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por Neko To Tachi


Los 13 mares de la luna.


Diez: El Mar de los Humores

 

"La Luna tiene once mares: El mar de la Crisis, el mar de la Fecundidad, el mar del Néctar, el mar de la Tranquilidad, el mar de los Vapores, el mar de la Serenidad, el mar del Frío, el mar de las Lluvias, el mar de las Tempestades, el mar de los Humores y el mar de las Nubes"

Bajaba la cuesta de la calle Segovia que me dejaba en la puerta de mi casa, eran ya las cuatro de la mañana, había estado casi una hora deambulando por la calle sin decidirme a entrar en mi propio territorio. Echaba de menos a Raquel. Mi dulce, agraciada, sonriente y lesbiana esposa. Encajé a duras penas la llave en la cerradura del portal, nada tenía que ver que la boca de la misma no estuviera muy a punto, eran mis nervios los que no me dejaban abrir con frialdad. Estaba echo un asco, confuso, soñoliento, algo bebido, seguramente demacrado y ¿porqué no decirlo? Bastante cabreado.

………

Habíamos estado toda la noche haciendo el amor en la misma cama donde Gonzalo y yo vivimos nuestros más felices años de matrimonio, pero Blanca había decidido irse antes de que él apareciera, la casa sin ella se quedaba vacía, sin muebles, sin paredes, sin sonido, sin nada. Yo me había hecho a sentirla siempre cerca y no podía cambiarlo. Me dijo que lo mejor era tomárnoslo con calma, nada bueno podía traernos el que Gonzalo nos viera juntas de buenas a primeras después de la estocada. No sabía dónde estaba Gonzalo o lo que estaba haciendo, no es que no me preocupara, pero era incapaz de remediar que lo único que deseaba realmente era estar con ella. La recordaba, la quería a mi lado. Esta noche me tocaría lidiar con Gonzalo. Le esperaba. Solamente le esperaba.

Sentí como se abría la puerta de la casa, de repente no estuve tan segura de nada y pensé en fingir que dormía, pero sabía positivamente que aquello no resolvía nada, así que no dejé que él viniera a buscarme y salí al salón.

—Gonzalo.

—Hombre, mira tú, mi señora esposa.

—¿Dónde has estado?

—Estamos en que esa no es la pregunta correcta ¿no? La pregunta correcta es… ¿a quién te has estado tirando?

—¿Vas a empezar así? No creo que… —Gonzalo me hizo un gesto con la mano para que me callara.

—¿De verdad que te interesa dónde he estado? Pues bien, te lo diré. He ido a buscar a esa hija de puta que se ha propuesto arruinar nuestra relación sin un porqué.

—¿Ya encontraste?

—Sí.

—Me estas mintiendo.

—¿Lo sabes o sólo lo crees? ¿Ha estado aquí? ¿Ella ha tenido la poca vergüenza de estar aquí? ¡No me lo puedo creer!

—Cálmate Gonzalo ¿quieres?—mientras le decía esto, veía en sus ojos que mis palabras no tendrían ningún efecto.

—¿Sabes lo mejor de todo? Que en verdad me siento vencido, todo es tan raro, tan estúpido. ¿Te ha dicho que también se acostó conmigo? Sí, en el estudio. Lo hicimos sobre la mesa de reuniones. ¿Te ha contado eso?

—Sí —a la vez que le respondía su gesto se hacía más grave.

—¿Qué? ¿Y te da lo mismo? ¿Pero qué es lo que sois? ¿Dos locas? No entiendo nada, nada ¿me oyes? No entiendo una mierda de todo esto que os traéis.

—Gonzalo, esto no es fácil para nadie. Por favor, hablemos. Déjame explicarte.

—Necesito dormir, quiero estar solo. Vete al sofá, mañana hablaremos.

Cogí mis cosas y él se encerró en nuestra habitación, eran casi las cinco de la mañana, no había dormido en absoluto y tampoco tenía sueño, no podía quedarme dormida en este estado. Intenté no hacer ruido, prefería que él se acostara y se quedara como un tronco. No paraba de darle vueltas a lo que me había dicho sobre Blanca, que se habían acostado en la mesa de reuniones, probablemente no era cierto. Pensar en ella y en él juntos me revolvía de celos. No podía concebir el hecho de imaginarla allí, entregada a Gonzalo, dejándole sentir su cuerpo. No, no podía ser cierto. Permanecí en vela hasta que amaneció y pude salir a tomar un café, llamé al móvil de Blanca, pero no contestaba. Un tono, dos tonos, tres…

………

Estuve un buen rato intentado contactar con ella y no fue posible, su móvil daba la llamada religiosamente pero nadie atendía al otro lado del auricular. Aún me quedaban dos horas para entrar a trabajar sin haber pegado ojo en toda la noche. No tenía más remedio que volver a casa, intentar cambiarme y salir pitando. Se me hacía duro girar el bombín de la cerradura del portal, necesitaba ser engrasado sin falta pero el portero siempre se escaqueaba. Cuando llegué a casa supe enseguida que Gonzalo seguía durmiendo, evitando hacer ningún alboroto cogí del tendedero la ropa que necesitaba y me fui directa a la ducha. Sentía caer el chorro encima de mí, resbalando a lo largo de mi cuerpo. El agua que salía directa y ordenada de los pequeños orificios, se esparcía y derramaba por mi cuerpo, se desordenaba y se perdía llevándose todo por el desagüe. Pensaba en ella, en porqué no había respondido a mis llamadas de teléfono, pero también recordaba su cuerpo, recordaba su aroma y me sentía derretida en tan solo un momento, no podía evitar que me gustara que me tocara, era incapaz de evitar nada. Yo la buscaba ansiosa, la perseguía para que deshiciera su lengua en mi sexo, para que me mordiera la carne y me hiciera sentir viva, deseada. Sabía tantear mi cuerpo de esa forma, reconocía los sitios donde debía encontrarme y yo no me sentía más sola. Dejaba que me recorriera toda, notaba el calor de sus dedos a través de mi ropa, rozando mis bragas suavemente, inflamando mi fuego, muriéndome de hambre.

De pronto, en mi loca obsesión delirante cruzó por mi mente una imagen desgarradora, fiera, incesante. Un bicho, un animal agitado, aterrador, desconcertante. Dejé de acomodarme bajo el agua, me sequé para cubrirme de inmediato, todo cesó de ser agradable.

No sé cuantas veces le habré contado a mis amigos que Gonzalo y yo nacimos para estar juntos, éramos un matrimonio feliz, de esos que se casan porque quieren hacerlo, de esos consecuentes con sus actos. Yo amaba, adoraba a Gonzalo y no había ninguna cosa en el mundo de la que estuviera más segura. Aún así le mentí, le engañé, le fui infiel y le destrocé. No me basta contigo que tienes todo lo que deseo, es la soledad, es la lejanía, es que tú no me haces caso, estoy sola.

—Raquel, cariño, aún podemos intentarlo.

—No es cierto, y lo sabes. Esto se ha acabado.

………

Nunca he fallado, lo sé, puedo reconocer lo que quieren, puedo tener lo que están añorando. Puedo leer en su interior, puedo traducir lo más extraño. Raquel me había llamado cien veces, ninguna le había contestado, ahora no sabía que decirle, no tenia idea de cómo decirle…

Capítulos anteriores

Uno: El Mar del Néctar

Dos: El Mar de la Serenidad

Tres: El Mar del Frío

Cuatro: El mar de las Nubes

Cinco: El mar de los vapores

Seis: El Mar de la Fecundidad

Siete: El mar de las Lluvias

Ocho: El mar de las Tempestades

Nueve: El Mar de la Crisis

Diez: El Mar de los Humores

 

Ilustraciones por Freckles.

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