eso te hemos llevado año tras año a celebrar el Día del Orgullo por medio mundo?”), intentos varios de disuasión (“Pero vamos a ver, Susana, ¿tú estás segura? A lo mejor se trata solamente de una fase pasajera, ¿no?” “Pero has estado con chicas? Si no pruebas una cosa no puedes decir que no te gusta”) y expresiones finales de desesperación como el típico “No sé qué hemos hecho mal, Gloria. ¿En qué nos hemos equivocado?”. En “Caperu-cita” la autora plantea la necesidad de subvertir el cuento azucarado tradicional, no ya desde una perspectiva únicamente divertida (“toda la culpa es del pollo”, exclama el lobo -amante del leñador- en una clara referencia a una célebre estupidez presidencial) sino también desde la rabia: la madre de Caperucita está obligada a prostituirse, en un mundo falso donde los personajes del cuento se ven forzados a continuar, a cambio de un mísero salario, con la comedia de mundo en rosa.

Subvirtiendo, dándole la vuelta a las cosas que no nos gustan, podemos reírnos de todo aquello que nos molesta o hiere, y permite, incluso, dejar en ridículo prácticas, comportamientos y creencias absurdas de aquellos que creen ser tolerantes y abiertos, pero que en el fondo continúan viviendo y pensando según esquemas estrictamente heteronormativos.

Son muchos los momentos hilarantes que encontraréis en las páginas de Relatas. En “Lesbianitis aguda”, por ejemplo, una mujer empieza a presentar síntomas extraños y acude al doctor Van Piercing, posible remedo del Van Helsing que aparece en la famosa novela Drácula, de Bram Stoker. Van Piercing sospecha que su paciente ha sido mordida por una lesbianae, aunque no está seguro de si se trata de un espécimen perteneciente a la subespecie armaricus (“no se reconoce como lesbiana, pero actúa como tal”) o a la subespecie libera (“que tiene muy asumida su naturaleza y la vive con normalidad”). Apostado una noche en la habitación de su paciente, intentará confirmar su diagnóstico y encontrar una posible cura… si es que hay remedio.

“Aunque la hetero se vista de bollo” plantea la decisión de una mujer heterosexual que, despechada por un desengaño con un hombre, “decide” hacerse  lesbiana. Pide a una amiga lesbiana (en este caso, con pedigree) que la adoctrine en las prácticas amatorias propias del amor sáfico. Entre incrédula y generosa, la amiga le pide que parta un melón longitudinalmente y le quite las pepitas. Se coloca el melón entre las piernas e inicia su particular clase de iniciación:

―Arrodíllate y lámelo.

¡¿Qué?!

¿Quieres ser lesbiana o no?

Sí.

Pues haz lo que te digo. Lame el melón con ganas, en el centro, de abajo arriba y de arriba abajo, hundiendo la cara en él. De vez en cuando mueve la lengua en círculos, eso les encanta a muchas chicas y, además, ayuda a hacer cambios de ritmo.

Lola obedece.

Me eztoy bringando doda…

Peor lo estoy pasando yo, que me estás poniendo loca otra vez. Además, nadie dijo que ser lesbiana fuera fácil. Chupa. (…) ¡Joder, pero si te has comido la mitad de la pulpa!

Perdona, me ha entrado hambre.

Lola, por favor te lo pido, mucho cuidado con morder, puedes causar una desgracia. Una cosa son los mordisquitos, que a todas nos gustan, pero esto que has hecho aquí es una escabechina.

Pollina nos ofrece también otros relatos más cercanos a lo dramático, como “La pasión de Krista”, una historia de amor más allá de la muerte, o de desamor y decrecimiento personal, como en “¡Y una polla!” donde narra el cambio paulatino de  comportamiento en una mujer desde el momento en que le aparece un miembro viril entre las piernas. Y es que algunos textos de Relatas nos hablan de realidades muy duras, como los feminicidios (“Exterminia”), el acoso escolar (“Comecoños”), la cerrazón mental y humana de algunos médicos, empeñados aún hoy en considerar la homosexualidad como una enfermedad (“Me cae encima”) o, las normas y leyes que constriñen cuerpos y sexualidades (“Tierra de nadie”).

En Relatas encontramos, por último, ensayos de narraciones eróticas que, si bien (como reconoce la autora) no llegan al calentamiento global propio de ese monumento que es Sex, de Beatriz Gimeno, ciertamente provocan agradables calorcillos y buenas vibraciones, como el registro con guantes de látex a la delincuente Virginia Domínguez, alias Vaden, por parte de una funcionaria de prisiones.

La autora dedicando ejemplares de Relatas

La autora dedicando ejemplares de Relatas

Las historias de Relatas  acompañan, empoderan, hacen pensar, llaman a la rebelión contra un determinado orden de cosas, y muchas de ellas, además, hacen reír. Y esto último no es en ningún modo trivial. Os invito a probar lo siguiente: leed Relatas, a tapa descubierta, en aquellos ámbitos en los que, a veces, os hayan hecho sentir mal. Reíd, y que vuestras carcajadas retumben con fuerza en  los oídos de ese mundo que os mira y que, demasiado a menudo, os juzga y os daña. Haced visible que las mujeres que aman y/o desean a otras mujeres no se pasan la vida llorando por los rincones, como leemos en buena parte de la historia literaria internacional, desde El pozo de la soledad hasta la publicación de Carol en 1952. Que el mundo nos vea partiéndonos de risa, porque la risa de una mujer liberada y feliz es capaz de hacer temblar hasta los muros de Jerusalén.

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There are 12 comments

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      • Kira

        Lo recomiendo, y mucho. Hay algunos que te dan que pensar, con otros te ríes a carcajadas. Son cuentos cortos muy buenos, logran desmitificar la idea tanto del amor bucólico y “suave” entre mujeres, en lo que todo es de color de rosa, como el lado opuesto, los dramones de tomo y lomo. Simplemente, el amor es lo que es.


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