Respuesta sexual humana, pero ¿cuál era la pregunta?

¿Preparada para un nuevo encuentro con tu sexualidad? Esta vez vamos a ahondar en uno de los fenómenos más estudiados en la historia de la sexología por autores y autoras como Helen Kaplan o Willliam Masters y Virginia Johnson: la respuesta sexual humana. A partir del estudio de multitud de casos, observando a parejas y personas voluntarias manteniendo relaciones eróticas entre sí o masturbándose, llegaron a conclusiones científicamente contrastadas y similares entre sí. ¿Te apetece saber más y contrastarlo con tu experiencia? Vamos allá.

Siguiendo el modelo de Kaplan, el más utilizado en terapia y educación sexual, la respuesta sexual humana se distribuye en cuatro etapas: deseo, excitación, orgasmo y resolución. Estas etapas son secuenciales, para llegar a la siguiente tiene que ocurrir siempre la anterior, pero no necesariamente se dan todas en cada una de las relaciones eróticas (solas o acompañadas) que mantenemos, como seguramente sepas, por que a veces la respuesta sexual no se completa y termina antes de que pueda ocurrir la siguiente fase. Algunas de estas etapas tienen una duración más corta, pero la mayoría pueden extenderse tanto como queramos; bueno, en realidad a veces duran más o menos de lo que nos gustaría, pero eso tiene fácil arreglo en la mayoría de los casos: la práctica.

Foto: Julián Navarro

Foto: Julián Navarro

Sobre la primera etapa, ¿Recuerdas que hablamos del deseo el mes pasado? Es esa etapa indispensable para que pueda desarrollarse el resto de la respuesta sexual, hoy en día, de hecho, sabemos que no es tanto una primera etapa, si no que se mantiene durante cada una de las otras fases de la respuesta. La del deseo es una de las fases que puede durar un tiempo indeterminado: puede durar apenas unos segundos, por ejemplo a través de una mirada que explicita las ganas de mantener una relación erótica; o hasta días, como cuando en la adolescencia pasamos días y días jugando a la seducción en clase, a la salida del instituto, desde casa por teléfono o Internet y finalmente el viernes durante la quedada de siempre, donde finalmente una de las partes toma la iniciativa. Otras veces todo termina ahí, el deseo desaparece y la respuesta sexual finaliza casi casi antes de empezar.

La excitación es la etapa que sigue. Dando un paso más, empiezan a ocurrir una serie de cambios físicos en nuestro cuerpo: la piel se eriza y con ella los pezones, la respiración se agita, el corazón late más fuerte, la musculatura se estremece, los genitales se hinchan llenándose de sangre, produciendo la erección del pene, en los hombres y del clítoris, en las mujeres; además de otra serie de cambios en el resto de la anatomía sexual. A nivel psicológico también hay muchos cambios, la atención se centra en los estímulos que causan la excitación, restándose importancia al entorno, las sensaciones se vuelven cada vez más intensas y se perciben de forma más nítida a cada momento. La excitación, en el mejor de los casos, aumenta y aumenta hasta llegar a un límite en que parece no poder aumentar más. Masters & Johnson llamaron a este momento “meseta” y lo clasificaron como una fase más, aunque la realidad es que no tiene ninguna diferencia respecto al resto de la excitación. Una vez más, esta fase puede quedar ahí o continuar dando lugar al desarrollo de la siguiente. ¿Cuánto dura la excitación según tu experiencia? Aunque en próximos números de MíraLes lo veremos más despacio, me gustaría adelantarte que, lejos del modelo de relaciones eróticas que hemos seguido durante años, en el que cuanto más tiempo dure esta fase mejor amante seremos; biológicamente los seres humanos estamos diseñados para que esta etapa ocurra lo más rápido posible. Sin embargo, podemos alargarla en el tiempo siempre que así lo queramos, dentro de unos límites, claro.

Y justo cuando parece que la excitación ha llegado al máximo, si la respuesta sexual continúa, llega el orgasmo: la tercera fase. Seguro que también te suena de otros artículos de SexuaLes. Es, en cierta forma, la etapa más cerrada. Dura entre tres y ocho segundos y es el momento de mayor intensidad de la respuesta sexual y se desencadena a partir de rapidísimas contracciones de toda la musculatura que rodea los genitales y que el cerebro interpreta como placenteras. En este momento se descarga toda la energía acumulada durante las fases anteriores; por eso, cuando la relación erótica termina justo antes del orgasmo, al final de la excitación nos encontramos cansadas, irascibles, tristes o hasta enfadadas. En esta etapa también es donde más diferencias hay entre mujeres y hombres: mientras ellos llegan a un momento llamado “punto de no retorno” que desencadena el orgasmo aunque la estimulación cese, nosotras necesitamos que ésta continúe durante toda la fase; mientras los hombres necesitan de un periodo refractario para poder volver a alcanzar un orgasmo, las mujeres podemos experimentar sucesivos orgasmos sin necesidad de ninguna pausa. ¿Te suena eso de la mujer multiorgásmica? Si no, ¡ponte manos la obra! Aunque a veces nuestro primer orgasmo es tan delicioso que podemos quedar totalmente saciadas y, ¿para qué buscar más entonces?

Pero aquí no termina todo: queda una última fase. La resolución es el final de la respuesta sexual humana, cuando las contracciones orgásmicas finalizan, todo vuelve a la normalidad a nivel físico y experimentamos una fuerte sensación de relajación y calma. Es el momento, los minutos o las horas de después cuando aprovechamos para dormir, acariciarnos, conversar o recuperar la vida ordinaria con algo más de bienestar que antes de empezar. También hay diferencias de sexo en la resolución: las mujeres volvemos, habitualmente, más despacio al estado de no-excitación, mientras que los hombres lo hacen, en general, más deprisa.

¿Interesante? Me gustaría hablarte también de lo que algunos y algunas profesionales de la sexología llamamos la quinta fase de la respuesta sexual humana: la satisfacción. Es quizás la más importante de todas las que hay y es, además, la única que marca la relevancia de la relación erótica, sea cual sea: si todo queda en el deseo, pero quedamos satisfechas, nuestra práctica erótica ha sido un éxito. Si nos excitamos, en la medida que sea, y sentimos que ha merecido la pena, también hemos tenido un éxito; y así con cada fase. Sin embargo, al contrario de lo que solemos oír, si completamos la respuesta sexual, pero al finalizar sentimos que “no ha sido para tanto” o que “de haberlo sabido no hubiera venido”, si no hay satisfacción: la relación erótica es muy mejorable. El orgasmo NO define las relaciones satisfactorias; cualquiera de las otras fases puede ser igualmente o más placenteras, simplemente es un espacio más en el que disfrutar. Al fin y al cabo, hemos dicho que el orgasmo apenas dura unos segundos y que el resto de la respuesta puede alargarse en el tiempo tanto como queramos… ¡Y conseguir uno a veces supone tanto esfuerzo! Una hora arreglándote y buscando la imagen que diga “quiero follar, pero no con cualquiera”, ni más ni menos, organizar un plan para salir el fin de semana, pasarte horas buscando a alguien que merezca la pena, tenga pinta de ser buena amante y esté disponible, seducir durante otro largo rato y, en el mejor de los casos, conseguir un lugar y un ambiente excitantes. ¿Tiene sentido ir como locas por el mundo sólo para unos segundos (un minuto, si somos tan afortunadas de conseguir varios en esa noche)? En mi opinión, ya que nos ponemos, que nuestro objetivos sea pasar una buena media hora, u hora y media, o noche/mañana/tarde o lo que queramos extender en el tiempo cada una de las fases: disfrutemos de TODA la respuesta sexual humana.

Volviendo al título del artículo, ¿Cuál es la pregunta que desencadena esta respuesta? Tiene que haber “algo” que sirva para dar lugar a toda esta cadena de fases, sensaciones y placer. Y una vez más la explicación es variada, de hecho, seguramente tú ya lo sepas. Hay tantos estímulos que desencadenan la respuesta sexual humana como situaciones eróticas haya. A veces simplemente notamos deseo, por que nuestro ciclo hormonal así lo marca y decidimos masturbarnos o buscar una relación erótica con alguien. Otras veces vemos algo o alguien que despierta nuestro deseo y todo lo demás viene rodado si esta persona siente lo mismo o ese algo desencadena una masturbación. Otras veces no sentimos deseo, pero nos buscan de forma tan insistente que ¡al final nos encuentran! En fin, y tantas y tantas alternativas.

¿Y a qué nos lleva todo esto? Pues a disfrutar de nuestra sexualidad, a encontrar placer, a buscar la maternidad o la paternidad, a comunicarnos, intimar y compartir con otra persona… a comportarnos como los seres sexuales que somos. Quizás este artículo te sirva de estímulo para que se desencadene la respuesta sexual en ti; o quizás andes en una época en la que te apetece menos. En cualquier caso, que el placer te acompañe en cada tarea diaria.




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