
El planteamiento de este artículo es hablar del “mundo homosexual” desde el punto de vista de una “heterosexual” pero mis principios me impiden hacer distinciones de ningún tipo a este respecto.
Para mí todos somos iguales y si hubiera alguna diferencia, quedaría en la intimidad de cada uno, por lo que sobran las opiniones.
Y he llegado a esta conclusión porque nunca he catalogado a las personas que me he ido encontrando por mi vida por según con quién se acuesten; si había química podía haber amistad y si no, pues hasta luego.
Evidentemente he conocido a muchas personas y puedo decir que tengo bastantes buenos amigos. Cada uno se acuesta con quién quiere pero fuera de la cama todos me parecen iguales, con sus defectos y con sus virtudes y con sus diferentes formas de ser y ver la vida, todas muy respetables.
La primera vez que un amigo me dijo que se había enamorado de un chico yo tenía 17 años. Lo que menos me impactó es que me estuviera diciendo que era gay, simplemente me sentí triste porque estaba enamorada de él y nunca podría corresponderme. Compartí, años más tarde, muchas veladas con mi amigo y su novio y siempre transcurría todo con absoluta normalidad. Defiendo el amor por encima de todo.
La segunda vez que uno de mis mejores amigos, hasta la fecha, me dijo que se había enamorado de un chico, yo tenía 24 años y me pareció precioso porque él estaba feliz; pero no reparé en su homosexualidad. Hoy en día ellos no son novios y ambos son amigos míos.
Cuando una de mis mejores amigas me dijo que se separaba de su marido porque se había enamorado de una chica, yo tenía 36 años y preferí hablar con ella todo lo que conllevaba su decisión y la trascendencia que podía tener, sobre todo para ella misma y para sus seres queridos, pero no del hecho de que me estuviera confesando que fuera lesbiana. Durante los años que duró su relación fui amiga de las dos.
Hoy en día, más de la mitad de mis amigos son homosexuales pero no lo quiero más o menos por eso, sino porque son personas fantásticas que me gusta tener a mi lado y que me han respondido en los bueno y en lo malo.
No creo que ninguno de mis amigos merezca tener menos derechos que otras personas sólo por enamorarse de personas de su mismo sexo. Quiero que cada uno de ellos, se enamore de quien se enamore o se acueste con quien le apetezca, tengan el mismo respeto en la vida.
Ante todo defiendo el amor. No me gustaría que nadie me tratara diferente por la forma en que me manifiesto ante el amor y el sexo.
Tengo 41 años y ante todo defiendo la igualdad.
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¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.