lesbiana en rusia

La mujer lesbiana rusa que lidera la lucha LGTB

Ser lesbiana en Rusia, así como ser gay, bisexual, transexual, es absolutamente peligroso. El Estado ha abierto el camino no solo para criminalizar la homosexualidad, también para que todos los crímenes civiles hacia la comunidad LGTB queden impunes. Puedes dar una paliza a una mujer lesbiana y no pasa nada. Grabar a un adolescente gay mientras lo torturas y lo humillas, difundir el vídeo, y no pasa nada. 

La presión internacional parece no tener efecto en el gobierno de Putin, que hace que la vida del colectivo sea una pesadilla. 

¿Pero cómo vive una mujer rusa y lesbiana esta situación? Hoy tenemos el testimonio de Oksana Berezovskaya, dirigente de Avers, asociación que lucha contra las infames “leyes Milonov” en San Petersburgo, que prohíben la “propaganda homosexual”.

“Samara (en Rusia) es mi ciudad natal, la quiero mucho. Tiene de todo tanto dentro como en sus alrededores: pendientes con vistas maravillosas al río Volga, las calles antiguas y la ribera del río, el parque natural Samarskaya Luka, las montañas Zhigulyovskie llenas de leyendas. Como persona que trabaja con la gente me siento muy cómoda en la naturaleza. Me gusta pasar tiempo sola, caminar por las montañas, pensar y también desconectar del trabajo. Pero lo que más me inspira no son los sitios sino las personas, que son muchas –defensores de derechos humanos de Rusia y mis compañeros de la organizaciones internacionales, personas LGBT y personas heterosexuales.

A pesar de todas las leyes y de la propaganda en televisión, mis allegados y amigos me tratan con respeto. Yo no tengo miedo a pasear por Samara ni a hablar con la gente. De lo que tengo miedo es de la política homófoba del Estado, estoy bajo presión de las estructuras estatales. Hoy en día el Estado te puede encarcelar sólo porque estás luchando por los derechos humanos, porque ayudas a la gente. Sin embargo nosotros hacemos un trabajo muy importante para el mismo Estado. Estoy soñando con el día en que la palabra “defensor de derechos” no sea utilizado como un insulto por el Estado.

Nunca he querido y sigo sin querer irme de Samara ni de Rusia en general. Soy patriota y hago todo para mejorar la vida en nuestro país. Una vez, en la calle, se me acercó una mujer joven, me agradeció mi trabajo y me dijo que pronto vendría al centro. La conciencia de que incluso las personas desconocidas conocen mi trabajo y lo aprecian es muy importante.

El movimiento LGBT Avers fue fundado en Samara por Mikhail Tumasov en 2011. En ese momento yo trabajaba como abogada y mantenía la posición de no intervención. Mi razonamiento era: “Si algo no me afecta personalmente, entonces no digo nada”. Pero cuando escuché a mi padre comentarios negativos sobre el colectivo LGBT ya no pude callarme por más tiempo. Me reuní con Misha y juntos organizamos distintas acciones, como la Semana contra la homofobia y el Día del silencio. Intentábamos parar la aprobación de la equivalente a la “Ley de Propaganda Homosexual” a nivel regional. Por supuesto no pudimos hacerlo y la ley fue aprobada. Pero nosotros seguimos trabajando. Con el tiempo Misha se mudó a San Petersburgo y yo empecé a tomar las riendas del movimiento.

Nuestro logro más grande es el centro que abrimos, que sirve como un espacio seguro para las personas del colectivo LGBT y sus personas cercanas y amistades. Tener un sitio como éste es muy importante. Si antes las personas LGBT no podían hablar sobre muchos temas en sus casas, les quedaba la calle o los clubs. Ahora pueden venir aquí donde nadie les va a callar, donde pueden ser ellas mismas.

Además en el centro les ofrecen apoyo psicológico y jurídico gratuitos y el bufete de abogados “Puls Vremeni” puede defender nuestros derechos ante los tribunales. También tenemos el teatro social, donde se hacen obras sobre los temas actuales. El año pasado alquilamos el espacio de la escuela de queer-tango, y a nuestra representación vinieron 60 personas. El espectáculo era sobre las personas que cada día se enfrentan a la homofobia y aun así no renuncian a sus  relaciones con quienes aman. Se lo dedicamos a los gays que murieron en Chechenia.

Porque la esencia de nuestra lucha en defensa de los derechos humanos es que las personas puedan estar con quienes aman sin miedo. Personalmente yo tuve mucha suerte. Mi familia trata muy bien a mi esposa Vera, y viceversa. Hace poco mi padre me dijo: “Me da igual con quien estés, hombre o mujer. Lo más importante es que seas feliz”. Él entendió la esencia de mi trabajo y cambió su actitud hacia el colectivo LGBT. Espero que algún día esto pase en otras familias también”.




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