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“No es mi amiga, es mi esposa” y nuestras pequeñas batallas de visibilidad

Nuestra “invisibilidad” lésbica ha sido un arma de doble filo. Quizás, siendo más joven, antes de salir del armario, podías pasear con tu novia de la mano y que todo el mundo pensara que era tu mejor amiga. Has podido llevarla a casa de tus padres y presentarla como tu amiga del cole y dormir con ella en tu cama, sin levantar sospecha. Hay cierta parte de esa invisibilidad lésbica a la que nos ha reducido la sociedad de la que quizás hemos podido beneficiarnos. 

Pero llega un momento de nuestra vida donde ya nos molesta, nos incomoda, porque tenemos que estar permanentemente luchando por nuestro sitio, por el sitio de nuestra novia, esposa, el de nuestra familia, con frases del estilo de “no somos amigas, somos pareja”. 

A raíz de una publicación viral en Instagram de Vero y Jana, una de las parejas de lesbianas y mamás más famosas de las redes sociales, portadas de una de nuestras últimas ediciones en papel, reflexionamos sobre esto. 

La pareja, conocida como Oh Mami Blue, contaba: 

Nunca me ha gustado llamarme lesbiana, si no MUJER, pero después de vivir el miedo que tiene la gente a llamar a las cosas por su nombre, creo que debemos ser firmes en hacernos visibles y explicar las cosas a quien no sepa verlas o por alguna extraña razón no se atreva.
Después de tener un hijo, vernos de la mano, besarnos, y llevar vida de pareja hay personas en nuestro edificio que nos siguen llamando compañeras, he visto a tu compañera! ¿Hola? ¿Creéis que esto sería igual si compartiese mi vida con un hombre? 
En algunas ocasiones no he dado explicaciones por no incomodar, ¿no incomodar? ¿Por mi condición sexual? Me da risa ahora haber sido tan idiota. Recuerdo estando con Álex bebé en un centro médico, dos personas no paraban de hacerle piropos, y me dijeron que ojos tiene, son del padre? Y le dije no! Son de la madre, ¿pero no eres tú? Si soy yo… pero somos dos. (Y la música sonó). La cara larga, la mirada de rechazo, el murmullo entre ellas, y mi sonrisa, 😀porque ¡soy libre! Y me siento orgullosa, y entonces entendí lo que es el orgullo gay, es la capacidad de vivir libre, de expresarla, sin temer a nada, sin miedo a los juicios.

Tal como cuenta Vero, la lucha por los nombres es larga. Recuerdo en lo personal que la familia de una de mis ex novias, con la que compartí tres años, se refería a mi como la “amiguita”. ¡Amiguita! Y tenía con ellos en ese momento, y sigo teniendo, una excelente relación.

Cloe es una niña preciosa que vive en Barcelona con Marcela y Maca, sus dos mamás. Es muy evidente que es una familia lesbomarental porque Cloe grita por el edificio y por el parque, “mamá”, “mami”, todo el día. Pues aún hay personas, vecinos, que le preguntan a Marcela y Maca cuál de las dos es la “mamá real”, la verdadera. 

La lucha por la visibilidad lésbica va más allá de salir del armario. Porque no es solo la lucha contra una persona homófoba, es la lucha contra todo un sistema que pretende que se no se nos vea, que hagamos poco ruido, que seamos casi imperceptibles. 

 

 
 
 
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Hoy toca reflexionar. Nunca me ha gustado llamarme lesbiana, si no MUJER, pero después de vivir el miedo que tiene la gente a llamar a las cosas por su nombre, creo que debemos ser firmes en hacernos visibles y explicar las cosas a quien no sepa verlas o por alguna extraña razón no se atreva. Después de tener un hijo, vernos de la mano, besarnos, y llevar vida de pareja hay personas en nuestro edificio que nos siguen llamando compañeras, he visto a tu compañera! ¿Hola? ¿Creéis que esto sería igual si compartiese mi vida con un hombre? En algunas ocasiones no he dado explicaciones por no incomodar, ¿no incomodar? ¿Por mi condición sexual? Me da risa ahora haber sido tan idiota. Recuerdo estando con Àlex bebé en un centro médico, dos personas no paraban de hacerle piropos, y me dijeron que ojos tiene, son del padre? Y le dije no! Son de la madre, ¿pero no eres tú? Si soy yo… pero somos dos. (Y la música sonó). La cara larga, la mirada de rechazo, el murmullo entre ellas, y mi sonrisa, 😀porque ¡soy libre! Y me siento orgullosa, y entonces entendí lo que es el orgullo gay, es la capacidad de vivir libre, de expresarla, sin temer a nada, sin miedo a los juicios. Hoy en La Ronda de la preguntas se ha repetido muchísimo una. ¿Qué hago si mi familia no me acepta? Es, creo, de todas las que me hacéis, la que más me cuesta responder. Antes decía, dales tiempo, demuéstrales, pero joderrrr! ! ¿¿Demostrar?? Nos pasamos la vida intentando demostrar normalidad, que valemos, que no somos enfermos, ni raros, y si lo fuésemos ¿que? Siento si a alguien le he dicho alguna vez que demuestre que se puede confiar en él porque es gay, lo retiro, no demuestres nada, porque no hay nada que demostrar. El problema lo tienen ellos. No tú! Así que vive tu vida, y si no lo aceptan te perderan. Ese será su mayor castigo. No creo que nadie se lo merezca. Pero seguiré diciendo que lamentablemente algunas personas necesitan tiempo de asimilar. Educando en la diversidad evitaremos que estas cosas pasen. ¿Qué le dirías a una persona que te hace esa pregunta? Ayúdame a contestarles y dar fuerza. ¿Qué hago si mi familia no me acepta? Pon tu respuesta aquí 👇🏼

Una publicación compartida de Oh!Mamiblue *Food and Love* (@oh.mamiblue) el




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