Temer a la mujer de mi vida

Directora Revista MíraLES

Las Mujeres.
Las mujeres no somos violentas.
Las mujeres amamos de verdad.
Son los hombres los que maltratan, los que golpean, los que humillan.
Mitos.

Mitos que deambulan por el imaginario, dotando a las ideas de la facultad de colorear en tonos pasteles un cuadro que representa la ternura y la compenetración de las relaciones lésbicas y que se acomoda tan fijamente entre ceja y ceja que puede dificultar reconocer el maltrato como tal cuando éste se presenta.

Porque el maltrato no viene teñido de colores pasteles, el maltrato no entiende de ternura. El maltrato pinta de un color que duele y que marca. A veces incluso que quema, quema la piel y deja huellas para siempre.

En la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de la ONU de 1993 se estableció que “violencia de género” es la que hace peligrar los derechos fundamentales de las mujeres, su libertad e integridad física. Es el tipo de violencia que responde a cualquier maltrato físico, sexual o psicológico en contra de ellas, tanto en actos como en amenazas.

Muchos organismos internacionales sostienen que la violencia de género es principal causa de muerte de las mujeres de entre 15 y 44 años.

A la violencia de género también se le denomina, en muchas ocasiones, violencia machista, dejando en el imaginario colectivo la idea de que la mujer que sufre de maltrato sólo lo sufre a manos de un hombre.

Desde la aprobación de los matrimonios para parejas del mismo sexo en 2005, en España se ha registrado un caso de un hombre asesinado por su marido. No se han publicado estudios de hechos de violencia en parejas homosexuales en el país, pero se conocen los resultados de uno realizado por la revista gay norteamericana Advocate. Según éste, el 32,2% de las parejas de lesbianas y gays sufre de violencia doméstica y, dentro de este porcentaje, es mayor la proporción de lesbianas maltratadas que de gays.

A la hora de identificar la violencia dentro de una relación lésbica hay ciertos puntos que nos juegan en contra. Por un lado los mitos anteriormente mencionados, al concebir la idea de la mujer como ser pasivo y no agresivo que se mantiene al margen de la ira ciega, el maltrato puede diluirse por varias vías antes de encontrarle la justa explicación.

Por otro lado, nos juega en contra la concepción que se nos ha enseñado del amor, donde los celos son una prueba patente de sentimientos verdaderos, donde una persona se convierte en propiedad de la otra y se establece la dominación cuando la relación se formaliza.

Y, por último, la violencia entre parejas de lesbianas es invisible. Las campañas que se realizan a nivel masivo están destinadas a alertar de la violencia que un hombre ejerce sobre una mujer. Sólo la asociación Colegas lanzó en noviembre del año pasado una campaña denominada: “Ni una pareja será ni más ni menos que yo”.

Es necesario luchar para que esta invisibilidad, para que los mitos de las parejas lésbicas y las falsas creencias del amor no enturbien la mirada de una mujer a la hora de reconocer y denunciar el maltrato y la violencia a la que se le somete. No enturbien su mirada a la hora de reconocer que, de pronto, la mujer que era el amor de su vida se transforma en la mujer a la que le teme.




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