Teresa Forcades

Teresa Forcades i Villa: “La institución que conocemos con el nombre de Iglesia puede y debe cambiar”

Después de más de una año de trabajo os traemos esta fantástica entrevista. Teresa es, cronologicamente, mujer, médica, teóloga y monja. Pero además de esto también es feminista y polémica por sus modernas ideas acerca de la Iglesia y la evolución del mundo en general, incluyendo en estas su visión del “mundo” LGTB.

Confío en que os va a encantar.

1-Dando un repaso por su historial académico tenemos a una mujer que en 1990 se licencia en Medicina, en 1995 consigue la especialidad de internista, obtiene una beca de Harvard y prepara una tesis sobre “Implicaciones filosóficas y los retos del diálogo multicultural”. ¿Cuáles eran sus expectativas de vida en el momento en que eligió estudiar medicina?

Deseaba quedarme en la universidad, combinando asistencia e investigación. Colaboré con el departamento de enfermedades infecciosas del Hospital Clínico de Barcelona y mi deseo era formarme en los EEUU para volver después a ejercer, investigar y dar clases en Barcelona.

2-Nada más graduarse, en 1997, ingresó en el monasterio Sant Benet donde siguió estudiando medicina pero también teología. Cuesta creer que una persona que estudió medicina, que cree en la ciencia también crea en lo divino ¿En qué momento sintió que su camino debía dar un giro y entregar su vida a Dios y a los demás?

Provengo de una familia anticlerical. A los quince años leí por primera vez los evangelios y me convertí, pero ser monja no me lo había planteado de adolescente. O quizás sí, pero me daba miedo el celibato. Cuando era adolescente pensaba que no se puede vivir en plenitud sin tener pareja. Al acabar la residencia de medicina interna en los EEUU tenía que preparar un examen para obtener el título de especialista. Buscaba un lugar de silencio donde poder pasar algunas semanas para estudiar. Y viene a parar a la hospedería de las monjas, en el que ahora es mi monasterio. Desde el primer día me sentí atraída por el lugar. Al principio era una sensación suave. No suenan las campanas y dices: ‘Me tengo que hacer monja’. Es más bien una expectativa que crece poco a poco. A la tercera semana de estar aquí pensé: ¿Te imaginas poder vivir así?. Sentía miedo y fascinación a la vez. ¿Sería posible que Dios me estuviera llamando? ¿No es una ridiculez pensar que Dios ‘llama’? Me compré la Regla de San Benito y me sentí identificada con aquel documento del s. VI. La abadesa del monasterio me llamó y yo creí que se había dado cuenta de mi sentimiento. Pero no fue así. Me pidió si, aprovechando mi estancia en la hospedería, podría dar una charla sobre el SIDA a las hermanas. Y sin ella saberlo me dio la oportunidad de preparar una trampa a las monjas, para salir de dudas sobre si aquel monasterio hasta entonces para mí desconocido podía ser un lugar para mí. El SIDA me permitía hablar de la homosexualidad. La sorpresa fue que las monjas del ‘tema’ homosexualidad prescindieron totalmente y lo que hicieron fue hacerme con gran interés preguntas concretas sobre el grupo, que si eran muchos o pocos, que si había mujeres entre ellos, que si las familias les daban apoyo… etc. Yo no sabía la respuesta a ninguna de estas preguntas y me sentí como la cazadora cazada. ¿Por qué no había preguntado yo más cosas sobre las personas concretas del grupo? ¿Por qué no sabía si había mujeres entre ellos? ¿Por qué no sabía si tenían apoyo de las familias? Sentí que yo había ido de ‘progre’ a pasar el test a las monjas, a ver si daban la talla con el tema homosexualidad y sentí que ellas del tema habían prescindido y se habían fijado en las personas. En voz alta no dije nada, pero por dentro pensé: ‘Yo quiero ser como ellas, yo quiero aprender a vivir así, yendo de persona en persona y no de tema en tema’. Disimulé, pero en aquel momento lo tuve claro. Y hace catorce años que aquí estoy.

3-Usted es una mujer de contrastes que no deja de sorprender. Desde 2003 ha publicado libros como “Valores feministas emergentes” o “La teología feminista en la historia” sorprendiendo, imagino, tanto al clero como al público. ¿Cuál fue la reacción de unos y otros?

En ‘Valores feministas emergentes’ reivindico el enfado, la indignación de las mujeres como algo positivo y en cualquier caso preferible a la tristeza o el desánimo. Algunos sacerdotes manifestaron que esto no les había gustado. En ‘La teología feminista en la historia’ (libro que acaba de publicarse este mismo mes en castellano) reivindico que desde la perspectiva cristiana debe considerarse a los varones tan capaces como las mujeres de amar y, por tanto, de responsabilizarse por las tareas de cuidado tanto de la casa como de las personas dependientes de la familia.

4-¿Cómo puede pertenecer, siendo feminista, a una entidad totalmente machista que además no ha hecho ni un solo gesto de cambiar esta situación en 2000 años?

Porque creo que el machismo no forma parte integral del mensaje cristiano sino que le es contrario. Y porque creo que la institución que conocemos con el nombre de Iglesia Católica puede y debe cambiar.

5-¿Cómo cree que puede ayudar a las mujeres estando dentro de la Iglesia?

La principal ayuda que las mujeres podemos ofrecernos las unas a las otras es la de mantenernos fieles a nosotras mismas, a nuestras experiencias de sentido y de felicidad, sin importar si son o no políticamente correctas. Esto es lo que intento hacer estando dentro de la Iglesia.

6-Hace ya tiempo que expresó su apoyo a las mujeres que deciden poner fin a sus embarazados no deseados. ¿Es más importante la dignidad de una persona o la fe?

La dignidad y la fe no pueden ser incompatibles. No puede existir la fe sin la libertad personal.

7-Desde su visión feminista, supongo, también cabe el reconocimiento de los derechos de las mujeres lesbianas. ¿Qué le parecen los avances conseguidos por el colectivo LGTB en los últimos años? ¿Cree que son mejorables?

En Berlín tuve la oportunidad de escuchar a la filósofa lesbiana Judith Butler criticar a los colectivos homosexuales mayoritarios por su aburguesamiento. Creo que el movimiento LGTB debe tomarse muy en serio estas críticas y no dejarse manipular por los valores de la sociedad de consumo, del usar y tirar. En este sentido me interesan las reflexiones ‘queer’ y de hecho en la Universidad Humboldt de Berlín estuve dando clases el curso pasado sobre teología queer.

8-Existen estudios psicológicos que afirman que los niños y niñas criados por lesbianas y gays tienen una estabilidad emocional perfecta, la misma probabilidad de ser homosexuales y son mucho más tolerantes que el resto de niños. Sin embargo, hay otros estudios, la mayoría de universidades o entidades católicas como “el foro de la familia” que exponen todo lo contrario. ¿Dónde se posicionaría usted y por qué?

Los estudios que conozco determinan que el grado de madurez, felicidad o estabilidad psíquica de una niña o niño no depende de la orientación sexual de sus padres sino solamente de la calidad del amor que reciba. A mi me parece que una pareja homosexual debe tener igual derecho a la adopción que una pareja heterosexual. Otra cosa distinta es concebir un hijo a sabiendas que uno de los progenitores no va a responsabilizarse de él o ella, que solamente va a pasarle los genes. Esto creo que es problemático desde el punto de vista ético tanto si la pareja que lo realiza es homosexual como si es heterosexual.

9-En una entrevista suya pudimos leer: “no debemos hablar de amputación o represión de la sexualidad, sino de experimentarla en un contexto que no es el de la vida de pareja. Lo cual significa que una persona célibe puede enamorarse.” ¿Considera pues lo mismo la sexualidad que el amor? ¿Este enamoramiento, digamos platónico, podría darse tanto hacia hombres como hacia mujeres?

Creo que la sexualidad es el trampolín del amor, tanto para célibes como para no célibes. También hacia Dios se dirigen al principio anhelos basados en poseer y ser poseída. No creo que sea lo mismo la sexualidad que el amor puesto que una violación es un ejercicio de sexualidad pero de ninguna manera puede concebirse como un ejercicio de amor. Creo que todo amor, también el amor a los propios hijos y el amor a Dios, tiene un componente sexual y creo que todo acto sexual, incluso una violación, esconde el anhelo de ser amado.

10-En nuestro número del mes de diciembre cinco mujeres nos contaron su historia. Mujeres que entregaron su vida a Dios y en el convento se dieron cuenta de su verdadera orientación sexual. ¿Es esto más común de lo que nos hacen ver?

Esto existe, mas no sé decir si es o no muy frecuente. Mi suposición es que la proporción de lesbianismo en los monasterios debe ser parecida a la proporción en la población general. En cualquier caso, lo importante tanto para la vida monástica como para cualquier otra forma de vida es la autenticidad y que lo que dices vaya de acuerdo con lo que haces.




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