Resarcimiento del honor e intimidad

Foto de Pepa Santamaría
La semana pasada una lesbiana pidió, por primera vez, la indemnización correspondiente por la represión sufrida durante el franquismo. M.C. D, como aparece en los medios, fue condenada a una pena de entre cuatro meses y tres años de “reeducación” en 1974. Tenía 17 años, y la causa de su sentencia fue que era lesbiana. Un peligro social según la ley. Cumplió cuatro meses de internamiento en la prisión de Alcázar de San Juan (Ciudad Real). Es la primera vez que una mujer reclama este derecho que el gobierno de Rodriguez Zapatero aprobó en 2009. Desde ese momento habían reclamado el derecho a la indemnización hombres gays y mujeres transexuales.

Gays y mujeres transexuales por una parte y lesbianas por la otra sufrieron durante el franquismo persecución y represión, pero de maneras distintas, hubo persecución de género, podríamos decir. Por una parte las mujeres transexuales eran consideradas gays, mejor dicho: maricones, aunque extremas. No existía el concepto de transexualidad y las trans eran vistas como maricas degeneradas, exhibicionistas; mientras que a algunos gays podían encontrar cierta “redención” en ser muy discretos. Pero… ¿cómo podía ser discreta una mujer trans? Para ellas y para los gays hubo detención, palizas, violaciones, humillaciones y cárcel.

Las lesbianas, en cambio, como mujeres que eran no estaban sometidas a la ley del estado, sino a la del padre. La institución destinada a vigilar a las mujeres era la familia. Todo lo de las mujeres se ventila en casa. Además, los hombres son, según el imaginario patriarcal, plenamente responsables de las decisiones que tomen en cuanto a sus cuerpos y su sexualidad, aunque sea para desafiar con estas decisiones las leyes o la moral. Pero esa misma libertad no se imagina siquiera en las mujeres, por lo que si contrarían a las leyes o a la moral, no es que sean culpables, es que deben estar locas. Por eso la represión para las mujeres malas es siempre el manicomio, no la cárcel.

 En España a las lesbianas se las internó en los hospitales psiquiátricos. Estos internamientos solían hacerse por la petición de las familias y quedaban en secreto. Por eso es imposible saber cuántas mujeres sufrieron internamientos psiquiátricos y tratamientos por ser lesbianas. Además, las mujeres eran castigadas no sólo por ser lesbianas, sino por ser cualquier cosa que desafiara al patriarcado, ya fuera la propia desobediencia en cuestiones personales: matrimonios no aceptados por la familia, relaciones sexuales sin matrimonio, relaciones no adecuadas, etc, ya fuera cualquier muestra de ejercer la propia libertad sexual.

 La libertad sexual de las mujeres es una conquista muy reciente en la mayoría del mundo, aunque en una parte del mismo, esa libertad es una quimera. También la semana pasada nos enterábamos de la existencia de centros de “deshomosexualización”, unos 300, en Ecuador, donde son internadas lesbianas de ese país, aunque deben existir centros parecidos en otros países de América Latina. Según informaciones procedentes de ese país, (recordemos que se trata de un país que dice reconocer los derechos de las personas lgtb) gays y transexuales no sufren ya estos internamientos que se reservan para las mujeres. La razón es que las familias siguen considerando un asunto familiar la sexualidad de sus mujeres, mientras que la de los gays es un asunto propio, aun cuando sea inmoral y reprobable. Las mujeres siguen siendo las depositarias del honor de toda la familia, por lo que si ese honor es puesto en peligro es ésta la encargada de “reeducar” y castigar. La sexualidad de las mujeres es un asunto privado que no debe salir del ámbito de la familia.

 De ahí la importancia de seguir politizando, sacando del ámbito de lo privado, de las paredes de la casa en donde todo se esconde y es fácil reprimir sin que se vea. Por eso es triste que ahora, en el siglo XXI, en España, esta mujer que ha decidido reivindicar esta indemnización no haya aceptado más que salir con sus iniciales; al contrario de lo que han hecho la mayoría de los gays y trans. No hago una crítica a un comportamiento personal que nadie debe juzgar, y yo no lo hago, pero estoy convencida, de que la igualdad sólo puede venir de la lucha a “cara descubierta”. Mientras sigamos teniendo miedo estaremos considerando, siquiera de manera inconsciente, que nuestra seguridad depende de nuestra invisibilidad y es justo lo contrario.




There are 5 comments

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  1. Dani

    Te encuentro toda la razón, Beatriz. Creo que la sexualidad femenina sigue siendo en gran parte del mundo un bien de la familia. En mi caso y a pesar de mi edad, sigue escandalizando más lo que haga yo que lo que hagan mis hermanos varones. Mi madre sigue sintiendo que mis errores tienen más pesos que los de ellos, aunque dejen a una chica embarazada antes del matrimonio. Parece mentira pero es una realidad.

  2. Beatriz Gimeno

    Hola Lourdes, no, no es posible porque los internamientos en hospitales dependían de un expdiente que era siempre “confidencial”. En cambio, de los gays que fueron encarcelados, sí que tenemos el número exacto porque siempre queda la ficha policíal así que nosotras somos invisibles incluso para la memoria


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