“Padre, he pecado. Soy lesbiana”
De la niña profundamente religiosa que fui, vuelvo después de muchos años a la Iglesia, convertida en mujer lesbiana, a confesar ante seis sacerdotes diferentes mi apasionado amor por otra mujer. ¿Cómo me recibirán los curas? ¿Me aceptarán como soy, se mostrarán tolerantes y comprensivos con mi felicidad o me tratarán como una enferma y degenerada? Vamos a averiguarlo. Ave maría purísima…
En los albores de la Semana Santa, un sacerdote en Valencia negó a Pilar Gómez, de 52 años, la eucaristía. ¿El motivo? Pilar es lesbiana y vive con otra mujer.
Cuando Pilar, católica practicante, exigió una explicación, el sacerdote le hizo ver que su pecado no era ser lesbiana, sino no esconderlo, hacerlo “evidente”.
Yo soy una de las bautizadas que engrosa la lista de la Iglesia Católica, que suma entre sus adeptos 1.180 millones de personas en el mundo, aproximadamente un 17,40% de la población mundial (según el Anuario Pontificio de 2011).
De niña y adolescente fui un ejemplo de virtuosismo católico: quería ser santa. Estudié en un colegio de monjas, asistía los domingos a misa con mis abuelos, los viernes no comía carne, ninguna noche me dormía sin rezar y participaba en misiones católicas, evangelizando a las masas ignorantes de la palabra de Dios.
Entre la niña que quería ser santa y escondía debajo de su almohada la ostia del domingo para comer un trozo cada día y acercarse a esa santidad, y la lesbiana activista que soy en la actualidad ha pasado mucho tiempo. ¿Cómo me recibiría la Iglesia si volviera? ¿Con los brazos abiertos como en la parábola del hijo pródigo?
Me propongo investigar, y por esto me acerco a seis iglesias de Madrid para confesar mi lesbianismo, averiguar si Dios aún me ama y me acepta como soy, si todavía puedo ir al cielo o mis años infantiles y juveniles hipotecados al servicio de la Iglesia no sirvieron para nada.
Primera estación: No soy un monstruo
A la hora de confesarme modifico mi historial de avezada lesbiana y me muestro ante los curas como una chica que se he enamorado de una compañera de trabajo y está manteniendo su primera relación lésbica desde hace dos semanas. En mi papel de incipiente lesbiana me siento feliz y plena, ya que previamente había mantenido distintas relaciones con chicos que no me hacían sentir bien.
Lo primero que me deja claro el cura de una iglesia del barrio de La Latina es que no soy un monstruo. Por fin respiro tranquila. No soy un monstruo, pero me encuentro en el camino incorrecto.
Al comienzo se muestra comprensivo. Entiende que pueda sentir placer junto a una mujer, porque Dios creó el placer carnal. Pero para dejarme claro lo inconveniente de este placer, ingenia una retorcida metáfora: “Esto es como echarse tierra en los ojos: te puede dar mucho gustito, pero no está bien, te hace daño”. Definitivamente, la idea eclesiástica de placer no me queda clara.
Me recomienda poner fin de inmediato a la relación con mi novia.
—Pero padre. Es que la quiero. La quiero tanto —explico desolada.
—Pero hija, claro que la quieres, y la puedes querer mucho, la puedes querer tanto como una madre quiere a su hijo enfermo. O una mujer cristiana quiere a los pobres. Lo que tú tienes que hacer es buscar un hombre y tener hijos para Dios.
—Pero si he estado con hombres, padre, pero no soy feliz con ellos. He probado, pero no hay caso, no me gusta ni siquiera que me den un beso.
—A ver, a ver, lo primero es que los hombres no son juguetes. No se puede jugar con ellos y desecharlos. Tú tienes que buscar a un hombre aunque no seas feliz con él. Ofrécele esta infelicidad a Dios, también ofrécele la pena de dejar a esta chica.
Para terminar me pide que no busque más confesores o no comente esto buscando otras opiniones; que sea más pudorosa, que sólo escuche y lea al Papa.
En mi papel de buena cristiana leo lo que dice el Papa. Me encuentro con que a su parecer la homosexualidad amenaza tanto a la humanidad como el cambio climático, que rechaza aprobar una enmienda para despenalizar la homosexualidad en el mundo y que las lesbianas y los gays no entraremos en el reino de los cielos.
Para no ser un monstruo, me hacen sentir como tal.
Segunda estación: El sexo es la perdición
Al sacerdote de la segunda parroquia del centro no le hace mucha gracia confesarme. Cuando el ayudante del cura me lleva a la sacristía para pedirle que me dé unos minutos, el prelado me mira fijamente y respira de forma ruidosa para hacer patente su hostilidad.
El enterarse de mi lesbianismo le hace menos gracia. Me ordena que me aleje de mi novia de inmediato, que deje de verla.
—Pero es mi compañera de trabajo —argumento
—Me da igual. Cambia de trabajo —me contesta como si con la actual tasa de paro en España fuera tan sencillo—. Esto es un pecado muy grave, pero supongo que no es mortal, que no has tenido relaciones sexuales…
—Bueno, padre, la verdad es que sí he tenido.
Y con mi respuesta su descomunal respiración crece a niveles insoportables.
—Pues es pecado mortal, ¡mortal!
Mi penitencia es un padrenuestro y un avemaría. No son ni las once de la mañana y ya me pesa el cuerpo. Supongo que es el cansancio normal que debe de sentir un monstruo que está a punto de quedarse sin novia y en paro.
Tercera estación: El amor no es ser feliz, sino todo lo contrario
Llego a una basílica en el centro de Madrid. Por fin un sacerdote joven. Pero mi idea de que la juventud es aliada de la tolerancia me dura muy poco.
El clérigo me deja claro que el Papa ya ha declarado que ser lesbiana no es una enfermedad, sino una tendencia que hay que corregir. Compara mi tendencia a amar mujeres con la tendencia de los asesinos a asesinar, la de un pedófilo a violar niños y la de un ladrón a robar.
—Pero padre —me quejo—, esas son cosas malas. Lo que yo siento es amor, amor por una mujer. El amor es algo bueno, no es comparable a un asesinato
—No, tú no sientes amor. Tu idea del amor no es correcta. El amor no es lo que piensas. No es ser feliz, todo lo contrario. El amor no es buscar la alegría o pasarlo bien. El amor es seguir el camino correcto, y el camino correcto que debes seguir está al lado de un hombre. Tienes que buscar ayuda.
—He buscado ayuda, he ido al psicólogo.
—¿Y qué ha dicho el psicólogo?
—Ha dicho que todo está bien, que no pasa nada, que ser homosexual es normal y que no tengo que sentir culpa por eso.
—Pff, los sicólogos son todos unos ladrones, dicen lo que quieres oír para robarte el dinero. Tienes que buscar un psicólogo católico, te dirá algo muy diferente a eso. Y tienes que dejar de ser amiga de las lesbianas.
—¿Pero no puedo tenerlas ni como novias ni como amigas, padre?
—No, porque los homosexuales siempre culpan de todo a Dios y al Papa. Y porque tú estás hecha, tu cuerpo está hecho para estar con un hombre, casarte y tener hijos, eso es amor. Y si no quieres casarte, pues no lo hagas, pero no vivas como una lesbiana porque todas las relaciones entre lesbianas acaban mal, es malo. Un asesino nunca será feliz, un pedófilo tampoco. Igual que una lesbiana o un gay. Te asquearás de eso, de la vida de las lesbianas. Es imposible que algo tan antinatural termine bien.
Me voy con la moral por el suelo, una penitencia de tres avemarías y una invitación a unas jornadas de matrimonio dictadas por él, para aprender lo que en la Iglesia es realmente el amor, ese sentimiento tan alejado de la felicidad.
Cuarta estación: ¡Abajo los socialistas!
En una iglesia del barrio de Ventas mi confesión es bastante curiosa, ya que además del sermón, consigo un adoctrinamiento político.
Como en el resto de confesiones, el párroco me recomienda alejarme inmediatamente de la mujer a la que amo. Me enseña a ponerle límites al amor, puesto que a su juicio el amor no puede salirnos del corazón sin ningún tipo de supervisión ni frontera. Me aclara que está bien que las mujeres se quieran, pero cuando ese amor toma un matiz sentimental debe frenarse de inmediato, pues es el fin de la humanidad.
—Además el amor entre dos mujeres es ilegal —sentencia el cura.
—No lo es, padre. Aquí en España dos mujeres pueden casarse y tener hijos que son de las dos.
A medida que mis palabras emergen, su rostro se descoloca.
—¡Ay, los socialistas! Esa no es una ley de Dios, cristianamente no es posible. Los socialistas han hecho un mal a la sociedad. Sí, son anticatólicos y anticristianos. Ese señor sin fe que es Zapatero y sus secuaces, todos masones, desean borrar el nombre de Cristo. Si pudieran quemar todas las iglesias lo harían, pero no pueden hacerlo porque el pueblo se levantaría. No te fijes en todo el mal que están haciendo. No te fíes. No los escuches. Tú escucha a Dios, habla con esta chica y dile que no. Un “no” rotundo. No lo dudes aunque se te desgarre el corazón. Renuncia a la felicidad carnal, vence el resquemor a la relación con un hombre, recupera la fe. Dale al Señor lo que más te cuesta.
Mientras me marcho se me olvidan las tres avemarías de penitencia. Tengo la cabeza en la niña que quería ser santa y que pensaba que Dios la quería por sobre todas las cosas. La que pensaba que Dios sólo quería que fuera feliz. Y ya no sé si me da más pena la niña que fui o el mismo Dios que presenta la Iglesia.
Quinta estación: La vida no es vivir lo que a uno le gustaría vivir
Por primera vez en mi vía crucis un sacerdote no me dice directamente lo que tengo que hacer. No me ordena o recomienda que deje a mi novia.
—Yo no puedo decirle lo que tiene que hacer o tiene que pensar. Usted tiene que leer, escuchar, ver y tomar la decisión —me dice—. Usted ante todo tiene que valorarse a sí misma, conocerse a sí misma. ¿De qué serviría que yo le dijera algo? Usted está informada. Usted ya sabe lo que dice el Papa al respecto. Y no es algo que vaya a cambiar cuando cambiemos de Papa.
—Pero padre, ya sé lo que dice el Papa, y no me gusta lo que dice. Yo con mi novia me siento bien, me siento feliz, enamorada. El Papa hace que todo esto se vea como una aberración. ¿Cómo es posible que algo tan bueno como el amor que sentimos pueda ser tan malo?
—Claro, porque esto es como el señor que dice: “Me gusta más mi vecina que mi mujer”, y eso le hace sentir bien. O un niño puede decir que le gustaría ser Cristiano Ronaldo, o como el cojo al que le gustaría no serlo… Pero esas cosas no pueden ser. La vida no es lo que a uno le gustaría vivir. A todo el mundo le da pereza levantarse para ir a trabajar y les gustaría recibir el cheque todos los meses sin tener que madrugar. No se vive de las apetencias.
—Pensé que estábamos aquí para ser felices. Para buscar nuestra felicidad. Yo soy lesbiana, me hace feliz y no puedo evitarlo.
—Uno puede ser homosexual y ser católico y creyente y vivir una vida con fe, usted no puede excusarse. Yo conozco homosexuales que son católicos que han decidido renunciar a su homosexualidad y están casados, con mujeres e hijos y son felices por haber vuelto al camino correcto. Al final tenemos que asumir nuestra vida. Usted tiene que asumir la suya y de acuerdo con lo que usted cree y sabe y ha oído y leído. El señor del cuarto piso no puede decir: “Es que yo prefiero vivir con mi vecina, con lo bien que me encuentro con ella, soy más feliz”. Sí, hombre…
No me absuelve de mi “pecado”. Me pide que lo piense y vuelva después a confesarme, que me tome mi tiempo. Antes de irme me recuerda que mientras medite tenga en cuenta que el Papa es el único que no me engaña. Pero yo casi no lo escucho, no puedo sacarme de la cabeza a todos los gays y lesbianas que no logran ser felices porque se creen las historias de la Iglesia, las historias de que no podemos hacer de nuestra vida lo que nos gustaría vivir.
Sexta estación: El amor de verdad sólo está al lado de un hombre
El último sacerdote pertenece a la orden de los capuchinos. Estamos en plena Semana Santa, las conciencias de los católicos parecen revolucionadas y, por primera vez, me toca hacer una cola de más de siete personas para confesarme.
—Tienes que pensar: “¿Esto es lo correcto? ¿Es realmente natural?”. Esto no es natural. ¿Realmente quieres al Señor? Si lo amas y quieres amar a esa mujer de una manera sana, pues habla con ella, pregúntale: “¿Podemos ser amigas?” Si no se puede, pues nada, hay que dejarlo ir, porque no es algo bueno para vosotras ni para la sociedad.
—Pero padre, ¿qué pasa con el amor, la felicidad?
—El amor de verdad sólo está al lado de un hombre.
—Pero padre…
—No, ese placer que sientes no está bien. Esto no es natural. Hay naturalezas que están desviadas, no sabemos por qué. Puede que sea un fallo; tú no eres culpable de esto, pero debes evitarlo. Dios te va a perdonar. Tú eres como la adúltera del Evangelio. Jesús la perdona, pero le dice: “Ya no lo hagas más”. Dios te perdona, pero no lo hagas más.
Mi experimento termina dejándome una sensación muy incómoda en el cuerpo. No soy un monstruo, pero me hacen sentir como tal. No estoy enferma, pero sí tengo una desviación como la de los pedófilos, los asesinos y los violadores. Ni mi vida, ni mi corazón ni mi cuerpo me pertenecen. No debo buscar la felicidad y da igual hacia dónde se dirijan mis sentimientos, siempre y cuando no los exprese.
Los resultados de mi experimento me asquean y me entristecen. Pero no por mí, sino por los receptores y crédulos de este mensaje.
Ilustraciones: Amelia Fragoso.















Que artículo tan bueno!.. y tan triste… seamos de la condición sexual que sea, cómo podemos creer en un dios que nos dice que no busquemos la felicidad, que no nos aceptemos y nos amemos como él nos ha creado, que finjamos una vida que no nos llena, que finjamos el amor y mintamos a los que nos rodean..es este el dios del “amor”, de “la verdad, la luz y la vida”? porque los que le representan más bien predican “la mentira, la oscuridad y lo inerte”. Yo también fuí una niña muy religiosa, que hacía demasiadas preguntas incómodas a los curas y las monjas con los que me eduqué. Siempre me sentí, y hoy sigo sintiendo tras leer este artículo, muy defraudada, decepcionada y enfadada con sus respuestas. Gracias a la autora por mostrarnos que aún nos queda mucho por hacer en esta sociedad…
Cuando quiero comprarme ropa elijo la tienda por su estilo, su relación calidad-precio y por el trato que me dispensan. Si necesito contar algo íntimo no me acerco al primer conocido que veo por la calle, ni tampoco a un amigo poco allegado, llamo por teléfono o quedo con aquella alma gemela que me conoce y sabe qué estoy viviendo. Cuando iba a misa (en la época de la construcciones de las iglesias románicas, año arriba, año abajo)no entraba en la primera iglesia con la que tropezaba ni seleccionaba aquella en la que más abrigos de visón circulaban por el pasillo central para comulgar. No, me acercaba a aquella en la que el sacerdote viviera la palabra de Dios y su mensaje fuera cercano. Desgraciadamente, en la actualidad la postura oficial de la Santa Madre Iglesia Católica es la de intolerancia hacia lo diferente. Se olvidan de la radicalidad del mensaje de Cristo: “Amaos los unos a los otros…”. Me encantaría ver a todos aquellos que nos ven, en el mejor de los casos, como almas a quienes apartar del mal camino, viviendo experiencias de AMOR. En el fondo de lo que adolecen es de ese don.
por suerte, no toda la iglesia católica tiene la misma opinión al respecto sobre la homosexualidad, aunque si que es cierto que la doctrina mayoritaria es la que aquí aparece reflejada, cada vez son mas numerosos los curas y monjas que ven en la homosexualidad simplemente amor y el amor, como sentimiento divino, es precioso se de de la forma que sea. Yo tuve la suerte de tocar con uno de estos sacerdotes, Lástima que desde arriba se intente silenciar a estas ramas de pensamiento de la iglésia católica
Es cierto, muy diferente sería la iglesia si la verdadera voz que se escuchara fuera de aquellos que creen en el amor, en ayudar, en cuidar a la sociedad, y no solo en tener poder y riqueza, como sucede en el vaticano
He leído varios artículos de esta pagina, todos y cada uno de ellos dignos de que se deje un comentario, hay demasiado que decir. Sin embargo, este me ha tocado de forma particular porque soy católica, y soy lesbiana. Así que imaginen el conflicto que es para mi leer esto, saber que en mi iglesia no me aceptaran y que podrían negarme la eucaristía por yo ser homosexual. Yo he dejado de ir a la iglesia desde hace mucho tiempo, pero me pregunto si Dios nos ama por nuestra sexualidad por que somos sus hijos? Debo de estar con un hombre aunque viva infeliz y deseando estar con una mujer cada día de mi vida? Eso si es sano, eso si es entrega a Dios? Mi infelicidad es lo que me dará paso al perdón? Hace mucho me di cuenta que mi felicidad esta en hacer las cosas que hacen feliz mi corazón, sin hacer mal, respetando y siendo respetada, amando a mi mujer y expresar quien soy sin temores. Dios es amor, entonces, Dios me amará por quien soy y no solo por lo que hago.
Claro que Dios te amará, Dios es amor, eso es lo que nos han enseñado siempre, lo demás son tonterías. Tienes que seguir tu corazón
Me ha llamado mucho la atención el comentario de Laniss. Ella, al igual que tantos muchos otros homosexuales creyentes ha dejado de ir a una iglesia que no nos acepta como somos… creo que prácticamente obligan a la gente a alejarse. Pero, aunque yo soy agnóstica, creo que si verdaderamente existe un dios -que ama a sus hijos- este nos quiere a todos por igual, del mismo modo que un padre quiere a sus hijos, ya sean altos, bajos, guapos, feos, españoles, chinos, heterosexuales, homosexuales, bisexuales o transexuales, tuertos, cojos o con dos piernas… Ser homosexual no se puede remediar ni ha de remediarse. Yo soy lesbiana y estoy muy orgullosa de ello, porque no creo que con eso haga mal a nadie. No pretendo insultar a la iglesia ni nada por el estilo, pero creo que no deben intentar cambiarnos a nosotros, sino cambiar sus convenciones y aceptar algo que no es un ‘pecado’, ni una ‘aberración’, sino una necesidad, yo necesito amar a mi pareja, al igual que una mujer hetero necesita amara su marido, o que una niña necesita amar a sus padres y hermanos.
Hola oye podrias decirme el nombre del sacerdote que mencionas en la 5ta estación y en q templo lo viste
Hola Carla. No recuerdo el nombre del sacerdote, pero la iglesia es una que está frente al parque de El Retiro, por la calle Alcalá. Justo casi frente a la salida del metro. ¿Te vas a ir a confesar?
Gracias!
Que curioso artículo, mientras lo leía sentí como que estaba viendo pasar mi antigua vida frente a mí. Sí, yo tuve la misma experiencia solo que para mí no era un experimento. Viví por más de 10 años una vida entregada a Dios y vivía buscando esa santidad para cuando llegara el final de mi vida, pero por dentro vivía un infierno, una pelea entre mis deseos contra la vida casta. Realmente la experiencia de sufrir una violación cuando niña transtornó mi manera de ver la sexualidad, de no confiar en los hombres con los que se supone que uno debe vivir, casarse y tener hijos y además ser feliz. Eso no iba a ser para mí, dije. Prefería vivir sola y empezar a ahorrar para mi vejez desde los 26 años y cuidar de mi madre para siempre, ese era mi plan. Quien sabe porqué pero el Dios de la Iglesia católica no creo que lo haya hecho y es que cuando tenía esos planes conocí a mi primera relación lesbiana, fueron tres años confusos entre la religión y lo que mi corazón y la felicidad me dictaba, no me había sentido tan plena como hasta ese momento. Las confesiones fueron muchísimas, exesivos intentos por cambiar en quien me estaba convirtiendo y cambiar a la otra persona, no se pudo más que terminar mal con esa relacion. Después de esa experiencia ya no miraba la vida igual, empecé a alejarme de la iglesia que me causaba represión y dejar de sentirme culpable por sentir felicidad, amor, comprensión, etc. Posterior a esa experiencia, conocí al amor de mi vida, mi esposa actualmente, y desde entonces puedo decir que finalmente siento una felicidad plena, tengo la suerte de vivir con esta persona especial, que me ama, me cuida, me protege, que nunca me hará daño y lo mismo siento yo hacia ella. Gracias al destino que nos permitió conocernos y ser felices para compartirlo mutuamente. Lo que la iglesia, los conservadores y mama piensen de mi nueva vida me viene sobrando, no vivo para ellos vivo para mi y para mi pareja y eso es lo único importante.
Muchas gracias por compartir este testimonio tan especial, tan íntimo, con momentos muy duros y con un maravilloso final feliz. Un gran abrazo
Ademas de conmovedor, es muy emotivo lo que dices, porque enfrentaste tus miedos, y decidiste vivir con lo que tu corazón te dictaba. Ser libres no es vivir solo en un apartamento y hacer lo que querríamos. Veo la libertad como el conocimiento de nosotros mismos haciendo lo que nuestro corazón desee hacer. La iglesia es para congregar lo que ya sentimos, pero no para dictar lo que debemos de hacer o ser.
Felicidades por todo el articulo; lo primero que te puedo decir es que lo que te digan los sacerdotes sea tan insignificante, porque si hay sacerdote católicos que tienen hijos, se rasgan las vestiduras y el vaticano los protege; porque van a decir que ser homosexual es un pecado o que somos monstruos, Benedicto sera el ultimo papa se lo aseguro, de ahí habrá un total cambio en la iglesia católica. yo estoy bautizada, tengo primera comunión, confirmación inclusive uncion de los enfermos, solo me falta el matrimonio y el día que me case sera bajo la iglesia anglicana que casa a personas homosexuales.
Fui criada en un hogar católico también tuve formación religiosa en mi escuela, incluso me escogieron para ser monja; para librarme de esa vocación, le dije a la madre superiora que quería algún día casarme y tener hijos; bueno no le mentí algún día quiero casarme y tener mi hijo con mi esposa, ahora soy estudiante; no me apuro por eso.
para los católicos sacerdotes siempre todo es escandaloso y prohibido, para empezar, hay tanto padre pedofilo, eso es horrendo, eso si, pero ahí los tienen en la iglesia, en el vaticano, en fin.
Cuando se toca este tema me llena de molestia, pero considero que todos tenemos derecho de comulgar y si deseamos confesarnos también, yo voy a misa cuando puedo pero bueno el sacerdote no sabe que soy lesbiana, porque se que si me confieso y lo digo en confesión no me dará la hostia porque ya conozco a estos cabrones, por eso que soy católica pero considero que todo el vaticano debería ser reformado, porque no acepto que en el vaticano solo haya hombres en esos cargos.
bueno saludos y buen reporte me gusto!!
dejo mi correo
Comentaré que me ha parecido por estaciones…
“A ver, a ver, lo primero es que los hombres no son juguetes. No se puede jugar con ellos y desecharlos. Tú tienes que buscar a un hombre aunque no seas feliz con él. Ofrécele esta infelicidad a Dios, también ofrécele la pena de dejar a esta chica.” QUE?? Esta frase me ha dejado a cuadros… ¿Buscar a un hombre aunque no seas feliz con el? ¿Así se va al cielo? Sinceramente (y lo siento porque eres creyente) pero si ese es el precio del cielo, prefiero pudrirme en el infierno…
De la segunda estación… poco tengo que decir, salvo que lo de “pecado mortal” a que se refiere? por ser lesbiana te mueres? viene Dios a matarte en persona? o llaman a la santa inquisicion? (que como está la cosa poco les falta…)
Tercera estación: el tio ese está mal de la cabeza… es que… Este es de los que aun cree que somos el diablo… y que por eso atraemos al pecado… y al infierno… este se cree que las lesbianas son brujas poseidas fijo…
Cuarta estación… bien, ya sabemos por quien votó este en las pasadas elecciones… (y sacó mayoría absoluta…) en fin… tiene los mismos argumentos que la falange cuando ocupó España… 1. Los de izquierdas no queman iglesias… y 2. hay homosexuales de todas las ideologias…
Quinta estación: esto es lo típico de la iglesia tradicionalista… te dice que no luches por nada y que dejes las cosas como están… (cuanto menos revoltoso sea el pueblo más facil es para ellos adoctrinarlo)
Sexta estación: mira… este sinceramente, por como habla, debe ser un gay reprimido… como la mayoria de curas que insultan la homosexualidad… y en el fondo lo que ocurre es que les joda que otros homosexuales puedan disfrutar de sus parejas abiertamente mientras ellos no…
Siento mucho por lo que tuvieras que pasar… no eres un monstruo ni vas por un camino equivocado… soy atea, pero, si Dios existiera, creo yo que querría la felicidad para TODOS sus hijos…
No tengas en cuenta lo que unos hombres con sotana manchando el nombre de Dios digan… Esos hombres no saben de amor, viven en celibato… nunca amarán, ni tendrán hijos… no saben que es el amor, lo feliz que se puede ser amando a alguien… por eso aprendí a no tener en cuenta lo que un cura diga sobre el amor… ya que es un sentimiento que jamás experimentará en si…
Solo decirte que mucho apoyo… si eres cristiana, siendo una mujer de buen corazón que quiera a su novia y a su familia, y que de lo mejor de sí… el cielo jamás te será cerrado… al menos, debería ser así… no recuerdo que el evangelio dijera nada contra la homosexualidad…
Finalmente… gracias por compartirlo…
y nada jajaj nos leemos >__<
Qué gran artículo!
Bueno, España es así. En San Francisco puedes ir a misa siendo lesbiana, con tu novia de la mano y los curas son en general más abiertos.. por lo menos donde estuve yo. Algun dia España se parecerá en eso
Yo soy cristiana y como me contaban de pequeña “dios es amor” y todos somos iguales por dentro. Hombres y mujeres.
En fin, solo quería decirte que la Iglesia va a cambiar mucho.. el día en que las mujeres puedan confesar, verás como te dicen otra cosa!
Toda la razón, qué bien habría sido ser confesada por mujeres
Esto me recuerda a la experiencia de una amiga cercana, que no se decidia si decirle a su novio que era lesbiana o no.. Asi que se acerco al sacerdote de su iglesia (ella era muy catolica y cercana a la iglesia) pues el sacerdote concluyo sencillo en darle un consejo; “NO le digas nada, no lo comentes con nadie y sigue tu vida tal como es, con tu novio y con las demas aventuras sin mas afan, no pasa nada muchas personas viven su vida asi” … Cada sacerdote toma las cosas a su modo, pero todos condenan nuestras vidas, enlas que somos felices.. si nacimos o nos hicimos que mas da?!
Toda la razón… y qué pasó con esa amiga?
pff…
lo de “no pasa nada muchas personas viven su vida asi” parece que lo decía por el mismo…
En la iglesia hay mucho homosexual reprimido, -y muchos lo pagan con niños…-
Yo no otorgaría importancia a los consejos que me de sobre el amor a alguien que nunca ha tenido pareja…
La iglesia católica va por el mal camino y luego se sorprende de que tiene las iglesias medio vacías y solo con gente muy mayor. No quieren ordenar sacerdotisas a las mujeres, se empeñan en el celibato y no quieren sacerdotes casados, no aceptan las uniones de homosexuales, no aceptan la anticoncepción, no quieren mulas ni bueyes en el belén, no aceptan el divorcio. Sin embargo bien que ocultaron a sus sacerdotes pedófilos y tuvieron el descaro de hablar de delitos que prescribían (cuando las víctimas eran seres indefensos y hasta minusválidos). No merecen mi respeto. La alta jerarquía es muy sinvergüenza. No los necesito. Soy atea. Y si dios existe no puede apoyar a estos que han hecho tanto daño. Sin embargo conozco a monjas que son excelentes personas y puedo decir lo mismo de sacerdotes y que tienen mi aprecio y afecto.
Antes que nada quiero felicitarte porque es un artículo inigualable, es genial y escribes de un modo maravilloso, por otra parte es muy interesante el tema y también es muy triste, muchas personas sufren esa clase de represión y viven todas sus vidas así, sin poder ser libres de ser ellas o ellos mismos y además privan de una verdadera relación a las personas con las que se casan, es triste que el amor se convierta en una empresa monopólica de la iglesia, lo más triste que ni siquiera les interese la felicidad de sus feligreses, conozco a varias lesbianas que son católicas, que creen en Dios, pero ninguna que crea en la iglesia, porque la iglesia se ha incargado de hacerlas a un lado, pero ellas jamás se alejaron de su fe
Ami lo que me decepciona es lo fácil que es culpar de los errores a los demás y no hacerse responsables de sus actos, por eso hoy día hay tantas enfermedades, secuestros, deformaciones, violencia en general, porque todos tenemos la razón (por lo menos eso creemos), pecar significa hacer algo que daña y te guste o no la palabra de Dios (no la religión católica, si no toda la palabra de Dios quien sea que la ponga en practica habla de hombre con mujer solamente) así que no se trata de que te guste, se trata de que la aceptes y la sepas vivir. Si no crees en Dios es tu asunto simplemente no eres uno de la cifra de católicos que marcas al inicio y con eso yo no tengo problemas afortunadamente no te conozco, suerte por cierto, sería bueno descubrir que tanta verdad hay en tu relato porque respecto a lo que dices de los sacerdotes no te creo ni una palabra y recuerda que la biblia habla en su último libro que solo se salvaran 144,000 (que significa no todos)para que no creas que eres necesaria para que se cumpla esa profecía. Si te sirve de algo las personas como tu viven cosas muy buenas, son felices, se divierten, les va bien en su trabajo y todo pero que yo sepa no por mucho tiempo y eso lo leo continuamente no lo invento, así que vive hoy, disfruta hoy porque tal vez mañana te haga falta esa felicidad supuesta que dices vivir para mantener una sonrisa el resto de tu vida ojalá gente como tu pudieran apreciar la vida verdadera desde ya y no solo lo que da satisfacción temporal, hasta luego y me disculpo, mi intención no es dañar ni ofender a nadie es solo que hace falta volver a hacer las cosas bien y vivir para recuperar y disfrutar lo que hemos perdido, la paz y la tranquilidad de nuestras vidas, por último;Hay varias reglas no católicas sino del mundo, que siempre han funcionado “polos opuestos se atraen” “las diferencias se complementan mejor” etc. creo que ejemplifican el hombre/mujer deberías empezar a ver a tu intrior y no a tu alrededor, Saludos.
Interesante investigación, soy hetero pero igual comparto mi opinión al respecto. No soy católica sino protestante y, por obviedad, he crecido en un ambiente donde la homosexualidad ha sido considerada una especie de comportamiento desviado, sin ir más lejos, mi madre es bastante intolerante en este asunto a tal grado que si ve a un par de chicos gays o chicas lesbianas besándose no deja de repetir que eso está mal, que cómo es posible y un gran etc. Lo cierto es que en mi fuero interno, a veces deseaba que todas las personas fueran “normales” por así decirlo. Es decir, veía las cosas desde mi punto de vista hetero y me preguntaba por qué aquella chica se sentía atraída a la otra cuando había chicos tan guapos y si era feliz siendo de esa forma; más con el tiempo llegué a la conclusión de que la gente es como es y que Dios únicamente es el que sabe por qué. Quizás es una forma de aprender a ser tolerantes.
Por cierto, no es exclusivo de la Iglesia Católica, si buscan las opiniones de las sectas son peores y humillantes…infórmense chavas.
Y de verdad,la castidad es para hombres y mujeres (gays y heteros) No se trata de que cambien, sino de que vivan una vida sin excesos ni descaros. Por favor, no se alejen de Dios, que Él nos ama, aunque muchas de ustedes digan que “no es un Dios de amor”. En serio, vayan con un sacerdote joven, a veces los viejitos por su edad pierden el avión.
Me parece fenomenal este relato, créeme que fuiste MUY objetiva al realizar ese tipo de experiencia, porque tienes bases para hablar al respecto y sobre para seguir luchando y viviendo agradecida y plena con lo que eres hoy en día.
Me impactó mucho tu posición pues actualmente tengo 20 años y crecí en una familia Conservadora y católica “hasta las metras” como decimos aquí en Venezuela. Mi familia pertenece a un movimiento llamado camino neocatecumenal y es un grupo realmente extremista, con tintes “sectarios” además.
Crecí asistiendo haciendo “comunidad” cómo le dicen, y de pequeña fue una buena experiencia, no diré que si aprendí muchos valores, como la humildad el servicio, la compasión y el poder confiar en Dios en las dificultades y agradecer las alegrías. La sencillez, el pode pensar en el “otro” y quitarse del centro en donde uno a veces de forma “egoísta” se ubica y lastima al que esta a nuestro alrededor. Sinceramente Sirvió de mucho para mi. Pero actualmente la Iglesia católica dejó de dar respuesta a mi realidad personal, a mi forma de ser y sentir, por lo que solo por “obligación” debo seguir asistiendo, todo para que no me echen de la casa.
No es una situación sencilla, pero cada día tengo más claridad con respecto a la iglesia catolica, que seguramente a otros les seguira dando respuesta y ayuda, ¡Y bien por ellos! que tengan ese beneficio esa herramienta… Pero la mía y por lo visto la de todas las chicas que hemos comentado tus post ya no lo es.
Desee la santidad, ¡Estuvo a punto de irme a un convento en canarias! cuantas oraciones, coronillas, ayunos. Cuanta evasión a la chicas que me atraian, en especial a la que amo con todo el caudal de mis emociones y sentimientos. ¡Por suerte! por esa actitud de miedo al “pecado mortal” de Amar y amar y más amar, no la perdí para siempre, si no que hoy despues de un par de años sin saber de ella, la encontré ¡Nos encontramos! y sin duda ya no puedo ser la misma, su amor y mi “despertar” me han hecho invencible ante el juicio y la negación de la iglesia catolica, de la expresión más alta de la caridad. ¡El amor!.
Saludos a todas, Paz y Bien!
Amense a si mismas y a quienes las rodean, sean compasivas y tranquilas ¡Dios no rechaza!
Andrea.