FugacePiacere

Novela erótica. “Fugace Piacere” VI

Capítulo 6

Cuando llegué a la cafetería me sorprendí al ver el ambiente. Parecía que se estaba celebrando una fiesta, pues la gente se aglomeraba en el interior, bailando al ritmo de una música bastante extraña. Ya me había acostumbrado a ver a los clientes vestidos con los trajes más provocativos y sugerentes, así que en esa ocasión no me detuve a mirar de reojo.

Crucé la sala y eché a andar hacia la habitación de Lady Amanda. Golpeé la puerta con los nudillos, como siempre hacía, pero al no oír nada dentro, giré el picaporte. La puerta estaba cerrada con llave y supuse que la dominante estaría en la fiesta.

Me di media vuelta para buscarla y justo en ese momento oí cómo se abría la cerradura. Lady Amanda salió, apoyándose en el marco de la puerta.

—Llegas tarde.

—Lo sé, lo siento. Me entretuve —le dije, encogiéndome de hombros.

—Espero que entiendas que los retrasos injustificados tienen consecuencias…

¿Consecuencias? ¿Qué tipo de consecuencias? ¿Iba a castigarme por llegar un cuarto de hora tarde?

Asentí y la seguí, notando un olor nuevo en el dormitorio. Parecía jazmín o alguna otra flor de olor fuerte.

—Quiero que te desnudes.

Sus palabras tuvieron el mismo efecto en mí que un jarrón de agua fría. Me ponía algo nerviosa el hecho de que quisiera que me desnudara, porque aquella sería la primera vez que vería mi cuerpo sin ninguna prenda que lo ocultara parcialmente.

Fui quitándome la ropa en silencio, viendo cómo mis pantalones pitillo negros caían al suelo. Luego la camiseta ajustada. El sujetador de encaje. El tanga. La miré, sólo para descubrir en su rostro esa sonrisa maliciosa que tanto me gustaba ver. Me mordí el labio y noté cómo el calor ascendía por mis mejillas. Aquello era realmente incómodo.

—Ahora quiero que te tumbes en la cama y te masturbes.

Nota mental: no volver a llegar tarde.

Yo siempre había sido algo tímida y pudorosa y hacer lo que me pedía con ella mirando me ponía todavía más nerviosa, pero sabía que no me quedaba otra. Lady Amanda se sentó en el chaise longue, observándome divertida.

Seguí sus órdenes y me tumbé en la cama, colocando los cojines detrás de mi espalda. Separé las piernas con cuidado, intentando no mirar a la italiana, que sabía que no se perdía ni un detalle. Llevé la mano derecha a mi intimidad y comencé haciendo movimientos circulares, concentrándome únicamente en el placer.

Sin darme cuenta, mi otra mano vagó por mi cuerpo, instalándose en uno de mis pechos, pellizcándolo. Cerré los ojos, todavía con algo de presión porque sabía que me estaba mirando, pero cada vez me costaba menos dejarme llevar.

—Para —interrumpió.

Abrí los ojos, desubicada.

—¿Por qué?

—No hagas preguntas. Abre el cajón, hay un vibrador rojo. Quiero que te lo pongas.

Ahora ya comenzaba a entender por dónde iba la cosa. El castigo no era desnudarme ni acariciarme frente a ella, eso sólo era la preparación.

El vibrador en cuestión no era demasiado grande, tenía el tamaño de un huevo. No tenía botones, lo que me llevó a pensar que era probable que funcionara con control remoto. Maldije en mi interior. Si Lady Amanda quería castigarme, al menos lo haría sin avergonzarme. Busqué su mirada y me introduje el vibrador sin problemas; estaba demasiado excitada. La forma en que sus ojos miraban los míos me hizo estremecer.

—Vístete. Y date prisa, nos esperan en la fiesta.

***

—¡La belleza italiana! Qué sorpresa…

El hombre moreno, vestido con una camiseta de rejilla y pantalones de cuero, tomó la mano de Lady Amanda y le besó el dorso. Yo estaba a su lado, impresionada por su popularidad.

—La cafetería te echaba de menos, querido. Me alegra que hayas podido asistir al evento —susurró la dominante.

—¿La cafetería o tú?

—Ambos, Alex —Soltó una risita y me miró—. Ella es Noe.

Vi cómo Lady Amanda se metía una mano en el bolsillo de la chaqueta de cuero y supe qué iba a pasar. Apretó el botón del mando. Noté cómo el juguete vibraba por primera vez en mi interior, haciendo que mis músculos se contrajeran. Forcé una sonrisa y ladeé la cabeza a modo de saludo.

—Parece calladita, Amanda —murmuró mirándome de pies a cabeza.

—No lo sabes tú bien. Luego nos vemos, querido, tengo que saludar a más gente.

En las siguientes horas no paró el vibrador ni un minuto. Lady Amanda jugaba con mi cordura aumentando la velocidad cuando alguien se me acercaba o cuando yo iba a pedir algo de beber a la barra. Aprovechaba mi situación para regalarme caricias de vez en cuando y poner a prueba mi autocontrol.

Había amanecido hacía un rato cuando fuimos al sofá. Me hizo sentarme en su regazo mientras hablaba con una pareja de dómina y sumisa sobre los castigos que preferían. Cuando conseguía aparentar normalidad, Lady Amanda arrastraba las uñas por mis muslos y, aunque llevara el pantalón, volvía a perder el control.

Estaba tan cegada por la sensación agridulce de aquella tortura que no me lo pensé dos veces cuando me dijo que fuéramos al baño. Ni siquiera recuerdo exactamente cómo fue. Sólo sé que me hizo entrar en uno de los cubículos y tan pronto como me di cuenta, no llevaba ni los pantalones ni el tanga. Lady Amanda subió la potencia al máximo y se arrodilló frente a mí. Tomó una de mis piernas, colocándola sobre su hombro y me arrancó un gemido cuando sentí su lengua en mi sexo.

polarLos lametones eran cada vez más largos y profundos y, aunque me hubiera gustado manejar la situación para que siguiera dándome esas atenciones, mi cabeza y mi cuerpo necesitaban entregarse al placer. Enredé mis manos en su pelo, tirando de él de vez en cuando para indicarle que no se detuviera.

Pensé que aquel era el mejor sexo oral que me habían dado en lo que llevaba de vida. Y en tan sólo unos segundos, acompañado de un fuerte gemido, llegó el orgasmo. Mi cuerpo estaba sudoroso y Lady Amanda todavía se quedó un rato más entre mis piernas, haciéndome temblar.

Cuando se puso en pie y se colocó la ropa, yo todavía no podía articular una sola palabra. Quería darle las gracias por las últimas horas, por la intensidad de cada una de las sensaciones que estaba experimentando, pero ella abrió la boca para hablar.

—Frida Kahlo decía: “Al final del día, podemos aguantar mucho más de lo que pensamos que podemos aguantar” —hizo una pausa y se recogió un mechón de pelo detrás de la oreja—. Este es el tipo de premio que consigues cuando eres una buena chica.

Thais Duthie




There are 8 comments

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    • Thais Duthie

      Hola, Edurne:

      Se ha decidido que esta semana no se publicará el capítulo 7, sino que será la siguiente. El jueves 25 ya podrás leerlo 😉

      ¡Saludos!


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