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Tamara de Lempicka: Poderoso arte desenfrenado

El Turbante verde. Es ésta una de obras más conocidas de Tamara de Lempicka. Su significado oculto, ¿esconde una conexión lésbica entre estas dos mujeres?

En publicaciones pasadas dedicamos este espacio a la pintura contemporánea presentando a nuestros lectores a una de las pintoras de referencia del panorama actual, Verónica del Hoyo. En esta ocasión hacemos una retrospectiva a una de las figuras más carismáticas, enigmáticas y controvertidas del mundo del arte: Tamara de Lempicka.

Decía de sí misma que de entre cientos de cuadros, tú podrías reconocer los suyos de inmediato, esta es la frase de cabecera de la página web oficial que contempla su vida, su obra y su pervivencia en el tiempo hasta la actualidad. Nacida en Moscú aproximadamente en 1895, dato sobre el que Lempicka solía mentir con frecuencia, la mayor parte de su biografía se ha ido engranando a través de testimonios de otras personas o hechos concretos, puesto que la artista siempre fue escurridiza en cuanto a su vida privada. De familia acaudalada desde la niñez, durante su estancia en París y Estados Unidos siempre se movió en los ámbitos de los artistas y la nobleza de aquel tiempo, de quienes ejerció como retratista, el lujo y los excesos.

No pretendemos extendernos demasiado en los detalles de su vida (esa información es mejor dejarla para nuestra sección mujeres e historia), el análisis de algunos de sus cuadros con contenido, o supuesto contenido, lésbico es el objetivo de este artículo, pero sería imposible entenderlos sin antes dejar entrever qué tipo de persona encierra esta creadora de fuerte personalidad. Su primer marido la abandona porque en el París de entreguerras se dedica a una vida nocturna desenfrenada, drogas, sexo y sus abusos le sirven como motivo de inspiración para crear los cuadros por los que más tarde, décadas después, será recordada y reconocida en el mundo entero. Su orientación claramente bisexual le permitía disfrutar de hombres y mujeres al mismo tiempo, son famosas sus excéntricas fiestas. ¿Hasta dónde llega el mito y hasta dónde la realidad? Se habla de camareros desnudos sirviendo entre los asistentes y chicas en cueros corriendo entre la gente. Sus prácticas sexuales contaban con la presencia de marineros, actrices y prostitutas, personajes que inspirarían su obra. Se dice que tras las alocadas noches de lujuria, Lempicka volvía a su estudio para pintar hasta altas horas de la madrugada. Se conoce que sintió interés por Greta Garbo, Cecile Beaton o el poeta italiano Gabriele D’Anunzzio, pero según su biógrafa Laura Claridge, sería una de sus modelos de París, Ira Perrot, el posible mayor romance de su vida. Tras gozar de gran celebridad en los años 20, 30 y 40, el declive de Lempicka se hace evidente en la década de los 50 a los 60, principalmente porque sus obras de estilo Art Decó no concuerdan con la moda impresionista de aquel entonces, relegando a Tamara al olvido para más tarde resurgir de nuevo a medidos de los 60 y ser en los 90 cuando estrellas del calibre de Barbra Streisand, Madonna o Jack Nicholson pagan millones por colgar un Lempicka en sus colecciones. Tamara de Lempicka moriría en Méjico en 1980. Su último deseo fue ser incinerada y que sus cenizas fueran esparcidas en la cima del volcán Popocatepetl.

El Art Decó no es sólo un movimiento pictórico. Su presencia está ramificada en la arquitectura, el diseño, la moda o el cine. Fue en la década de los años 20 a los 30 cuando experimentó su máxima explosión, hasta su decadencia a partir de 1950. Se caracteriza por su estilo geométrico y curvo, el empleo de la luz y combinación de colores llamativos y su trazo rectilíneo y simétrico, influenciado por diversos estilos: clásico, cubismo o futurismo. Este arte ecléctico de formas voluptuosas pretendía ensalzar la elegancia, la sofisticación y el lujo. Su máximo exponente en el mundo es Tamara de Lempicka.

Sus pinturas están llenas de erotismo, sensualidad, atrevimiento, fuerza y energía. Sus cuerpos voluminosos y los colores vivos dan personalidad indiscutible a los rasgos humanos como ojos, bocas, cabellos… Toda su estética está perfectamente diseñada, acabada y medida al detalle. Incluso se llegó a calificar sus desnudos como pornografía suave debido a las sensaciones que despiertan. Dentro de la gama de cuadros que envuelven historias lésbicas:

Las amigas (en inglés The Girlfriends), donde podemos ver a dos chicas desnudas, casi pegadas, mirando algo concreto mientras parece que una de ellas casi rozara la pierna de la otra, a la vez que su compañera sitúa su rostro a la altura de sus pechos.

Las dos amigas, no hay duda alguna de que estas dos mujeres son protagonistas en este instante de un placentero acto sexual. A la vez que una de ellas está tumbada con un plácido gesto en la cara, la otra desliza su mano por el muslo hacia su pubis.

Tres desnudos, nuevamente un desnudo de tres féminas que se agarran y retozan en actitud erótica.

Retrato dela Duquesa de la Salle, travestismo tal cual.


Primavera, una pintura tierna y algo romántica de dos chicas (parece que nuevamente desnudas)  en actitud cariñosa.

Mujeres bañándose.

Las jovencitas, dos impactantes chicas de mirada potente y demasiada cercanía.

 

Momentos más que eróticos e insinuantes de la mano de esta genial artista que hizo de un estilo de vanguardia su sello propio.

La camisa rosa

La esclava




There are 7 comments

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  1. Diana

    Su obra es hermosa.. el manejo de sus claro–obscuros, sus figuras femeninas con esa fuerza y ese erotismo que emanaban.. Yo tuve la suerte de ver su obra en el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México.


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