
No soy lesbiana. Me llamo Héctor Méndez y quiero compartir mi experiencia como padre de una hija lesbiana. Es el día de mi matrimonio civil con mi segunda esposa, en una zona rural de mi país, Chile, un lugar encantador, asisten familiares y amigos cercanos, entre ellos mi hija adorada. Todo transcurre en el marco de una clásica celebración, los novios firmando el acta que nos consagraba como esposos, los abrazos y copas al cielo deseando los mejores parabienes, la comida, la música presentes.
Al atardecer todos agrupados en sus mesas fumando, conversando animadamente, visualizo a mi hija y la hago una señal y nos alejamos abrazados del bullicio familiar a conversar privadamente, compartimos una mutua alegría por el acontecimiento, hasta que en un momento me dice:”Papá tengo algo que contarte…” ,¿qué es?, le digo, me responde con dificultad, como preparando algo parecido a una bomba emocional… le interrumpo y le pregunto: “¿hija, eres lesbiana?”. Un silencio se apodera de nuestra intimidad y observo la fiesta como una película de cine mudo. “Sí, es eso”, me responde mi hija.
La respuesta no me tomó por sorpresa, ya que me considero cercano a mi hija y si estás atento como padre es posible saber o intuir ciertos acontecimientos. Ella es periodista y unos meses antes de mi boda me dijo: “papá voy a hacer una entrevista a un bar de chicas lesbianas”, luego de unos días me comenta lo bien que le pareció escribir el reportaje: “las chicas son muy amorosas y tiernas” me comentó con entusiasmo.
Después de su revelación nos dimos un gran y largo abrazo, mi deseo era traspasarle físicamente aquello que le dije verbalmente: “tienes todo mi apoyo, lo único que quiero es que seas feliz”. No es fácil enfrentarse a esta situación, pasan por tu mente muchas inquietudes, especialmente temores sociales del rechazo a que se pueden exponer tus hijos, donde no estamos preparados para entender la relación homosexual. Culturalmente le damos un contenido de libertinaje, malas prácticas, mucho de lo cual está asociado a la ignorancia por lo desconocido, es más fácil reaccionar negativamente.
Quiero lo mejor para mi hija y su camino de vida, mi sentir es fortalecerla y no dejarla emocionalmente vulnerable con mis dudas, no me corresponde, sólo la amo con todo mi corazón.
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¿Dónde se denuncian los robos de cosas intangibles? En abril llegó una nueva colaboradora a MíraLES. También es víctima de robo. A ella le robaron diez años de su vida. ¿Cómo sucedieron los hechos? Comenzaron cuando tenía 20 años y acudió a su madre para decirle que, al parecer, le gustaban las chicas. Su madre acudió al sicólogo. El sicólogo acudió a sus juicios: “No te preocupes, eres normal (entendiendo normal como heterosexual). Lo único que sucede es que te obsesionas con chicas, pero eso no quiere decir nada, todo el mundo tiene obsesiones. Cuando te vuelva a pasar, vienes a verme”.
Ella vivió una década repitiéndose esas palabras cada vez que se enamoraba de una mujer. Ella vivió una década manteniendo relaciones breves y fallidas con chicos. Diez años le costó empoderarse y que sus sentimientos gritaran más algo que su sicólogo y su madre.