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por Maria Jesús Méndez

¿Y tú, por qué eres lesbiana?

Noviembre 2011

 

Embarazo lleno de humo

 

En lugar de traer advertencias de muerte, las cajetillas de cigarro deberían venir con la foto de un bebé envuelto en una bandera gay, donde se leyera: “Cuidado, fumar durante el embarazo puede provocar hijos homosexuales”.

Así lo advirtió hace unos meses el psicólogo ruso, George Burtsev, y se quedó tan ancho. Según sus estudios, el tabaco en periodo de gestación influiría en que nacieran niñas y niños adictos, con problemas de aprendizaje y, por supuesto, lesbianas y gays.

Ya después se esta información pude hacernos sentido la Ley antitabaco promovida con tanto ahínco por el gobierno. No es más que un intento desesperado de bajar la alta tasa de lesbianas y de gays que nos visibilizamos en España.

 

¿Es por el feminismo?

 

Hace algunos años, a las mujeres que creían que podían ser, en cuanto a derechos y deberes, iguales a los hombres, se las consideraba enemigas y asesinas de la familia tradicional. Las feministas eran todas aquellas que querían estudiar, trabajar, poder elegir sobre su cuerpo, sobre su maternidad y las formas de anticoncepción. No querían ser dependientes de los hombres.

Por su parte, las lesbianas, claramente, no querían depender de los hombres; al contario, querían poder tener el control de sus vidas, no necesitar casarse con un varón para asegurar su supervivencia.

En el imaginario colectivo de los años 60, 70 e, incluso, posterior a esas décadas, la lesbiana y la feminista ocupaban el cuerpo de la misma mujer.

En la actualidad, hay gente que sigue pensando que quizás el lesbianismo se deba al feminismo, o viceversa. Que en realidad escoges a otra chica para emparejarte porque es tu forma (un poco exagerada, hay que decirlo), de luchar y comprometerte con el empoderamiento de la mujer, y de vencer la influencia del patriarcado.

 

¿Eres poco atractiva?

 

Supongo que en el imaginario colectivo la idea será la de una chica contemplando su imagen: “Espejito, espejito, di la verdad, ¿soy la más guapa de la ciudad?”. El espejo responde: “No, no eres tú la más guapa”. Y entonces la chica se hace bollera.

Que si eres lesbiana es porque eres fea. Porque, como eres fea y no despiertas el interés de los hombres, te vuelves lesbiana.

Como si la orientación sexual fuera una decisión a la que se llega después de mirarse al espejo y no encontrar los suficientes atractivos para llamar la atención de los varones. Una chica me comentó una vez que la reacción de su abuela, cuando salió del armario, fue decirle emocionada: “Pero mi niña, si no eres nada fea. Mira, quizás si te arreglas un poco más podrás gustarles a los chicos. No pierdas la esperanza”.

 

¿Una mala experiencia?

 

Así es. Hay gente que no solo lo piensa. También lo pregunta. El esquema sería el siguiente: una mujer normal, entendiéndose por normal heterosexual, se enamora y se entrega a un hombre. Este individuo le rompe el corazón. Pobre mujer, su pecho se desgarra de dolor. Su orientación sexual también. Herida, pone a Dios por testigo de que no volverá a confiar en otro hombre. Y es así como decide entregarse a los brazos de las de su mismo sexo, que no le harán sufrir.

Esta explicación del lesbianismo es bastante curiosa. Me pregunto si la inversión sexual se supondrá en todos los frentes. ¿Una chica que deja y hace sufrir a su novio le empuja a que se convierta en gay?, ¿una chica que rompe el corazón a su novia la arroja a la heterosexualidad?

Más de una vez, cuando he salido del armario con alguna amiga heterosexual, he recibido de vuelta un comentario del estilo de: “Sí, te entiendo, los hombres a veces son unos verdaderos cabrones, así todas terminaremos siendo lesbianas”.

 

Ingesta de comida en mal estado

 

Revisa las etiquetas de tus alimentos. Quizás no te has dado cuenta de que llevas un tiempo consumiendo comida caducada y aumentando así las probabilidades de persistir en la conducta lésbica.

Ya lo advirtió un programa de televisión malasio este último mes. El consumo de comida en mal estado puede ser una de las causas de la homosexualidad. También lo manifestó el año pasado el presidente de Bolivia, Evo Morales, que relacionó la ingesta de pollos con el aumento de la homosexualidad masculina.

 

Envidia del pene

 

A comienzos del siglo pasado iban por aquí los tiros al tratar de explicar el lesbianismo y la inversión de los roles de género.

Los estudios daban cuenta de que las mujeres invertidas eran aquellas que no se sentían cómodas en los papeles que socialmente se reservaban a la mujer, como el cuidado de la familia y el hogar.

Una mujer que ponía en jaque esta estructura era una invertida. Una que pretendía ser como un hombre. Sobre todo a la hora de querer relacionarse sexual y emocionalmente con otra mujer.

Lo cierto es que es bastante comprensible que una mujer envidie el pene, con mayor razón en el pasado. Pero no por el hecho de querer ser hombre. Sino por todas las libertades y los privilegios que éste proporcionaba a su poseedor.

 

No has tenido sexo de verdad

 

Esta es la explicación preferida con la que los machos recios prefieren entender el lesbianismo. Que si has decidido ser bollera es porque no has tenido la oportunidad de disfrutar de una experiencia sexual inolvidable, propiciada justamente por el macho recio en cuestión.

Estos individuos suelen pensar que el sexo lésbico no es más que un juego excitante sin mayor trascendencia, puesto que, para ellos, cuando no hay un pene de por medio, no existe el sexo real.

Esta mentalidad, llevada a un extremo, acompaña los brutales actos que con frecuencia se suceden en algunos países de África. Las llamadas violaciones “correctivas” a mujeres lesbianas. Que suponen que por el sólo hecho de introducir un pene a la fuerza en la vagina de una mujer, se le encaminará hacia la heterosexualidad.

 

Un padre o madre autoritarios

 

Los que quieren parecer más profundos en su explicación del lesbianismo y tratan de no encadenarlo a una experiencia sexual o a la falta de atractivo, se alejan del cuerpo y exploran en la mente lésbica. Un trauma, la mejor explicación.

La “normalidad” de una niña se ve truncada por un progenitor muy dominante. Una madre con mucho carácter, y un padre con poca personalidad, harían, según esta teoría, que la niña confunda los roles de género e identificara el poder del lado de la mujer.

El ser un trauma bidireccional, también cobra sentido para el otro lado. Un padre muy autoritario y una madre con muy poco carácter, llevarían a la niña a identificarse con el padre e intentar ser un hombre.

 

¿Es porque eres deportista?

 

Antes solía decirse que el deporte incitaba al lesbianismo. Esto porque muchas deportistas son lesbianas. También porque a muchas lesbianas les gusta practicar deporte.

La asimilación que se hace de deportista y lesbiana también encuentra una raíz en el prototipo de lesbiana de las primeras novelas y películas, representada por un cuerpo atlético y fibroso. Incluso más andrógino.

El deporte se relaciona con la liberación del cuerpo. Por eso en muchas culturas represivas con la mujer no se les permite practicarlo. Se dice que es tema de hombres. No solo por el cuerpo en movimiento, sino, además, por las actitudes de competitividad, empeño y deseos de victoria que implica la práctica de un deporte y que a algunos les parecen tan poco femeninas.

 

El deporte, el tabaco, la comida, el sexo, la apariencia física, los traumas, la rebeldía y las ideas políticas son solo algunas de las teorías, coloquiales y científicas, con las que han tenido que cargar las lesbianas por el solo hecho de no ser heterosexuales. Al contrario que los hombres gays, cuya homosexualidad normalmente ha tratado de explicarse y justificarse en causas biológicas.

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