Víctimas y verdugos del desamor

Desaparecida por reinvención. Así estuvo los dos últimos meses la Doctora Dietrich, ese seudónimo entre pretencioso y glamuroso que me inventé para hablar de relaciones, sexo y amor, desde una coraza basada en el control de las situaciones y de mis respuestas.

Pero la doctora Dietrich no podía seguir adelante así. Llevaba dentro de sí a una pequeña bollera pretenciosa, no así glamurosa, cuya única armadura era su piel. Y de esta manera, muy irresponsablemente, se fue la pequeña bollera Daniela a la guerra. La guerra entendida como el amor cuando es tempestuoso, cuando se mide y no se entrega, cuando se moldea en forma puntiaguda y se lanza al pecho de la otra persona. Cuando deja de ser amor pero todavía huele a piel tibia.

Hay un momento en la vida, en realidad varios, donde es necesario parar el tiempo de golpe, como en las películas. Salirse del fotograma en que se está inserta en ese momento, sentarse con unas palomitas en una butaca cómoda, y observar todo desde afuera. ¡Vaya! ¿Cómo se ha llegado hasta ahí?

Es fácil. En mi caso no era culpa de Ana. No era culpa de mis padres. De la oposición que no me saqué, del trabajo que no me gustaba ni de mis ex. Yo había escrito el guión de mi propia vida y me había asignado dos personajes. La doctora Dietrich y la pequeña bollera Daniela. Moviéndome en un espacio que oscilaba entre pensar que yo ya venía de vuelta y negarme a sentir la vulnerabilidad máxima.

Con Ana me refugié en el papel de víctima. Víctima de su volatilidad. De su falta de compromiso, de su desgana y de sus temores. ¿Pero es que realmente en el desamor hay culpables? ¿Víctimas y verdugos? ¿Es verdugo quien no quiere estabilidad, quien no se enamora de ti de la misma forma en que tú te enamoras de ella? ¿Es víctima quién quiere más?, ¿quién entrega más comprensión y cuidado a pesar de no recibirlo? ¿Es verdugo quien no me cuida ni hace lo que yo necesito para considerar que se me trata con respeto?

El papel de víctima reporta cierta satisfacción. Tus amigas te consuelan, abren largas brechas en su agenda para tomar cervezas y despotricar contra la deshumanización de quien no ha sido capaz de quererte. Se abren debates y nacen teorías acerca de por qué no se compromete, por qué es tan egoísta. Se busca desesperadamente responsabilizar a la otra de no haberte querido. Por su locura. Su estupidez. Ni siquiera es tan guapa como parecía al comienzo.

Hace falta salir del fotograma para salirse también de los papeles. Para quedarse un momento en silencio, a solas. Para mirarse al espejo y mantenerle la mirada al verdadero verdugo del desamor, a quien ha tomado todas las decisiones desde el principio: una misma.

Fotografía Leonardo Parrada




There are 2 comments

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  1. Chari

    Concuerdo contigo, sólo nosotras somos responsables de nuestra felicidad.
    No hay victimas ni verdugos,lo único que hay que hacer es decidir si queremos o no queremos lo que la otra persona nos ofrece, y ofrecer, únicamente lo que nos haga felices a nosotras
    Me ha encantado lo que has escrito.


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