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¿Tres son multitud? Mi historia poliamorosa

Alba besó a otra chica y yo no paraba de repetirle «¿Pero qué estás haciendo, Alba?». Tardé sólo unos segundos en ampliar mi campo visual y ver que Carmen estaba ahí, sosteniéndole la mano a su novia Alba y a Leticia, la tercera protagonista de esta historia.

 

Ser poliamorosa es tener una relación amorosa y sexual con más de una persona a la vez. No, no es poner los cuernos a tu novia, es hacerlo con el consentimiento de todas las personas involucradas. Se describe como «no monogamia consensual, ética y responsable».

 

 

Dejé de bailar y cantar de golpe. Me quedé helada. «¿Pero qué haces?» fue lo que me salió cuando vi a mi amiga Alba besar a otra chica.

Mis amigas Alba y Carmen son novias desde la universidad, llevan tantos años que en este tiempo yo me he enamorado, desenamorado y enamorado otra vez y vuelto a desenamorar y ellas han seguido juntas. Es más, en un mes se casan. Ya tienen un perro y un gato y en unos años quieren tener hijos.

Pero ese sábado que estábamos de fiesta, Alba besó a otra chica, Leticia, y yo no paraba de repetirle: «¿Pero qué estás haciendo, Alba?». Tardé sólo unos segundos en ampliar mi campo visual y ver que Carmen estaba ahí, sosteniéndole la mano a su novia Alba y a Leticia, la tercera protagonista de esta historia.

Nos sentaron a todas y nos contaron: «Tenemos una relación de tres. Somos poliamorosas». Nos quedamos aún más ojipláticas. Alba y Carmen son en nuestro grupo de amigas las más introvertidas o «quitadas de bulla» como se dice popularmente. Podía esperarme un trío de cualquiera, menos de ellas.

La historia había empezado cuatro meses atrás (¡y se lo tenían tan callado!). Lo propuso Alba, Carmen lo meditó unas semanas y aceptó. Abrieron un perfil en una web para poliamorosos con una foto de sus cuatro piernas y esperaron. Respondió Leticia. Estuvieron un tiempo chateando, conociéndose. Crearon un grupo de WhatsApp para las tres. Una tarde quedaron en un bar de La Latina a tomar una cerveza. Había química, conexión.
—¿Te ha gustado?

—Sí, ¿y a ti?

—También.
¿Y los celos?

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Esa fue la conversación de mis amigas tras la primera cita. Organizaron una segunda. Esta vez en casa de ellas. Cenaron, tomaron una copa, y Alba tomó la iniciativa. Besó a Leticia e invitó a Carmen a participar. ¡Y las pobres mascotas mirando confundidas a sus mamis!

Desde ese día comenzó la relación de tres. Leticia empezó a pasar más tiempo en casa de sus nuevas novias que en su propia casa (ya sabéis cómo somos las lesbianas, incluso las poliamorosas). Yo hice mil preguntas:

—¿Y los celos?

—No tenemos —me dijeron.
—¿Y si alguna prefiere a otra?

—Eso no ha pasado, tenemos equilibrio, nos gustan cosas de cada una.

—Mmm… —gruñí incrédula —. ¿Tenéis sexo siempre las tres o a veces tenéis de dos? En este punto me explicaron que podían hacerlo de cualquier manera. Si una tenía que salir o trabajar, las otras dos se quedaban en casa, tenían sexo y luego horneaban galletas para recibir a la integrante del trío que se lo había perdido. O sea, como una película porno pero de Disney.
—¿Y tú? —dije dirigiéndome a Leticia —. ¿No te afecta sentir que ellas son la pareja, que ellas son al final las que se van a casar y que se quedan juntas? ¿Es difícil?

—Sí, un poco —respondió —, aunque estoy muy bien. Es más, mi madre dice que nunca me ha visto en una relación tan estable como ahora.
—¿En serio se lo has contado a tu madre?

Las reglas del poliamor

Ser poliamorosa es tener una relación amorosa y sexual con más de una persona a la vez. No, no es poner los cuernos a tu novia, es hacerlo con el consentimiento de todas las personas involucradas. Se describe como «no monogamia consensual, ética y responsable».
El término viene del griego «poli» (muchos) y del latín «amor». Se popularizó en los años 60 aunque previamente a la palabra, el poliamor tiene una historia larga en muchas culturas.

El alma del poliamor es sentir que la exclusividad sexual y emocional no son ingredientes indispensables para mantener una relación de pareja.

¿Quieres ser poliamorosa? No es tan sencillo, debes antes vencer tus celos y tu posesividad. Poner por encima de todo el respeto y la comprensión. Aceptar la libertad de la otra persona y disfrutar de la tuya. Es renunciar a las relaciones convencionales a las que estamos acostumbradas.
Yo soy más escéptica, o más tradicional.
—Sabéis que esto va a acabar fatal, ¿no? —les digo a mis amigas.

Ellas se ríen… y se meten mano.



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