Sara Oliveira nos cuenta cómo es ser Lesbiana en Portugal

Creo que nunca dudé que era lesbiana, desde que era una niña. Nunca jugaba con muñecas, siempre prefería jugar con los Lego y con coches y siempre hacía de papá. Pero nunca pensé que sería un tema a tener en cuenta hasta que no cumplí los trece cuando algunos chicos en el colegio empezaron a llamarme bollera. Quizá era una niña realmente ingenua pero en ese momento no tenía ni idea de lo que eso significaba pero cuando después de alguna averiguación, las cosas empezaron a encajar. Las lesbianas son mujeres que aman a otras mujeres. Ah, entonces, ¿no soy solo yo?

No fue hasta algunos años después, cuando estaba en la universidad, que salí del armario por primera vez con algunos amigos y no fue exactamente lo que yo esperaba. Prácticamente dejaron de hablarme, a pesar de que pareció que me aceptaron en un primer momento, ellos mostraban que todo estaba bien hasta que tuvieron que enfrentarse a la realidad y me vieron con una chica, simplemente me dieron de lado. Luego, también crecimos y acabamos encontrando intereses diferentes y la causa LGTB era algo que a ellos les daba igual.

Uno de mis mejores anécdotas saliendo del armario fue cuando un amigo mío y yo nos confesamos a la vez el uno con el otro. Estaba demasiado asustada como para decírselo cara a cara así que le envié un email. Todo lo que tuve por respuesta fue “Tú no eres la única que es diferente ” La verdad es que no entendí lo que me estaba diciendo y un par de años después cuando estábamos con otra gente, en medio de un juego él dijo que era gay. No pude hacer otra cosa que mirarle, sorprendida, nunca me lo hubiese imaginado de él. Me sonrió y me dijo que me lo había confesado en aquel email pero le prometía que nunca lo entendí, que siempre pensé que sólo me estaba apoyando. Por supuesto, fui centro de burla durante toda la noche.

Creo que desde que salí del armario y empecé a conocer a otras chicas y chicos gays me volví mucho más segura y mucho más concienciada socialmente. Como donante de sangre, me quedé bastante decepcionada de descubrir que los hombres gays no pueden donar. En los bancos de sangre portugueses, los hombres gays son considerados un grupo de riesgo y por lo tanto no pueden ser donantes. Así que la gente común que se supone que es algo que queda reservado a los extranjeros. Cuando se trata de nuestra propia gente, los portugueses son bastante egoístas y autocríticos. Mis propios padres no me aceptaron al principio, todo por qué se vería a primera vista. Acabé yéndome de casa y no hablándoles por la mayor parte del año hasta que decidieron que preferían tener a una hija lesbiana que no tener ninguna.

Las cosas han cambiado a lo largo de los años, ahora vemos a parejas del mismo sexo por la calle, cogidas de la mano y siendo cariñosos y eso sería impensable hace seis o siete años. Hay personajes homosexuales en la mayoría de series de televisión y son retratados de una manera positiva y no sólo como estereotipos. Por supuesto, todo esto ha sido posible gracias al duro trabajo de los activistas que se ha visto compensado en enero cuando el Parlamento aprobó la ley que permite a las parejas del mismo sexo contraer matrimonio. Todavía hay mucho por hacer.

La adopción todavía no está permitida a parejas del mismo sexo a pesar de que un homosexual sin pareja sí puede adoptar. Por otro lado, las mujeres solteras o incluso dos lesbianas casadas no pueden ir a un banco de esperma si quieren tener un hijo. Sólo una pareja heterosexual puede acceder a este tipo de ayuda. Esto es por lo que muchas mujeres portuguesas, lesbianas y heterosexuales, deciden viajar a España para quedarse embarazadas. Cuando se trata del ámbito laboral, Portugal parece ser uno de los países más avanzados del mundo. En teoría, si alguien es despedido y esa persona es gay, la empresa está obligada a probar que no lo despidió por su orientación sexual. Por supuesto, nadie va reconocer que ha despedido a otra persona por ser gay pero al menos está recogido en la constitución.

Portugal está hecho de pequeñas contradicciones que se pueden convertir en grandes problemas en la vida cotidiana pero sobre todas las cosas no es un país para vivir la homosexualidad. Yo, en particular, me quedaré con lo mejor y rechazaré esconderme de lo que soy, de a quien amo y por lo que lucho.




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