Sexo, corazón y juicio

Hay razones que el corazón no entiende. Corazonadas que la razón no aprueba. Y “encoñamientos” que ni la mente ni el corazón pueden explicar. Y, a pesar de todo, los tres conviven tan alegremente y nos convierten en quienes somos. Nos forman como personas, nos hacen avanzar y desplomarnos, y nos dominan en algún que otro momento a lo largo de nuestras vidas. Algunos consideran que son tres períodos consecutivos y otros que se pueden complementar a la perfección. Sea de la manera que sea, lo cierto es que siempre hay alguna etapa presente.

En la primera fase, el sexo nos domina. Ni corazón ni juicio tienen voz ni voto en este momento. El despertar sexual, el hecho de descubrir tu cuerpo y nuevas sensaciones, es más fuerte que cualquier otra cosa. Es la hora de divertirse y experimentar. Cuando el hecho de ser bisexual menos te preocupa e incluso se agradece. Conoces a un chico, te atrae y disfrutas del momento. ¿Que es una chica la que se cruza en tu camino? ¿Por qué no? Hay que deleitarse y disfrutar. El sexo es maravilloso y podemos practicarlo siempre que queramos sin remordimientos y sin compromisos.

Hasta este instante todo iba bien. Creíamos habitar en el séptimo cielo. Y cuando mejor lo estábamos pasando, entra en escena el corazón. ¡Vaya momento que ha escogido para llamar la atención! Es ahora cuando empieza a latir con más fuerza por alguien en especial y no nos permite concentrarnos en nada más. Vivimos en una nube, todo es de color de rosa (siempre que la otra persona nos corresponda, por supuesto). Estamos en el mejor período de nuestra vida, o eso creemos. Ya no podemos acostarnos con cualquiera, sólo tenemos ojos para él o para ella. Y el sexo unido al amor nos parece grandioso (como veréis, la razón aún no ha entrado en acción).

Pero nada dura eternamente, y llega un día en el que el corazón deja de latir acelerado y empieza a sufrir. La relación que profesábamos perfecta, se rompe y creemos caer en un abismo sin fin. Después de muchas lágrimas, y de un retroceso a la etapa anterior (el sexo sin amor suele ser en ocasiones un gran salvavidas), aparece la gran estrella de la película: la razón. Esa gran desconocida hasta el día de hoy que nos hace echar la vista atrás y recapacitar sobre lo que ha sido nuestra vida hasta ahora. Y pretendemos escapar de ella, pero ahí continua tocándonos las narices día tras día. Tratando de convencernos de que dejemos atrás la vida loca y sentemos de una vez la cabeza.

Olvídate del sexo oportunista. Se acabó el acostarse con alguien así porque sí. Olvídate de enamorarte locamente y de volver a perder la lucidez. Ahora toca pensar en el futuro, en formar una familia y en compartir tu vida con una persona lo más afín posible contigo. Mismos gustos, aficiones similares. Sin grandes pasiones. Permanecer con alguien que no te acelera el corazón, pero que está a tu lado en los buenos y malos momentos. Que te coge de la mano y te acompaña en el camino de la vida.

Tres etapas, diferentes argumentos. Sólo hay un inconveniente: que es difícil conformase con esto. Que no debemos permitir que sean fases continuas, sino que deberíamos conseguir que todas se complementen. Enamorarnos cada día de la persona que comparte nuestra vida. Hacer el amor con el corazón y la mente. Vibrar con cada beso y estremecernos con cada abrazo. Sentir que al final del día hemos hecho lo correcto y disfrutado del amor sin límites de ninguna clase.




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