“Cuando dijiste luz / fui sal entre tus dedos”: Ísola, de Nora Almada

Poeta, crítica literaria, gestora cultural y arquitecta, esta bella argentina afincada en Barcelona nos acaricia la piel con sus versos-ola de su poemario Ísola. Leedla y sabréis que no hay salvavidas frente al desamor, pero sí caminos por los que una nube de rabia puede llegar a convertirse en cielo.

Rodeada de corrientes, bajo un sol de fuego late una isla que se sostiene en vilo. Una isla en medio del caos. Una isla con cráter. En su orilla amarra un barco desesperado y por la escalera baja una mujer enferma de deseo, soledad sin salvavidas. Aún no lo sabe, pero allá dentro, en un lugar parecido al desierto, le espera una niña milenaria; una niña que es mucho más de lo que parece.

La llegada 
Entré en tu isla como ciega
no vi los muebles
no vi los libros
Bebí agua como si naciera de la arena
y aleteaba igual que un pájaro
anclado en tu ojo
Sólo te vi a ti
Y si tu isla es una pecera
O una escalinata sin zapato
Si algo cantaba fuera de tu boca
Yo no lo vi
Yo no lo oí
Yo no vi tus barcos
Pero flotaba sobre tu cuerpo
Que era lo único capaz de guardarme

Esa mujer vive en Ísola un amor que es pura entrega, disolución en otra mujer. Ronronea bajo su nombre, come de su mano, se deja entera en sus brazos como bandera blanca, inocente ofrenda en un rito sacrificial, y espera, espera, los dedos cruzados, que en el último momento una voz clame desde los cielos y evite la tragedia. Es la fuerza imparable del deseo:

A veces ese amor aparece lleno de una alegría que, de tan profunda, es casi locura. Es la intensidad de la nada, la pasión que de tan intensa quema, y tras la cual no puede quedar nada más que naufragio, desolación, pura nada. Las amantes náuticas –locas- queman los barcos y se atan la una a la otra en la inmensidad del mar. Una de ellas tira de la otra hacia abajo, tan fuertemente que amenaza con ahogarla.

Más allá de la isla, en el desierto, está la Niña. Sola y sabia, se ata a la cintura una larga cuerda, y ésta a un árbol. Mientras las amantes sucumben en las aguas traicioneras, ella se mantiene fija a sus raíces. Parece menuda y frágil, pero tiene la fuerza y el peso de las piedras del Mesozoico. Peina con parsimonia su trenza antigua: parece joven, pero no lo es. Ella se deja ver, envía señales, hace signos, pero no puede atraparse; se aleja a medida que nos acercamos, como un espejismo. La niña no quiere saber nada de la mujer amada, de la isla y sus fantasmas; se aleja de todo aquello que, como el deseo, amenaza desde fuera con destruir lo que está dentro.

Muevo mis manos
para agitar al viento
Soplo al aire
Para que las nubes vayan
de la isla hacia la costa
y llueva
y llueva otra vez
sobre el desierto
sobre la niña del desierto
que ya no canta
Desde la tierra
llega el vacío
el silencio
que atraviesa el agua
y hace del mar
un espejo quieto
Si la niña abriese la boca
yo dibujaría
la palabra luz

Salvarse es regresar a la niña que aún está ahí, a pesar de todo; atrapar de nuevo lagartijas, coleccionar piedras, dibujar en la arena con un palo, enterrar tesoros, jugar con hojas secas, cuerdas, conchas… desaprender y regresar a la primera forma de saber. Palparse el cuerpo, seguirse los bordes, escuchar el rumor de la sangre bajo la piel. Buscar a esa niña por el tacto, para encontrar la propia voz.

Si la mujer hubiera escuchado a la niña, si hubiera visto los signos… Pero cuando se está ciega de amor, nada más existe. No hay señales que valgan. A pesar de todo, cuando finalmente estalle la tempestad, la voz de la niña será capaz de atravesar las aguas como el relámpago, para enviar al abismo un recuerdo de sí en medio de la pérdida de sí, que es el deseo.

Reaparecida
La niña lanza palabras
que yo creía muertas
baila con los ojos
cubre su cara
con un gesto
en el que yo
sería capaz de dormir

Fotografía de la autora en su isla

Fotografía de la autora en su isla

Pasará el amor sobre la isla como un tsunami, arrastrará los muebles, hundirá los barcos… pero en el centro del desierto, rodeada de dunas y atada a sus raíces, nos espera siempre, aliada fiel, una mirada de arena; una mirada brújula donde leer, esta vez de veras, la palabra salvación.

Todas las citas han sido extraídas deÍsola, Nora Almada, EugenioCanoEditor, Madrid, 2011.

Más información:

Sobre la autora:

Sobre la autora del vídeo “Deseo”:




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