Treinta años

Me queda un mes para cumplir 30 años, para convertirme en un número redondo y bastante significativo. Me costó hacerme a la idea, renunciar a ese matiz tan flexible que acompaña a los “veinti…” Me costó hasta que alguien me dijo: “¿Por qué no te gusta cumplir años? ¿No te das cuenta de cuánto tiempo vas a estar muerta cuando te mueras?”.

Directora Revista MíraLES

Treinta. Me gusta el poder de los treinta. En la primera década de mi vida me dediqué a absorber. Absorber ideas, sensaciones y prejuicios que pertenecían a otros. Me enseñaron a mirar, a rezar, a pensar y a criticar. Y, por sobre todo, me enseñaron a temer: el miedo a ser diferente, el miedo a lo desconocido, el miedo a los que no se parecían a mí o a mi familia.

Los años comprendidos entre los diez y los veinte sirvieron más bien para probar. Para probar estos valores y conocimientos. Para probar cómo se sentía el mundo en mi piel; las ideas que me servían y se acomodaban en mi cuerpo, funcionando tan bien como los órganos, y las que me provocaban urticaria y dolor. La adolescencia me revolvía la cabeza. Por primera vez sentía ganas de morir. También por primera vez sentía amor y placer.

Me tomó otra década, de los veinte a los treinta, proclamar mi independencia. Abrir la ventana y lanzarlo todo. Analizar mis pensamientos y mis más profundas ideas. ¿De dónde venía cada cosa? ¿Era yo la mujer que quería ser o me parecía a lo que me habían enseñado a ser?

Toda una década para escuchar a mi cuerpo y desafiar los miedos adquiridos. El miedo a ser diferente, el miedo a no parecerme a los demás, el miedo a una opción sexual minoritaria que comprometía mi felicidad y todo lo que yo era. Toda una década para darme cuenta de que no estoy hecha de cristal. Que aunque me caiga muchas veces no me rompo fácil.

Los treinta. Tengo ganas de vivirlos. Más liviana, más independiente. También más fuerte. Me tomó 28 años elegir un arma: MíraLES. 28 años escoger mis batallas: la visibilidad lésbica, el deseo de transmitir la necesidad de independizarnos de nuestros miedos y nuestras creencias e ideas arraigadas, de cuestionarlas, de coger una hoja en blanco y dibujar lo que queremos vivir, lo que queremos amar y lo que no estamos dispuestas a transar. De ser nuestra propia creación.

Sólo un mes me queda para cumplir los 30. Y cada vez más energía para escribir y dibujar el mundo en el que creo que nos merecemos amar y en el que nos merecemos vivir.




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