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Ser feliz, una decisión que tomas cada día

Nuestras creencias pueden hacernos sentir fuertes o poderosas. Determinan la forma en que vivimos y cómo será nuestra vida.

Una creencia es tan sólo un estado de la mente en el que das por auténtico un conocimiento o experiencia que tienes sobre un suceso, persona o cosa. Cada vez que reafirmas una creencia la “autentificas” a través de toda una explicación lógica que incluso puedes enunciar como una afirmación que para ti tiene todo el sentido del mundo.

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Como actitud mental que es puede ser totalmente inconsciente. Puedes incluso no saber de ese pensamiento, aunque actúas de manera en la que reafirmas esa creencia y tu conocimiento del mundo se filtra a través de ella. Las creencias son como un mapa que te guía a través del mundo para obtener la satisfacción de tus necesidades.

Ahora bien, esos mapas no te dicen cómo es el territorio por el que te mueves realmente, sólo te dicen cuál es la conducta más adecuada para acercarte (o alejarte) de aquello que quieres.

Tipos de creencias

Las creencias se pueden clasificar en:

– Externas, cuando se originan en explicaciones culturales que nos entregan para su interpretación.

– Internas, cuando se originan en tu propio pensamiento o a través de tus experiencias o convicciones.

Las creencias externas se generan de dos maneras:

Por la tendencia social a recoger las creencias de las personas que nos rodean y la imitación de su conducta.

Algunas personas incluso pueden adoptar las creencias de un líder aunque estén en contradicción con sus propios valores y principios. A veces no son voluntarias pues necesitas asociar tu experiencia de la realidad con pensamientos racionales que justifiquen tus comportamientos.

¿Lioso?

El caso es que tus creencias no conforman tu realidad auténtica sino que son tan sólo una mera justificación, o excusa en la mayoría de los casos, para hacer o no una cosa en concreto.

El fabuloso (o no) mapa mental que te has creado puede limitarte o impulsarte hasta el infinito. Depende de qué tipo de creencias internas lo conformen, ya que éstas tienen más poder sobre ti que las externas.

Pongamos un pequeño ejemplo de creencia limitativa: supongamos que has tenido una novia que era un encanto y te la pegó con otra. Bien, entonces tu mente comienza a pensar que “Hay que fastidiarse cómo son algunas” (por decirlo de una forma delicada… Lo más probable es que digas “Grahhhh desgrakkhoi hija de phiugkjgikjjkb e improperios en esa línea). En fin, tu mente empieza a grabar una creencia.

Siguiente pareja y tres cuartas de lo mismo, así que esta vez piensas: “Todas las mujeres son iguales (voy a saltarme lo que se dice realmente porque quedaría fatal). Y ya tienes una creencia limitativa en todo su esplendor. Como piensas que “Todas las mujeres son iguales” tu mente buscará la manera de tener razón y hará todo lo posible por satisfacer esa necesidad de tener razón y no otra.

Y todo se convierte en una espiral que poco a poco y, a veces sin ser conscientes de ello, nos va cerrando a la hora de encontrar pareja, como es el caso del ejemplo.

Imaginemos por el contrario el mismo caso en una creencia impulsora. Bien, cojamos de nuevo a esa novia que era un auténtico encanto y que te la pegó. En este caso tu forma de pensar es bien distinta. Piensas: “¿Qué parte de responsabilidad (ya hemos hablado de ello en un artículo anterior) tengo yo en lo sucedido?” Y reflexionas sobre lo ocurrido y sobre cómo puedes actuar la siguiente vez. De tal forma que tu creencia en lo que ha pasado te impulsa a crecer y a buscar alguna chica que sea de otra manera o que tenga otros valores y te permite ser protagonista de lo que piensas, sientes y la manera en que actúas y sin embargo no deja de ser una creencia. En este caso la espiral en la que entras no va de afuera hacia adentro, hacia el encierro, sino todo lo contrario. Como diría Buzz Llightyear de Toy Story: “¡Hasta el infinito y más allá!”

Como veréis no todas las creencias son “malas” sólo depende de adónde nos lleven: hacia librarnos de las cadenas o a mantenernos atada.

Y tú, ¿tienes cadenas? Como siempre, todo depende de una misma.

Elena Guillomía
Coach y Trainer de habilidades personales para la mujer.
www.insolitwomen.es




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